PROPOSITO YMENTALIDAD DEL CIRUJANO – EDRD GMZ https://eduardogmz.com SMILE IS GOOD Sat, 25 Jul 2026 21:44:44 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://eduardogmz.com/wp-content/uploads/2025/03/cropped-Untitled-3-32x32.png PROPOSITO YMENTALIDAD DEL CIRUJANO – EDRD GMZ https://eduardogmz.com 32 32 el propósito de esta formación -0.10 https://eduardogmz.com/el-proposito-de-esta-formacion-0-10/ Sat, 25 Jul 2026 21:42:22 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1932

0.10 — El propósito de esta formación

Llegados a este punto, es importante detenernos y recordar por qué estamos haciendo todo esto.

El propósito de esta formación no es únicamente aprender a extraer terceros molares.

Tampoco consiste en acumular técnicas, memorizar clasificaciones o aprender una serie de movimientos que después podamos repetir de manera automática.

Todo eso será necesario.

Estudiaremos anatomía, diagnóstico, imagenología, anestesia, instrumental, tejidos, colgajos, osteotomía, odontosección, biomecánica, farmacología, complicaciones y cuidados postoperatorios.

Pero todo ese conocimiento tendrá un propósito mayor:

aprender a comprender profundamente aquello que hacemos.

Encontrar algo que merezca nuestra dedicación

Dentro de una profesión tan amplia como la odontología existen muchos caminos posibles.

En algún momento podemos encontrar uno que despierta una curiosidad diferente.

Algo que disfrutamos hacer.

Algo que queremos seguir estudiando incluso después de haber aprendido a realizarlo.

Para mí, los terceros molares comenzaron a ocupar ese lugar.

La extracción de terceros molares es un procedimiento que muchos profesionales pueden realizar.

Precisamente por eso surge una pregunta interesante:

¿Qué ocurre cuando alguien decide no conformarse únicamente con saber hacerlo?

¿Qué ocurre si decide estudiar cada detalle?

Comprender profundamente la anatomía.

Perfeccionar su técnica.

Analizar sus errores.

Documentar sus casos.

Entender sus complicaciones.

Revisar constantemente la evidencia.

Mejorar la experiencia del paciente.

Y repetir ese proceso durante años.

El objetivo no es demostrar que otros no pueden hacerlo.

Tampoco proclamarnos mejores que los demás.

El objetivo es descubrir hasta dónde podemos llevar una disciplina cuando decidimos tratarla con verdadera dedicación.

Hacer algo que muchos pueden hacer, pero intentar hacerlo de una manera excepcionalmente cuidadosa, profesional y bien comprendida.

Primero comprender

A lo largo de esta formación habrá una pregunta que aparecerá constantemente:

¿Por qué?

¿Por qué este tercer molar necesita extraerse?

¿Por qué este caso será más difícil?

¿Por qué realizar este colgajo?

¿Por qué retirar hueso aquí y no allá?

¿Por qué utilizar este instrumento?

¿Por qué elegir este punto de apoyo?

¿Por qué el diente está ofreciendo resistencia?

¿Por qué seccionar?

¿Por qué continuar?

¿Por qué detenernos?

¿Por qué medicar?

¿Por qué no medicar?

¿Por qué referir?

No queremos aprender únicamente respuestas.

Queremos comprender las razones que existen detrás de ellas.

Porque cuando comprendemos el principio, dejamos de depender exclusivamente de una receta y comenzamos a desarrollar criterio.

De la teoría a las manos

El conocimiento por sí solo tampoco forma a un cirujano.

Llegará un momento en que aquello que estudiamos tendrá que encontrarse con la realidad clínica.

Una radiografía se convertirá en un paciente.

Una clasificación se convertirá en una posición real.

Un esquema anatómico se convertirá en tejidos que debemos proteger.

Una raíz dibujada en un libro se convertirá en resistencia transmitida a nuestras manos.

Y alguna complicación que estudiamos tranquilamente en una página puede convertirse algún día en una decisión que tendremos que tomar bajo presión.

Por ello, esta formación buscará conectar constantemente:

teoría planificación ejecución observación reflexión.

La teoría prepara la práctica.

La práctica pone a prueba nuestra comprensión.

La reflexión permite aprender de ambas.

No acumular cirugías: acumular experiencia comprendida

Realizar cien cirugías no necesariamente significa haber aprendido cien lecciones.

La experiencia adquiere verdadero valor cuando prestamos atención a lo ocurrido.

Después de cada procedimiento podemos preguntarnos:

¿Qué había planeado?

¿Qué ocurrió realmente?

¿Qué funcionó?

¿Qué no funcionó?

¿Qué no había comprendido?

¿Dónde encontré resistencia?

¿En qué momento tuve que cambiar?

¿Utilicé más fuerza de la necesaria?

¿Qué haría diferente si mañana tuviera exactamente el mismo caso?

Incluso una cirugía aparentemente sencilla puede enseñarnos algo.

El objetivo no será simplemente acumular extracciones.

Será acumular experiencia comprendida.

Construir criterio propio

Estudiaremos libros.

Revisaremos literatura científica.

Aprenderemos de cirujanos con mayor experiencia.

Compararemos técnicas.

Analizaremos nuestros casos.

Y también cuestionaremos nuestras propias ideas.

El objetivo será integrar progresivamente todo ese conocimiento hasta desarrollar un criterio clínico propio, fundamentado y dispuesto a cambiar cuando aparezca una mejor explicación o nueva evidencia.

Tener criterio propio no significa hacer las cosas simplemente “a nuestra manera”.

Significa poder responder una pregunta fundamental:

¿Por qué estoy tomando esta decisión?

Cirujano, maestro y ser humano

Esta formación pretende desarrollar simultáneamente tres dimensiones.

El cirujano, capaz de diagnosticar, planificar y ejecutar procedimientos con conocimiento, técnica y seguridad.

El maestro, capaz de comprender suficientemente aquello que hace como para explicarlo de manera sencilla y fundamentada a otra persona.

Y el ser humano, consciente de que detrás de cada radiografía existe una persona que está depositando su confianza en nuestras decisiones.

Ninguna de estas dimensiones debería crecer a costa de las demás.

La habilidad sin criterio puede ser peligrosa.

El conocimiento sin práctica es insuficiente.

Y la capacidad técnica sin humanidad puede hacernos olvidar para quién estamos trabajando.

La excelencia como dirección

Probablemente nunca exista un momento en nuestra formación en el que podamos decir:

“Ya no tengo nada que mejorar.”

Y quizá sea mejor así.

La excelencia no necesita entenderse como un lugar al que finalmente llegamos.

Puede entenderse como una dirección.

Intentar comprender un poco más.

Planificar un poco mejor.

Utilizar menos fuerza.

Proteger mejor los tejidos.

Comunicarnos mejor con el paciente.

Reconocer antes una dificultad.

Tomar mejores decisiones.

Y después volver a hacerlo.

No necesitamos proclamarnos excelentes.

Nuestro trabajo deberá hablar por nosotros.

Prepararnos para enseñar

Existe finalmente una intención especial detrás de este recorrido.

Primero estamos construyendo esta formación para nosotros mismos.

Queremos estudiar profundamente, ordenar el conocimiento, llevarlo a la práctica, documentar casos, reconocer errores, cuestionar nuestras ideas y contrastarlas con la evidencia.

No tenemos prisa por enseñar algo que todavía estamos aprendiendo a comprender.

Primero queremos merecer la responsabilidad de enseñarlo.

Con el tiempo, aquello que haya sido estudiado, practicado, cuestionado y comprendido podrá transformarse en enseñanza para otros.

Y quizá algún día este trabajo permita que otro dentista comprenda en menos tiempo algo que a nosotros nos tomó años descubrir.

Ahí esta formación habrá dejado de pertenecernos completamente.

Habremos dejado una semilla.

Reflexión

El objetivo de este recorrido no será llegar al punto en que podamos decir:

“Sé sacar terceros molares.”

Queremos poder decir algo mucho más profundo:

“Comprendo lo que estoy haciendo. Puedo explicar por qué lo hago. Reconozco aquello que todavía no sé y tengo la disciplina para seguir aprendiendo.”

Encontramos algo que nos gusta hacer.

Ahora tenemos la oportunidad de descubrir hasta dónde podemos llevarlo si decidimos dedicarle estudio, práctica, paciencia y respeto.

No necesitamos hacerlo mejor que alguien más.

Necesitamos descubrir qué tan bien somos capaces de hacerlo nosotros.


Muchos pueden hacerlo. Mi responsabilidad es descubrir hasta dónde puedo llegar si decido hacerlo impecablemente bien.

Y quizá esa sea la mejor manera de comenzar este camino:

primero formaremos la mente que tomará las decisiones; después, las manos capaces de ejecutarlas.

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responsabilidad y complicaciones-0.9 https://eduardogmz.com/responsabilidad-y-complicaciones-0-9/ Sat, 25 Jul 2026 21:36:49 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1924

0.9 — Responsabilidad y complicaciones

Toda intervención quirúrgica implica riesgo.

Podemos estudiar cuidadosamente al paciente, realizar una planificación adecuada, utilizar una técnica correcta y actuar con prudencia y, aun así, encontrarnos con una complicación.

Esto forma parte de la naturaleza de la cirugía.

Por ello, asumir la responsabilidad de realizar una cirugía no significa únicamente estar preparado para ejecutar el procedimiento. También significa estar preparado para prevenir, reconocer y responder ante aquello que pueda ocurrir antes, durante y después de él.

La responsabilidad del cirujano comienza mucho antes de la primera incisión y continúa después de que el paciente abandona el consultorio.

Una complicación no siempre significa que hubo un error

Es importante diferenciar una complicación de un error.

Una complicación es un evento adverso conocido que puede presentarse durante o después de un procedimiento, incluso cuando este ha sido correctamente indicado y ejecutado.

Un error, en cambio, puede estar relacionado con una decisión, omisión o ejecución inadecuada.

Ambos pueden relacionarse, pero no son equivalentes.

Comprender esta diferencia permite evitar dos extremos:

pensar que toda complicación significa que somos malos cirujanos,

o utilizar la palabra complicación para justificar automáticamente cualquier resultado adverso.

El cirujano responsable no comienza justificándose.

Comienza analizando.

La responsabilidad comienza antes de operar

Muchas complicaciones pueden prevenirse o disminuirse antes de realizar la primera incisión.

Una historia clínica adecuada puede revelar factores de riesgo.

La exploración puede identificar dificultades de acceso.

Las imágenes pueden advertir relaciones anatómicas importantes.

La planificación puede anticipar la necesidad de osteotomía, odontosección o instrumental específico.

La selección adecuada del caso puede indicarnos cuándo estamos preparados para realizarlo y cuándo es preferible referirlo.

Incluso decisiones aparentemente sencillas forman parte de esta responsabilidad.

¿Necesita realmente antibiótico este paciente?

¿Qué analgesia será apropiada?

¿Qué sistema utilizaré para realizar la osteotomía?

¿Qué riesgos presenta este caso?

¿Qué complicación considero más probable?

¿Qué haré si ocurre?

El objetivo no es responder todavía estas preguntas en este módulo.

El objetivo es desarrollar el hábito de hacerlas antes de operar.

No hacer algo también debe tener una razón

La responsabilidad quirúrgica no consiste únicamente en justificar aquello que hacemos.

También debemos comprender por qué decidimos no hacerlo.

No prescribir un antibiótico puede ser la decisión correcta.

Prescribirlo puede ser necesario en otra situación.

Retirar un fragmento radicular puede ser lo indicado.

Dejarlo bajo vigilancia puede representar menor riesgo en determinadas circunstancias.

Continuar una cirugía puede ser correcto.

Detenerla también puede serlo.

La calidad de la decisión no depende simplemente de haber actuado.

Depende de que exista una razón clínica suficientemente sólida detrás de esa actuación.

Anticipar antes de necesitar reaccionar

Antes de comenzar una cirugía deberíamos preguntarnos:

¿Qué podría complicarse en este caso y qué haría si sucede?

No desde el miedo.

Desde la preparación.

En cirugía de terceros molares podremos enfrentarnos, entre otras situaciones, a fracturas radiculares, hemorragias, lesión de tejidos blandos, daño a dientes vecinos, lesión nerviosa, comunicación oroantral, fractura de tuberosidad, desplazamiento de dientes o fragmentos, infección y complicaciones postoperatorias.

Conocer que estas situaciones existen es solamente el primer nivel.

El siguiente consiste en saber reconocerlas.

Y finalmente debemos aprender a actuar ante ellas.

Por ello, a medida que avance esta formación, cada complicación deberá estudiarse mediante tres preguntas fundamentales:

¿Cómo intento prevenirla?

¿Cómo la reconozco?

¿Qué hago si ocurre?

Una complicación crea un nuevo problema

Cuando aparece una complicación, debemos evitar continuar mentalmente como si nada hubiera cambiado.

El escenario acaba de modificarse.

Si una raíz se fractura, por ejemplo, la pregunta deja de ser únicamente:

“¿Cómo termino esta extracción?”

Ahora existe otra:

“¿Cuál es la conducta más segura ante este fragmento?”

Tal vez deba recuperarse.

Tal vez intentar recuperarlo aumentaría considerablemente el riesgo.

Tal vez necesitamos una imagen adicional.

Tal vez necesitamos ayuda.

Tal vez la conducta adecuada sea seguimiento.

La decisión dependerá de factores que estudiaremos posteriormente: localización, tamaño, movilidad, presencia de infección o patología, estructuras anatómicas próximas, acceso, instrumental, experiencia del operador y posibilidad de seguimiento.

La complicación obliga a realizar un nuevo diagnóstico y un nuevo plan.

Una complicación no debe provocar otra

Este principio merece permanecer presente durante toda la formación.

Cuando ocurre algo inesperado puede aparecer un impulso inmediato por corregirlo.

Una raíz se fractura y queremos recuperarla.

Un fragmento se desplaza y queremos perseguirlo.

Aparece sangrado y queremos detenerlo inmediatamente.

Pero la urgencia emocional por resolver el primer problema puede llevarnos a generar uno mayor.

Antes de actuar debemos recuperar el proceso que hemos construido desde el inicio:

detenerse observar comprender decidir actuar.

En ocasiones será necesario actuar inmediatamente.

En otras, detenerse será precisamente la conducta más segura.

La prioridad no es terminar la cirugía exactamente como fue planeada.

La prioridad continúa siendo proteger al paciente.

Tener un protocolo antes de necesitarlo

Una emergencia no es el mejor momento para aprender qué hacer ante una emergencia.

Por ello, parte de nuestra formación consistirá en desarrollar protocolos claros para aquellas situaciones que razonablemente podemos encontrar.

No solamente:

“Sé qué es una comunicación oroantral.”

Sino:

“Sé cómo identificarla y conozco los pasos que debo seguir si ocurre.”

No solamente:

“Sé que puede existir una lesión nerviosa.”

Sino:

“Sé cómo evaluarla, documentarla, darle seguimiento y cuándo solicitar atención especializada.”

El conocimiento debe poder transformarse en acción.

Por ello, posteriormente construiremos algoritmos sencillos para las principales complicaciones:

reconocer detener evaluar estabilizar decidir informar documentar dar seguimiento.

Saber cuándo pedir ayuda

Una parte fundamental de la responsabilidad quirúrgica consiste en reconocer cuándo una situación excede nuestras capacidades, nuestros recursos o el nivel de atención disponible.

Solicitar ayuda no elimina nuestra responsabilidad.

Forma parte de ella.

El cirujano debe desarrollar suficiente criterio para reconocer cuándo necesita la participación de un cirujano oral y maxilofacial, otro especialista o un servicio hospitalario.

Y cuando sea necesaria una referencia, debe realizarse oportunamente.

La responsabilidad continúa después de la cirugía

Nuestra responsabilidad no termina con la última sutura.

Las indicaciones postoperatorias forman parte del tratamiento.

El paciente debe comprender qué evolución puede considerarse esperada, cómo debe cuidar la zona intervenida, qué medicamentos debe utilizar cuando estén indicados y qué signos requieren comunicarse con nosotros o buscar atención.

Las instrucciones deben ser claras y conviene que exista documentación adecuada de que fueron proporcionadas.

Más adelante estudiaremos específicamente la conveniencia de utilizar instrucciones escritas, constancia de recepción, consentimiento informado, registros clínicos y protocolos de seguimiento de acuerdo con las normas aplicables al lugar donde ejercemos.

El seguimiento también es cirugía.

Documentar también es responsabilidad

Lo que encontramos, lo que hicimos, las decisiones que tomamos y aquello que comunicamos al paciente debe quedar adecuadamente registrado.

Especialmente cuando ocurre una complicación.

La documentación no debe entenderse únicamente como protección legal.

Permite mantener continuidad en la atención, reconstruir el procedimiento y posteriormente analizar nuestras propias decisiones.

La memoria puede cambiar.

El expediente permanece.

Aprender de lo ocurrido

Después de una complicación debemos regresar mentalmente al caso.

¿Qué ocurrió?

¿Era previsible?

¿Había una señal que no identifiqué?

¿Mi planificación fue suficiente?

¿Insistí demasiado?

¿Reconocí oportunamente el problema?

¿Tomé la decisión correcta después de reconocerlo?

¿Qué haría diferente la próxima vez?

No se trata de castigarnos ni de justificarnos.

Se trata de aprender.

Una complicación correctamente analizada puede modificar nuestra manera de operar durante el resto de nuestra carrera.

Reflexión

La responsabilidad quirúrgica no consiste únicamente en realizar correctamente una técnica.

También implica pensar en aquello que podría ocurrir, prepararnos para reconocerlo y saber cómo responder si sucede.

No podemos garantizar una práctica sin complicaciones.

Sí podemos aspirar a una práctica en la que nuestras decisiones tengan una razón, nuestros riesgos hayan sido considerados y nuestras respuestas hayan sido preparadas.

El cirujano responsable no solamente se pregunta:

“¿Sé realizar esta cirugía?”

También se pregunta:

“¿Estoy preparado para responder si esta cirugía deja de comportarse como espero?”

La responsabilidad del cirujano no termina en saber cómo realizar un procedimiento.
También implica saber cómo prevenir, reconocer y responder cuando algo no ocurre como estaba planeado.

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del operador tÉcnico al cirujano que piensa-0.8 https://eduardogmz.com/del-operador-tecnico-al-cirujano-que-piensa-0-8/ Wed, 22 Jul 2026 22:21:04 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1916

0.8 — Del operador técnico al cirujano que piensa

Al comenzar a realizar cirugía, es natural concentrarse principalmente en la técnica.

¿Cómo hago la incisión?

¿Dónde coloco el elevador?

¿Qué fórceps utilizo?

¿Cuánto hueso retiro?

¿En qué dirección debo luxar?

Estas preguntas son necesarias. El cirujano necesita aprender procedimientos, instrumentos y movimientos antes de poder ejecutarlos correctamente.

Sin embargo, con el tiempo debe ocurrir una transformación.

El objetivo deja de ser únicamente aprender qué hacer y comienza a ser comprender por qué hacerlo.

Ahí comienza la transición del operador técnico al cirujano que piensa.

Aprender una técnica no es lo mismo que comprenderla

Una técnica puede memorizarse.

Podemos aprender que determinado colgajo se realiza de cierta manera, que una fresa se utiliza para determinada osteotomía o que un elevador debe colocarse en una posición específica.

Pero memorizar una secuencia tiene una limitación:

funciona mientras el caso se comporte como el caso que aprendimos.

La cirugía real presenta variaciones.

La posición del diente cambia.

Las raíces cambian.

El hueso cambia.

El acceso cambia.

El paciente cambia.

Por eso, aprender únicamente una secuencia de movimientos puede dejarnos sin respuesta cuando aparece una situación diferente.

Comprender los principios que existen detrás de la técnica permite adaptarla.

De “¿qué hago?” a “¿qué necesito conseguir?”

Existe una diferencia importante entre estas dos preguntas.

El operador puede pensar:

“¿Qué maniobra hago ahora?”

El cirujano debe aprender a preguntarse:

“¿Qué necesito conseguir ahora?”

Quizá necesita crear acceso.

Quizá necesita eliminar una retención ósea.

Quizá necesita separar dos raíces con trayectorias diferentes.

Quizá necesita mejorar la visibilidad.

Quizá necesita obtener movilidad.

Cuando comprendemos el objetivo, podemos elegir entre diferentes maneras de conseguirlo.

La técnica deja de ser una receta y se convierte en una herramienta.

Pensar en principios

A medida que avance esta formación estudiaremos numerosos procedimientos, instrumentos y técnicas.

Pero detrás de ellos aparecerán principios que se repetirán constantemente:

acceso,

visibilidad,

protección de tejidos,

control de la fuerza,

puntos de apoyo,

trayectorias de salida,

conservación ósea,

irrigación,

hemostasia,

y respeto por las estructuras anatómicas.

Las técnicas pueden cambiar con los años.

Los instrumentos pueden evolucionar.

Los principios suelen permanecer.

Por ello, uno de los objetivos de esta formación será aprender las técnicas sin convertirnos en dependientes de ellas.

El instrumento no toma la decisión

Un elevador puede generar una gran cantidad de fuerza.

Una fresa puede eliminar hueso rápidamente.

Un fórceps puede transmitir movimientos importantes al diente.

Pero ninguno de esos instrumentos sabe cuándo debe utilizarse.

El instrumento amplifica la decisión del cirujano.

Una buena decisión puede convertirse en una maniobra precisa.

Una mala decisión también puede amplificarse y convertirse en una complicación.

Por ello, dominar un instrumento no significa únicamente aprender a utilizarlo.

También significa aprender cuándo utilizarlo, para qué utilizarlo y cuándo dejar de utilizarlo.

La experiencia necesita reflexión

Realizar muchas cirugías puede mejorar la habilidad manual, pero la repetición por sí sola no garantiza un mejor criterio.

Podemos repetir durante años una misma maniobra incorrecta y volvernos muy hábiles realizándola.

Para que la experiencia produzca crecimiento debe existir reflexión.

Después de cada caso podemos preguntarnos:

¿Qué había planeado?

¿Qué ocurrió realmente?

¿Qué funcionó?

¿Qué no funcionó?

¿Qué información no interpreté correctamente?

¿En qué momento tuve que cambiar de estrategia?

¿Utilicé más fuerza de la necesaria?

¿Qué haría diferente si mañana tuviera exactamente el mismo caso?

Estas preguntas transforman una cirugía terminada en una oportunidad de aprendizaje.

Construir una biblioteca mental

Con el tiempo, cada cirugía comienza a dejar algo.

Una raíz curva.

Un hueso particularmente denso.

Un paciente con acceso limitado.

Una fractura inesperada.

Una maniobra que funcionó mejor de lo previsto.

Un caso en el que fue correcto detenerse.

Estas experiencias comienzan a formar una biblioteca mental.

Cuando aparece un nuevo caso, el cirujano ya no parte únicamente de lo que aprendió en un libro. Puede comparar la situación actual con experiencias anteriores, reconocer patrones y anticipar posibilidades.

Pero esa biblioteca solo adquiere verdadero valor cuando las experiencias fueron observadas y analizadas conscientemente.

El conocimiento permite explicar nuestras decisiones

Existe una prueba sencilla para saber cuánto comprendemos una técnica:

intentar explicar por qué la estamos realizando.

¿Por qué este colgajo?

¿Por qué retiro hueso aquí y no allá?

¿Por qué elegí este punto de apoyo?

¿Por qué estoy luxando hacia esta dirección?

¿Por qué decidí seccionar?

¿Por qué decidí detenerme?

Si podemos explicar nuestras decisiones utilizando anatomía, biomecánica y principios biológicos, probablemente estamos comenzando a comprender lo que hacemos.

Y esto será especialmente importante para quien algún día quiera enseñar.

Antes de enseñar una técnica, debemos ser capaces de explicar la razón que existe detrás de ella.

De cirujano a maestro

Este último punto tiene un significado especial dentro de esta formación.

Nuestro objetivo no es únicamente adquirir suficiente habilidad para resolver terceros molares.

Queremos alcanzar un nivel de comprensión que permita eventualmente explicar la cirugía de manera sencilla, ordenada y fundamentada a otra persona.

Enseñar obliga a comprender.

Porque cuando un alumno pregunta:

“¿Por qué?”

no basta responder:

“Porque así lo hago yo.”

Debemos poder regresar a la anatomía, la biología, la biomecánica o la evidencia y encontrar una respuesta.

Ese será uno de los niveles más altos de esta formación: no solamente poder ejecutar una decisión, sino poder comprenderla, justificarla y enseñarla.

Reflexión

Al principio de nuestra formación necesitamos técnicas que nos indiquen qué hacer.

Con la experiencia, debemos comenzar a comprender los principios que explican por qué funcionan.

Finalmente, esos principios nos permiten enfrentarnos a situaciones que nunca habíamos visto.

Ese es el momento en que dejamos de depender exclusivamente de lo aprendido y comenzamos verdaderamente a razonar cirugía.

La técnica enseña qué hacer.
La comprensión permite saber por qué hacerlo.
El criterio permite decidir cuándo hacerlo.

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CONTROL EMOCIONAL DURANTE LA CIRUGía-0.7 https://eduardogmz.com/control-emocional-durante-la-cirugia-0-7/ Wed, 22 Jul 2026 22:08:40 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1908

0.7 — Control emocional durante la cirugía

La cirugía no pone a prueba únicamente los conocimientos y las habilidades manuales del cirujano. También pone a prueba su capacidad para mantenerse estable cuando las circunstancias cambian.

Mientras todo ocurre conforme al plan, pensar con claridad suele resultar sencillo.

El verdadero reto aparece cuando algo deja de suceder como esperábamos.

Un procedimiento comienza a prolongarse.

El diente no se moviliza.

Una raíz se fractura.

Aparece un sangrado inesperado.

La anestesia comienza a perder efectividad.

El paciente se muestra cansado, inquieto o asustado.

El acceso resulta más difícil de lo previsto.

En esos momentos pueden aparecer frustración, preocupación, presión o prisa.

Estas respuestas son humanas. El problema comienza cuando empiezan a dirigir nuestras decisiones.

Mantener la capacidad de pensar

El control emocional no significa no sentir tensión.

Significa conservar la capacidad de observar, interpretar y decidir a pesar de ella.

Cuando aumenta la presión, existe el riesgo de acelerar movimientos, aumentar innecesariamente la fuerza, insistir en una maniobra o tomar decisiones con menor análisis.

Precisamente cuando una cirugía se vuelve más difícil es cuando más necesitamos conservar nuestra capacidad de pensar.

Por eso, ante una dificultad, el primer objetivo no siempre debe ser resolverla inmediatamente.

Primero debemos comprender qué está ocurriendo.

¿Qué cambió?

¿Qué estoy observando?

¿Qué riesgo existe si continúo?

¿Qué alternativas tengo?

¿Necesito mejorar la anestesia, el acceso o la visibilidad?

¿Debo cambiar de instrumento o de maniobra?

¿Es seguro continuar?

Recuperar estas preguntas ayuda a recuperar el control de la situación.

El paciente también forma parte del escenario emocional

El cirujano no trabaja solo con anatomía.

Trabaja con una persona consciente de lo que está ocurriendo.

El paciente puede sentir miedo, cansancio, incomodidad o preocupación al percibir que el procedimiento está tomando más tiempo de lo esperado.

También observa nuestras expresiones, escucha nuestras palabras y percibe cambios en nuestra conducta.

Por ello, mantener una comunicación tranquila forma parte del manejo quirúrgico.

No significa ocultar lo que ocurre ni ofrecer falsas garantías.

Significa comunicar con claridad, seguridad y serenidad.

Una explicación sencilla puede disminuir considerablemente la ansiedad:

“Todo está bien. Esta parte está ofreciendo un poco más de resistencia de lo esperado, así que voy a cambiar la forma de trabajar para hacerlo con seguridad.”

La manera en que nos comunicamos puede modificar la cooperación del paciente y, por lo tanto, también las condiciones en las que estamos operando.

La prisa modifica las decisiones

Durante una cirugía pueden existir presiones externas.

Otros pacientes esperando.

El cansancio.

Una agenda retrasada.

El deseo de terminar.

La percepción de que el procedimiento “ya debería haber terminado”.

Pero la anatomía no conoce nuestra agenda.

Un procedimiento debe recibir el tiempo que necesita para realizarse con seguridad.

Cuando aparece la prisa, es importante reconocerla porque puede favorecer decisiones que normalmente no tomaríamos.

Aumentar la fuerza para intentar terminar antes.

Reducir la observación.

Insistir demasiado.

Omitir una comprobación.

La velocidad puede llegar con la experiencia.

La prisa no debería formar parte de la técnica.

Frustración y fuerza

Existe una relación que merece especial atención.

Cuando una maniobra no funciona repetidamente, puede aparecer frustración.

Y cuando aparece frustración, puede surgir la tendencia a aumentar la fuerza.

Ese momento es especialmente peligroso.

La fuerza debe responder a una decisión biomecánica, no a una reacción emocional.

Si comenzamos a ejercer más presión simplemente porque queremos que el diente finalmente se mueva, hemos dejado de utilizar la fuerza como instrumento y comenzamos a utilizarla como respuesta a nuestra frustración.

Reconocer ese momento permite detener la escalada.

Observar nuevamente.

Cambiar de posición.

Cambiar de instrumento.

Modificar el acceso.

Realizar más osteotomía o sección cuando esté indicada.

O simplemente detenernos unos segundos para volver a analizar el caso.

Una complicación no debe provocar otra

Cuando ocurre una complicación, aparece un nuevo escenario.

Una raíz fracturada, por ejemplo, puede generar inmediatamente el impulso de recuperarla.

Pero la existencia de una complicación no significa que debamos resolverla a cualquier costo.

Ahora debemos realizar nuevamente el proceso de juicio:

¿Cuál es el riesgo de dejarla?

¿Cuál es el riesgo de intentar retirarla?

¿Dónde se encuentra?

¿Qué estructuras existen alrededor?

¿Tengo acceso suficiente?

¿Tengo el instrumental y la experiencia necesarios?

¿Necesito información adicional?

El objetivo deja de ser cumplir exactamente el plan original.

El objetivo vuelve a ser proteger al paciente.

Una complicación ya ocurrida no debe empujarnos emocionalmente a provocar una segunda complicación intentando corregir la primera.

Controlar el ambiente

El dominio propio también se refleja en la manera en que el cirujano dirige el entorno.

Las instrucciones al asistente deben mantenerse claras.

Los movimientos deben continuar siendo deliberados.

La comunicación debe evitar transmitir alarma innecesaria.

El instrumental debe mantenerse organizado.

Y si es necesario detenerse brevemente para recuperar visibilidad, irrigar, aspirar, cambiar de instrumento o simplemente reconsiderar el procedimiento, debe hacerse.

Detener el movimiento durante unos momentos no significa perder el control.

A veces es precisamente la manera de recuperarlo.

La serenidad también se entrena

El control emocional no aparece automáticamente con los años.

Puede desarrollarse mediante experiencia consciente.

Después de una cirugía difícil conviene preguntarse:

¿En qué momento sentí presión?

¿Cómo reaccioné?

¿Cambió mi manera de utilizar los instrumentos?

¿Comencé a apresurarme?

¿Transmití mi tensión al paciente o al equipo?

¿Hubo un momento en el que debí detenerme antes?

Así como analizamos nuestras decisiones técnicas, también podemos analizar nuestra conducta bajo presión.

Con el tiempo, reconocer nuestras propias respuestas permite intervenir sobre ellas antes de que afecten el procedimiento.

Reflexión

El cirujano no puede controlar completamente la anatomía, las dificultades inesperadas ni la respuesta del paciente.

Pero sí puede trabajar en controlar su propia respuesta frente a ellas.

Cuando la cirugía se complica, la serenidad deja de ser simplemente una cualidad personal y se convierte en una herramienta de seguridad.

El conocimiento permite reconocer el problema.

La técnica proporciona alternativas.

El dominio propio permite utilizarlas con claridad.


Cuando aumenta la dificultad, no debe aumentar la prisa.
Debe aumentar la atención.

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SENSIBILIDAD Y LECTURA QUIRÚRGICA-0.6 https://eduardogmz.com/sensibilidad-y-lectura-quirurgica-0-6/ Wed, 22 Jul 2026 21:39:56 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1900

0.6 — Sensibilidad y lectura quirúrgica

Aquí entraríamos en algo que ya has empezado a notar clínicamente: el cirujano no solamente ve lo que está ocurriendo; también aprende a sentirlo e interpretarlo a través de sus instrumentos.


0.6 — Sensibilidad y lectura quirúrgica

Una parte importante de la cirugía puede aprenderse mediante libros, imágenes, clases y estudios anatómicos.

Sin embargo, existe otra parte del conocimiento quirúrgico que comienza a desarrollarse cuando las manos entran en contacto con los tejidos.

Con la experiencia, el cirujano empieza a reconocer diferencias que pueden resultar difíciles de describir inicialmente:

la resistencia del hueso,

la movilidad de un diente,

la expansión del alveolo,

la sensación de una raíz que todavía permanece retenida,

la diferencia entre ejercer una fuerza útil y una fuerza que comienza a ser peligrosa.

Esta información llega al cirujano principalmente a través del tacto y de los instrumentos.

Desarrollar la capacidad para reconocerla forma parte del aprendizaje quirúrgico.

El instrumento también transmite información

Un elevador no solamente sirve para producir movimiento.

También permite sentir resistencia.

Una fresa no solamente elimina hueso.

La manera en que corta proporciona información sobre la densidad y el comportamiento del tejido.

Un fórceps no solamente sujeta un diente.

Permite percibir su movilidad, su respuesta a diferentes movimientos y, en determinadas situaciones, la existencia de alguna resistencia radicular.

Por ello, el instrumental puede entenderse como una extensión de las manos del cirujano.

A través de él no solamente ejercemos fuerzas.

También recibimos información.

Aprender a distinguir las resistencias

No toda resistencia significa lo mismo.

Un diente puede no movilizarse debido a:

  • hueso que todavía lo retiene;
  • una raíz curva o divergente;
  • una odontosección incompleta;
  • una trayectoria de salida incorrecta;
  • falta de espacio;
  • un punto de apoyo inadecuado;
  • anatomía radicular compleja;
  • o condiciones como anquilosis o hipercementosis.

Al inicio de la formación, muchas de estas situaciones pueden sentirse simplemente como:

“El diente no sale.”

Con mayor experiencia, el objetivo será comenzar a distinguir:

“El diente no sale, y necesito comprender qué está produciendo esa resistencia.”

Ese cambio es importante.

La sensación comienza a transformarse en información.

Ver, sentir e interpretar

La radiografía proporciona información que nuestras manos no pueden obtener.

Nuestras manos, a su vez, pueden revelar información que una imagen bidimensional no siempre muestra completamente.

Una curvatura radicular en sentido vestibular o lingual, por ejemplo, puede resultar difícil de apreciar en determinadas proyecciones.

Durante la luxación, el comportamiento del diente puede aportar nuevas pistas sobre esa anatomía.

Por ello, el razonamiento quirúrgico debe integrar continuamente tres procesos:

ver, sentir e interpretar.

La imagen orienta.

El tacto informa.

El conocimiento permite interpretar ambos.

La sensibilidad no significa operar “por sensación”

Es importante establecer una diferencia.

Desarrollar sensibilidad quirúrgica no significa sustituir el conocimiento por intuición.

La sensación sin conocimiento puede conducir a interpretaciones equivocadas.

La verdadera lectura táctil aparece cuando aquello que sentimos puede relacionarse con anatomía, biomecánica y experiencia.

Por eso esta capacidad no puede enseñarse únicamente mediante palabras.

Debe desarrollarse progresivamente mediante práctica consciente.

Fuerza controlada

La cirugía requiere fuerza.

El objetivo no es eliminarla, sino utilizar la cantidad y dirección necesarias para producir un efecto controlado.

El cirujano debe aprender progresivamente a reconocer cuándo la fuerza está generando movimiento útil y cuándo simplemente está acumulando tensión sobre una estructura.

Esa diferencia puede ser pequeña.

Pero puede separar una luxación controlada de una fractura inesperada.

Por ello, desarrollar sensibilidad también significa aprender a reconocer cuándo disminuir la fuerza, cambiar su dirección o abandonar una maniobra.

La experiencia consciente

Realizar muchas cirugías no garantiza por sí solo desarrollar sensibilidad quirúrgica.

Es necesario prestar atención a lo que ocurre durante ellas.

¿Qué sentí justo antes de que el diente comenzara a movilizarse?

¿Cómo respondió el hueso?

¿Qué movimiento permitió finalmente la salida?

¿Qué sensación apareció antes de una fractura radicular?

¿Qué habría podido interpretar antes?

Estas preguntas convierten la experiencia en aprendizaje.

Con el tiempo, pequeñas sensaciones que inicialmente parecían irrelevantes comienzan a adquirir significado.

Y esa información pasa a formar parte del criterio del cirujano.

Reflexión

El cirujano aprende anatomía con los ojos, pero durante la cirugía también comienza a conocerla con las manos.

La sensibilidad quirúrgica se desarrolla cuando dejamos de utilizar los instrumentos únicamente para actuar y comenzamos también a utilizarlos para escuchar lo que los tejidos nos están comunicando.

No sustituye al conocimiento.

Lo complementa.


Las manos del cirujano no solamente ejecutan una técnica.
También deben aprender a sentir, reconocer e interpretar.

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ADAPTABILIDAD QUIRÚRGICA-0.5 https://eduardogmz.com/adaptabilidad-quirurgica-0-5/ Wed, 22 Jul 2026 21:23:53 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1883

0.5 — Adaptabilidad quirúrgica

Una cirugía puede estar correctamente diagnosticada, cuidadosamente planificada y ejecutada con una técnica adecuada, y aun así presentar situaciones diferentes a las previstas.

La anatomía real puede comportarse de manera distinta a nuestra interpretación inicial. Un diente puede no movilizarse en la dirección esperada, una raíz puede presentar una curvatura difícil de apreciar radiográficamente, el hueso puede ofrecer mayor resistencia o el acceso puede resultar más limitado de lo calculado.

En esos momentos aparece una de las capacidades más importantes del cirujano:

adaptarse sin perder el objetivo.

El plan quirúrgico es necesario, pero no debe convertirse en una obligación de continuar haciendo algo simplemente porque así se había planeado.

El cirujano debe estar dispuesto a observar nuevamente, interpretar la respuesta obtenida y modificar su estrategia cuando sea necesario.

No insistir en una maniobra

Durante una extracción es fácil quedar atrapado en una maniobra que parece que debería funcionar.

Se coloca el elevador.

Se intenta luxar.

El diente no responde.

Se vuelve a intentar.

Y poco a poco aparece una tendencia peligrosa: aumentar la fuerza en lugar de cuestionar la estrategia.

Cuando una maniobra no produce movilidad o algún cambio favorable en un periodo razonable, la primera respuesta no debería ser aplicar más fuerza.

Debería aparecer una pregunta:

¿Por qué no está funcionando?

Quizá el punto de apoyo no es adecuado.

Quizá la dirección de la fuerza no corresponde con la trayectoria de salida.

Quizá todavía existe hueso que impide el movimiento.

Quizá la odontosección es insuficiente.

Quizá una raíz presenta una curvatura que no identificamos inicialmente.

Quizá simplemente necesitamos otra maniobra.

La falta de movimiento también proporciona información.

La resistencia es información

Durante una extracción, la resistencia no debe interpretarse únicamente como un obstáculo que debemos vencer.

También puede ser una señal.

Cuando un tercer molar requiere una cantidad de fuerza progresivamente mayor para movilizarse, el cirujano debe considerar que existe alguna estructura o condición anatómica responsable de esa resistencia.

Continuar aumentando la fuerza sin comprender su origen puede favorecer fracturas radiculares, lesiones del hueso, daño a dientes vecinos o movimientos inesperados del diente.

Por ello, la resistencia debería generar primero análisis, no fuerza.

Una raíz curva que no es claramente visible en una radiografía puede revelar su presencia mediante la forma en que el diente responde a nuestros movimientos.

El cirujano debe aprender progresivamente a interpretar esas respuestas.

Buscar el camino de menor resistencia

La extracción no debería entenderse como una competencia de fuerza entre el cirujano y el diente.

El objetivo es encontrar una trayectoria de salida compatible con su anatomía.

En algunas situaciones será necesario luxar.

En otras, rotar.

En otras, retirar hueso.

En otras, seccionar el diente o dividir sus raíces.

Y en determinadas circunstancias será necesario detenerse y reconsiderar completamente el procedimiento.

El movimiento correcto suele ser aquel que permite progresar utilizando una fuerza controlada y predecible.

Cuando la fuerza necesaria aumenta de manera importante, debemos preguntarnos nuevamente qué estructura estamos intentando vencer.

La maniobra es una hipótesis

Puede ser útil entender cada maniobra quirúrgica como una pequeña hipótesis.

El cirujano piensa:

“Si aplico este movimiento en esta dirección, espero obtener esta respuesta.”

Realiza la maniobra y observa.

Si ocurre lo esperado, continúa.

Si ocurre parcialmente, modifica.

Si no ocurre, reconsidera.

De esta manera, la cirugía se convierte en un proceso continuo:

observar interpretar actuar evaluar adaptar.

Cada maniobra aporta información para la siguiente decisión.

No comprometerse con la maniobra

Uno de los errores que pueden aparecer durante una cirugía es comprometerse demasiado con una técnica determinada.

Pero el objetivo de la cirugía nunca fue utilizar un elevador específico, realizar determinada luxación o demostrar que el plan inicial era correcto.

El objetivo es resolver el caso de la manera más segura y conservadora posible.

Por ello:

El cirujano no debe comprometerse con una maniobra. Debe comprometerse con el objetivo.

La maniobra puede cambiar.

El instrumento puede cambiar.

La posición del operador puede cambiar.

El acceso puede ampliarse.

Puede realizarse una osteotomía adicional.

Puede decidirse una odontosección.

Incluso el plan quirúrgico completo puede modificarse.

Cambiar de estrategia no significa perder el control de la cirugía.

En muchas ocasiones significa recuperarlo.

Adaptarse no significa improvisar

Existe una diferencia importante entre adaptación e improvisación.

Improvisar significa actuar sin una base clara.

Adaptarse significa utilizar el conocimiento disponible para responder a nueva información.

El cirujano adaptable no cambia de maniobra al azar. Primero intenta comprender qué está ocurriendo y después selecciona una alternativa coherente con la nueva situación.

Por eso la adaptabilidad depende directamente de todo lo que hemos desarrollado anteriormente:

del conocimiento,
del juicio,
de la observación,
del dominio propio
y de la humildad para aceptar que nuestra primera interpretación puede necesitar modificarse.

Saber cuándo detenerse

La adaptabilidad también incluye reconocer cuándo ninguna de nuestras alternativas disponibles ofrece un margen de seguridad adecuado.

No siempre debemos pasar de una maniobra a otra hasta conseguir terminar la extracción.

En determinadas circunstancias, la decisión correcta puede ser detener el procedimiento, obtener información adicional, solicitar ayuda o referir el caso.

La adaptación tiene un límite:

la seguridad del paciente.

Reflexión

La experiencia quirúrgica no consiste solamente en acumular maniobras que sabemos realizar.

Consiste también en desarrollar la capacidad de reconocer rápidamente cuándo una de ellas ha dejado de ser útil.

Un cirujano adaptable no pelea contra la anatomía.

La observa, obtiene información de ella y modifica su estrategia.

Con el tiempo, esta capacidad permite utilizar menos fuerza, tomar mejores decisiones y responder con mayor serenidad ante situaciones inesperadas.


No insistas en demostrar que tu primera estrategia era correcta.
Observa, comprende y encuentra la estrategia que el caso necesita.

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HUMILDAD QUIRÚRGICA-0.4 https://eduardogmz.com/humildad-quirurgica-0-4/ Wed, 22 Jul 2026 21:05:25 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1872

0.4 — Humildad quirúrgica

A medida que un cirujano adquiere experiencia, aumenta su capacidad para resolver situaciones que anteriormente parecían difíciles.

La experiencia genera confianza, y esa confianza es necesaria.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre confiar en nuestras capacidades y asumir que podemos controlar completamente una cirugía.

La anatomía puede sorprendernos.

Una radiografía puede no mostrar toda la información.

Un procedimiento aparentemente sencillo puede presentar una dificultad inesperada.

Una maniobra que normalmente funciona puede no funcionar en ese caso.

Por eso, una de las cualidades más importantes del cirujano es la humildad quirúrgica.

No como inseguridad.

No como miedo.

Sino como la capacidad de reconocer que, por mucha experiencia que tengamos, siempre existe algo que podemos no haber visto, no haber comprendido o no poder resolver de la manera inicialmente planeada.

La confianza necesita límites

Un cirujano necesita confianza para operar.

Debe confiar en su conocimiento, en sus manos y en las decisiones que toma.

Pero la confianza debe estar acompañada por una evaluación realista de sus capacidades.

La pregunta no debería ser solamente:

¿Puedo hacer esta cirugía?

También debemos preguntarnos:

¿Estoy preparado para resolver las complicaciones razonablemente previsibles de esta cirugía?

Porque aceptar un procedimiento significa asumir responsabilidad no solamente por la extracción, sino también por lo que podría ocurrir durante ella.

Saber decir: todavía no

Existen casos que podemos resolver.

Existen casos que podemos resolver con mayor preparación.

Y existen casos que, en determinado momento de nuestra formación, deberían ser tratados por alguien con mayor experiencia o recursos.

Reconocer esa diferencia no disminuye al cirujano.

Lo protege y, principalmente, protege al paciente.

Un caso que hoy decidimos referir puede convertirse en un caso que mañana podamos resolver después de adquirir mayor conocimiento, entrenamiento y experiencia.

El crecimiento quirúrgico no consiste en intentar cada vez cirugías más difíciles sin límite.

Consiste en ampliar progresivamente nuestros límites de manera responsable.

La anatomía no tiene obligación de comportarse como esperábamos

Una imagen radiográfica nos permite construir una interpretación del caso, pero esa interpretación siempre tiene límites.

Durante la cirugía podemos encontrar:

  • una curvatura radicular que no era evidente;
  • una raíz fusionada de manera diferente a la esperada;
  • hueso más resistente de lo previsto;
  • una relación anatómica distinta a nuestra interpretación inicial;
  • o simplemente un diente que no responde biomecánicamente como habíamos anticipado.

Cuando esto sucede, el cirujano debe tener suficiente humildad para cuestionar su propia interpretación.

No pensar inmediatamente:

“Necesito aplicar más fuerza.”

Sino:

“¿Qué no estoy entendiendo todavía?”

Esa pregunta puede cambiar completamente el rumbo de una cirugía.

Saber detenerse también es una habilidad

Existe un momento en algunas cirugías en el que continuar deja de ser la decisión más segura.

Puede ser necesario ampliar el acceso, obtener otra imagen, modificar la técnica, solicitar ayuda, referir al paciente o incluso aceptar conscientemente una conducta diferente a la planeada cuando el riesgo de continuar supera el beneficio.

Detenerse no siempre significa abandonar.

En ocasiones significa evitar que una dificultad se convierta en una complicación mayor.

La capacidad de detenerse requiere tanto criterio como la capacidad de continuar.

Aprender de las complicaciones

La humildad quirúrgica también aparece después del procedimiento.

Cuando algo no salió como esperábamos, existen dos caminos.

Podemos justificar inmediatamente lo ocurrido.

O podemos estudiarlo.

¿Qué interpreté incorrectamente?

¿Qué señal no reconocí?

¿Insistí demasiado?

¿Debí cambiar antes de estrategia?

¿Había una manera de anticiparlo?

¿Qué haría diferente la próxima vez?

Una complicación no debe convertirse únicamente en un mal recuerdo.

Debe convertirse, siempre que sea posible, en información para la siguiente cirugía.

Humildad frente al paciente

La humildad también significa comunicarnos con claridad.

No prometer resultados que no podemos garantizar.

Explicar riesgos.

Reconocer una complicación cuando ocurre.

Y solicitar ayuda cuando sea necesaria.

El paciente no necesita un cirujano que pretenda ser infalible.

Necesita un profesional preparado, responsable y capaz de tomar buenas decisiones incluso cuando las cosas no ocurren como estaban planeadas.

Reflexión

La experiencia debe aumentar nuestra confianza, pero también nuestra capacidad para reconocer todo aquello que todavía desconocemos.

Mientras más compleja se vuelve la cirugía, más importante resulta conservar esa conciencia.

El conocimiento nos permite avanzar.

La humildad nos permite saber hasta dónde.

Un buen cirujano conoce sus capacidades.
Un cirujano responsable también conoce sus límites.

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Comprender antes de intervenir-0.3 https://eduardogmz.com/comprender-antes-de-intervenir/ Wed, 22 Jul 2026 00:27:47 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1863

0.3 — Comprender antes de intervenir

Después de comprender qué significa ejercer un buen juicio y reflexionar sobre la responsabilidad que implica ser cirujano, es momento de desarrollar uno de los principios fundamentales de esta formación:

Comprender antes de intervenir.

Toda cirugía comienza mucho antes de la primera incisión.

Comienza cuando el cirujano observa.

Cuando analiza.

Cuando interpreta.

Cuando imagina el procedimiento antes de realizar el primer movimiento.

La diferencia entre una cirugía improvisada y una cirugía bien ejecutada rara vez depende únicamente de la habilidad manual.

Con frecuencia depende del nivel de comprensión que el cirujano alcanzó antes de iniciar.

Observar antes de actuar

Antes de pensar en bisturíes, elevadores o fresas, el cirujano debe aprender a observar.

Cada paciente representa una situación distinta y cada cirugía posee características propias que deben analizarse antes de intervenir.

Observar significa reunir información suficiente para construir un plan quirúrgico seguro.

Observar al paciente

El paciente representa mucho más que el diente que será tratado.

Antes de iniciar el procedimiento es importante valorar aspectos que pueden modificar significativamente el desarrollo de la cirugía.

Preguntas como:

  • ¿El paciente coopera adecuadamente?
  • ¿Se encuentra tranquilo o muy ansioso?
  • ¿Mantiene una apertura bucal suficiente?
  • ¿Su anatomía facial facilita el acceso?
  • ¿Los carrillos permitirán trabajar cómodamente?
  • ¿La lengua dificultará la visibilidad o el manejo del instrumental?
  • ¿Será necesario modificar la posición del paciente o del operador?

Todos estos elementos forman parte del diagnóstico quirúrgico.

Observar la anatomía

El siguiente paso consiste en comprender la anatomía antes de intentar modificarla.

Cada tercer molar debe estudiarse cuidadosamente.

Preguntas como:

  • ¿Cuál es la angulación del tercer molar?
  • ¿Qué clasificación presenta?
  • ¿Cómo son sus raíces?
  • ¿Existen curvaturas o dilaceraciones?
  • ¿Hay raíces fusionadas?
  • ¿Cuál es su relación con el segundo molar?
  • ¿Cuál es su relación con el conducto dentario inferior o con el seno maxilar?
  • ¿Cómo es la densidad del hueso?
  • ¿Qué estructuras deberán protegerse durante la cirugía?

La anatomía siempre comunica información.

El trabajo del cirujano consiste en aprender a interpretarla.

Observar la biomecánica

Antes de introducir un elevador, el cirujano debería imaginar mentalmente cómo saldrá ese diente.

Debe preguntarse:

  • ¿Dónde estará mi punto de apoyo?
  • ¿Existe un punto de apoyo seguro?
  • ¿Cuál será la dirección correcta de la fuerza?
  • ¿Cuál será la trayectoria de salida?
  • ¿Será necesaria una osteotomía?
  • ¿Será conveniente realizar una odontosección?
  • ¿Cuál será mi primera maniobra?
  • Si esa maniobra no funciona, ¿cuál será mi segunda opción?

Toda cirugía debería iniciar con un plan.

Pero también con alternativas.

Comprender es disminuir la improvisación

Cuando el cirujano comprende el caso antes de intervenir, muchas decisiones dejan de tomarse durante la cirugía y pasan a formar parte de la planificación.

Eso permite trabajar con mayor tranquilidad, anticipar dificultades y reducir la probabilidad de complicaciones.

La improvisación nunca desaparecerá por completo.

Sin embargo, puede disminuir considerablemente cuando el diagnóstico y la planificación son adecuados.

Comprender también significa saber cambiar

No todas las maniobras producen el resultado esperado.

Uno de los errores más frecuentes consiste en insistir demasiado tiempo en una técnica que ha dejado de ofrecer progreso.

Cuando una maniobra no produce movilidad, información o cambios favorables, el cirujano debe detenerse y preguntarse por qué.

Tal vez aún existe hueso reteniendo el diente.

Tal vez la odontosección es insuficiente.

Tal vez la dirección de luxación no es la correcta.

O simplemente es momento de cambiar de estrategia.

Cambiar de plan no representa un fracaso.

Representa comprensión.

La anatomía cambia.

La estrategia también debe hacerlo.

Comprender para intervenir con intención

Cada movimiento realizado durante una cirugía debe responder a un propósito.

Cada incisión.

Cada milímetro de hueso eliminado.

Cada movimiento del elevador.

Cada giro del fórceps.

Cada decisión.

La cirugía deja de ser una secuencia de movimientos cuando cada acción tiene una razón claramente comprendida.

Ese es el momento en que la técnica comienza a transformarse en criterio.

Reflexión

La cirugía no comienza cuando el bisturí toca la encía.

Comienza cuando el cirujano observa al paciente, interpreta la anatomía, comprende la biomecánica y construye mentalmente el procedimiento.

Cada minuto dedicado a comprender un caso antes de intervenir puede evitar minutos de dificultad durante la cirugía y, en ocasiones, prevenir una complicación.

La comprensión no retrasa la cirugía.

La prepara.

Antes de mover una mano, el cirujano debe haber recorrido la cirugía con la mente.

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¿Qué significa realmente ser cirujano?-0.2 https://eduardogmz.com/que-significa-realmente-ser-cirujano/ Wed, 22 Jul 2026 00:08:51 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1855

0.2 — ¿Qué significa realmente ser cirujano?

 

Con frecuencia se piensa que un cirujano es quien posee la habilidad técnica para realizar una operación. Sin embargo, reducir la cirugía únicamente a la destreza manual sería ignorar gran parte de lo que esta profesión representa.

La cirugía es una disciplina en la que el conocimiento, el criterio y la técnica deben actuar de manera inseparable.

Las manos ejecutan el procedimiento, pero es el conocimiento el que orienta cada decisión y el juicio clínico el que determina cuándo intervenir, cuándo detenerse y cuándo modificar el plan.

La habilidad manual puede perfeccionarse con la práctica.

El juicio quirúrgico requiere años de estudio, experiencia y reflexión.

La cirugía comienza antes de la cirugía

 

Toda cirugía comienza mucho antes de la primera incisión.

Comienza cuando el cirujano escucha al paciente.

Cuando interpreta la historia clínica.

Cuando analiza las imágenes radiográficas.

Cuando identifica las estructuras anatómicas involucradas.

Cuando anticipa posibles dificultades.

Cuando imagina mentalmente cada una de las etapas del procedimiento.

Una cirugía bien ejecutada suele ser consecuencia de una planificación bien realizada.

El verdadero reto del cirujano

 

Desde el exterior, muchas personas consideran que el mayor desafío de una cirugía consiste en la dificultad técnica del procedimiento.

Sin embargo, con el paso del tiempo muchos cirujanos descubren que los mayores retos no siempre provienen de la anatomía.

También provienen de uno mismo.

Una cirugía puede prolongarse más de lo esperado.

La anatomía puede no corresponder con la imagen que imaginábamos.

La anestesia puede resultar insuficiente.

Puede aparecer un sangrado inesperado.

El paciente puede manifestar ansiedad, miedo o cansancio.

Incluso la presión del tiempo o la presencia de otras personas en el quirófano pueden influir en nuestras decisiones.

En esos momentos, el conocimiento técnico deja de ser suficiente.

Es necesario conservar la claridad para seguir tomando buenas decisiones.

El dominio propio

 

Pocas cualidades son tan importantes para un cirujano como el dominio propio.

El autocontrol permite continuar razonando cuando la presión aumenta.

La paciencia evita convertir la frustración en fuerza innecesaria.

La serenidad permite observar con atención aquello que la prisa suele pasar por alto.

Con frecuencia, la diferencia entre resolver una dificultad y provocar una complicación no depende únicamente de la técnica utilizada.

Depende de la capacidad del cirujano para mantener el control de sí mismo.

Un cirujano que conserva la calma transmite confianza al paciente y al equipo.

Pero, sobre todo, conserva la capacidad de pensar con claridad.

La paciencia también es una herramienta quirúrgica

 

La paciencia suele asociarse con esperar.

En cirugía significa algo diferente.

Significa respetar el tiempo que requiere cada caso.

Significa no acelerar una maniobra únicamente porque el procedimiento está tomando más tiempo del esperado.

Significa aceptar que algunos dientes pueden requerir cambiar de estrategia varias veces antes de encontrar el camino adecuado para su extracción.

La prisa rara vez mejora una cirugía.

Con frecuencia, la empeora.

La responsabilidad del cirujano

 

Ser cirujano implica aceptar que cada decisión tiene consecuencias.

Cada movimiento puede influir en la integridad de un nervio, de un diente vecino, del hueso o de los tejidos blandos.

Por ello, la cirugía exige mucho más que confianza.

Exige preparación, honestidad intelectual y la humildad suficiente para reconocer los propios límites.

Saber referir un caso cuando excede nuestra experiencia también forma parte del criterio quirúrgico.

Reflexión

 

Con el paso de los años, muchos cirujanos descubren que operar representa solo una parte de su profesión.

La otra parte consiste en desarrollar las cualidades necesarias para tomar buenas decisiones cuando las circunstancias dejan de ser ideales.

La técnica permite realizar una cirugía.

El conocimiento permite comprenderla.

Pero son el juicio, la paciencia y el dominio propio los que permiten ejercerla con seguridad y responsabilidad.

“El bisturí, el elevador y la fresa son instrumentos de la cirugía.
Pero la paciencia, el juicio y el dominio propio son instrumentos del cirujano.

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EL JUICIO ANTES DE LA CIRUGÍA-0.1 https://eduardogmz.com/el-juicio-antes-de-la-cirugia-2/ Mon, 20 Jul 2026 22:10:19 +0000 https://eduardogmz.com/?p=1842

0.1 — El juicio antes de la cirugía

La palabra juicio puede entenderse como la capacidad que tenemos para observar una situación, interpretarla y llegar a una conclusión. A partir de nuestros juicios tomamos decisiones y actuamos.

En cirugía, el juicio es indispensable. Antes de intervenir, el cirujano observa, analiza y decide. Evalúa lo que conoce, reconoce lo que desconoce y utiliza su experiencia y conocimiento para elegir el camino que considera más seguro.

Pero fuera del quirófano también vivimos formando juicios. Construimos ideas sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre lo que creemos posible o imposible. Algunos de esos juicios cambian con el tiempo; otros pueden permanecer durante años y convertirse en creencias profundamente arraigadas.

No necesariamente son buenos ni malos. En muchos casos nos ayudan a comprender el mundo y tomar decisiones. Sin embargo, también podemos llegar a aferrarnos a conclusiones que alguna vez tuvieron sentido, pero que con el tiempo dejaron de ayudarnos.

Aquí encuentro una metáfora interesante en las llamadas muelas del juicio.

Un tercer molar puede desarrollarse y encontrar su espacio, cumplir una función y permanecer en equilibrio durante toda la vida. Pero también puede llegar un momento en el que ese diente no tenga espacio suficiente, genere enfermedad o represente un riesgo para las estructuras que lo rodean.

Metafóricamente, algo parecido puede ocurrir con nuestros propios juicios.

Podemos reconocer que una idea forma parte de nuestra historia y, al mismo tiempo, comprender que ya no necesitamos permitir que determine nuestras decisiones.

Extraer una muela del juicio puede representar, simbólicamente, la disposición de dejar ir una creencia o una conclusión que ya no tiene espacio en la persona en la que nos estamos convirtiendo.

No significa vivir sin juicio. Siempre tendremos ideas, creencias y conclusiones, y seguiremos formando otras nuevas.

Significa algo más sencillo:

Reconocer lo que alguna vez formó parte de nosotros, soltar aquello que ya no nos ayuda y dejar espacio para comprender de una manera diferente.

Después de la extracción queda un espacio. El cuerpo comienza un proceso de cicatrización, reorganización y adaptación.

La persona también puede hacerlo.

Y quizá ahí existe una conexión interesante entre el significado cultural de la muela del juicio y el trabajo del cirujano: mientras nuestras manos realizan un procedimiento físico, para alguien ese momento también puede representar el cierre de una etapa y el comienzo de otra.

Pero dentro del quirófano, el juicio adquiere un significado concreto: criterio quirúrgico.

Saber qué hacer es conocimiento.
Saber cómo hacerlo es técnica.
Saber cuándo hacerlo, cuándo detenerse y cuándo cambiar de estrategia es juicio quirúrgico.

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