HUMILDAD QUIRÚRGICA-0.4

0.4 — Humildad quirúrgica

A medida que un cirujano adquiere experiencia, aumenta su capacidad para resolver situaciones que anteriormente parecían difíciles.

La experiencia genera confianza, y esa confianza es necesaria.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre confiar en nuestras capacidades y asumir que podemos controlar completamente una cirugía.

La anatomía puede sorprendernos.

Una radiografía puede no mostrar toda la información.

Un procedimiento aparentemente sencillo puede presentar una dificultad inesperada.

Una maniobra que normalmente funciona puede no funcionar en ese caso.

Por eso, una de las cualidades más importantes del cirujano es la humildad quirúrgica.

No como inseguridad.

No como miedo.

Sino como la capacidad de reconocer que, por mucha experiencia que tengamos, siempre existe algo que podemos no haber visto, no haber comprendido o no poder resolver de la manera inicialmente planeada.

La confianza necesita límites

Un cirujano necesita confianza para operar.

Debe confiar en su conocimiento, en sus manos y en las decisiones que toma.

Pero la confianza debe estar acompañada por una evaluación realista de sus capacidades.

La pregunta no debería ser solamente:

¿Puedo hacer esta cirugía?

También debemos preguntarnos:

¿Estoy preparado para resolver las complicaciones razonablemente previsibles de esta cirugía?

Porque aceptar un procedimiento significa asumir responsabilidad no solamente por la extracción, sino también por lo que podría ocurrir durante ella.

Saber decir: todavía no

Existen casos que podemos resolver.

Existen casos que podemos resolver con mayor preparación.

Y existen casos que, en determinado momento de nuestra formación, deberían ser tratados por alguien con mayor experiencia o recursos.

Reconocer esa diferencia no disminuye al cirujano.

Lo protege y, principalmente, protege al paciente.

Un caso que hoy decidimos referir puede convertirse en un caso que mañana podamos resolver después de adquirir mayor conocimiento, entrenamiento y experiencia.

El crecimiento quirúrgico no consiste en intentar cada vez cirugías más difíciles sin límite.

Consiste en ampliar progresivamente nuestros límites de manera responsable.

La anatomía no tiene obligación de comportarse como esperábamos

Una imagen radiográfica nos permite construir una interpretación del caso, pero esa interpretación siempre tiene límites.

Durante la cirugía podemos encontrar:

  • una curvatura radicular que no era evidente;
  • una raíz fusionada de manera diferente a la esperada;
  • hueso más resistente de lo previsto;
  • una relación anatómica distinta a nuestra interpretación inicial;
  • o simplemente un diente que no responde biomecánicamente como habíamos anticipado.

Cuando esto sucede, el cirujano debe tener suficiente humildad para cuestionar su propia interpretación.

No pensar inmediatamente:

“Necesito aplicar más fuerza.”

Sino:

“¿Qué no estoy entendiendo todavía?”

Esa pregunta puede cambiar completamente el rumbo de una cirugía.

Saber detenerse también es una habilidad

Existe un momento en algunas cirugías en el que continuar deja de ser la decisión más segura.

Puede ser necesario ampliar el acceso, obtener otra imagen, modificar la técnica, solicitar ayuda, referir al paciente o incluso aceptar conscientemente una conducta diferente a la planeada cuando el riesgo de continuar supera el beneficio.

Detenerse no siempre significa abandonar.

En ocasiones significa evitar que una dificultad se convierta en una complicación mayor.

La capacidad de detenerse requiere tanto criterio como la capacidad de continuar.

Aprender de las complicaciones

La humildad quirúrgica también aparece después del procedimiento.

Cuando algo no salió como esperábamos, existen dos caminos.

Podemos justificar inmediatamente lo ocurrido.

O podemos estudiarlo.

¿Qué interpreté incorrectamente?

¿Qué señal no reconocí?

¿Insistí demasiado?

¿Debí cambiar antes de estrategia?

¿Había una manera de anticiparlo?

¿Qué haría diferente la próxima vez?

Una complicación no debe convertirse únicamente en un mal recuerdo.

Debe convertirse, siempre que sea posible, en información para la siguiente cirugía.

Humildad frente al paciente

La humildad también significa comunicarnos con claridad.

No prometer resultados que no podemos garantizar.

Explicar riesgos.

Reconocer una complicación cuando ocurre.

Y solicitar ayuda cuando sea necesaria.

El paciente no necesita un cirujano que pretenda ser infalible.

Necesita un profesional preparado, responsable y capaz de tomar buenas decisiones incluso cuando las cosas no ocurren como estaban planeadas.

Reflexión

La experiencia debe aumentar nuestra confianza, pero también nuestra capacidad para reconocer todo aquello que todavía desconocemos.

Mientras más compleja se vuelve la cirugía, más importante resulta conservar esa conciencia.

El conocimiento nos permite avanzar.

La humildad nos permite saber hasta dónde.

Un buen cirujano conoce sus capacidades.
Un cirujano responsable también conoce sus límites.

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