EDRD GMZ https://eduardogmz.com SMILE IS GOOD Wed, 14 Oct 2026 00:14:27 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1.3 https://eduardogmz.com/wp-content/uploads/2025/03/cropped-Untitled-3-32x32.png EDRD GMZ https://eduardogmz.com 32 32 Región posterior del maxilar y procesos pterigoideos-1.7.6 https://eduardogmz.com/region-posterior-del-maxilar-y-procesos-pterigoideos-1-7-6/ Wed, 14 Oct 2026 00:11:28 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2107

1.7.6 — Región posterior del maxilar y procesos pterigoideos

Hasta ahora hemos estudiado la arquitectura del maxilar posterior desde una perspectiva principalmente dentoalveolar.

Comprendimos el proceso alveolar, sus corticales vestibular y palatina, y la región tuberositaria relacionada con el tercer molar superior.

Ahora vamos a ampliar nuestro campo de estudio.

Dejaremos de observar únicamente el hueso que contiene al diente y comenzaremos a estudiar qué estructuras se encuentran detrás del maxilar.

Esta transición es especialmente importante porque un tercer molar superior no está rodeado exclusivamente por hueso alveolar.

Posteriormente existen regiones anatómicas profundas que contienen músculos, vasos sanguíneos, nervios y espacios por los cuales un diente o un fragmento radicular puede desplazarse accidentalmente.

Entre las estructuras que debemos comprender se encuentran:

  • La superficie infratemporal del maxilar.

  • Los procesos pterigoideos del esfenoides.

  • La fisura pterigomaxilar.

  • La fosa infratemporal.

  • La fosa pterigopalatina.

  • Las relaciones musculares y vasculares de la región.

El objetivo de este apartado será construir una representación tridimensional de estas estructuras y comprender su importancia durante la cirugía de terceros molares superiores.

1. El maxilar no termina donde termina el último molar

Cuando observamos clínicamente un tercer molar superior, podemos tener la impresión de que el hueso situado detrás de él constituye el límite posterior del territorio quirúrgico.

Sin embargo, anatómicamente la situación es más compleja.

El proceso alveolar termina en la región distal del último molar, pero el cuerpo del maxilar presenta una superficie posterior que se relaciona con estructuras profundas de la cara.

Esta superficie se denomina superficie infratemporal del maxilar.

En ella encontramos la región tuberositaria y los forámenes alveolares superiores posteriores.

Detrás de esta superficie existe un territorio anatómico ocupado por tejidos blandos y estructuras neurovasculares.

Por tanto, debemos distinguir dos límites:

Límite dentoalveolar: terminación posterior del proceso alveolar.

Límite anatómico posterior del maxilar: superficie infratemporal del cuerpo maxilar.

No representan exactamente la misma estructura.

Esta distinción nos permite comprender por qué un desplazamiento posterior de un tercer molar puede llevarlo fuera de su alveolo y hacia espacios anatómicos profundos.

2. La superficie infratemporal del maxilar

La superficie infratemporal constituye la cara posterior del cuerpo del maxilar.

Se encuentra orientada hacia la región infratemporal y presenta una configuración convexa en su porción inferior, donde reconocemos la tuberosidad maxilar.

 

 

 

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Esta superficie tiene varias relaciones importantes.

Anteriormente, forma parte del cuerpo del maxilar.

Medialmente, se aproxima a la región de la fosa pterigopalatina y a la fisura pterigomaxilar.

Posteriormente, se relaciona con el territorio infratemporal y, más medialmente, con los procesos pterigoideos.

Superiormente, se aproxima a la región de la fisura orbitaria inferior.

La superficie infratemporal también está relacionada con la pared posterior del seno maxilar.

Sin embargo, como estudiamos anteriormente, la tuberosidad maxilar y la pared posterior del seno no deben considerarse términos equivalentes.

La primera describe una prominencia ósea externa; la segunda, un límite de una cavidad interna.

Importancia quirúrgica

Durante la extracción de un tercer molar superior, una fuerza posterior excesiva puede favorecer el desplazamiento del diente o de un fragmento hacia tejidos situados detrás del maxilar.

La superficie infratemporal constituye, por tanto, una referencia para comprender dónde termina el soporte óseo y dónde comienzan territorios anatómicos diferentes.

3. El hueso esfenoides

Para comprender los procesos pterigoideos primero debemos identificar el hueso al que pertenecen.

El esfenoides es un hueso impar situado en la región central de la base del cráneo.

Participa en la formación de distintas estructuras de la cavidad craneal, las órbitas y regiones profundas de la cara.

Presenta un cuerpo central, alas mayores, alas menores y dos procesos pterigoideos que descienden inferiormente.

 

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Los procesos pterigoideos pertenecen al esfenoides.

No son prolongaciones del maxilar.

Esta distinción es fundamental.

Aunque el maxilar posterior y los procesos pterigoideos están próximos, pertenecen a huesos diferentes.

4. ¿Qué son los procesos pterigoideos?

Cada proceso pterigoideo desciende desde la región donde se unen el cuerpo y el ala mayor del esfenoides.

Está formado principalmente por dos láminas óseas:

Lámina pterigoidea medial.

Lámina pterigoidea lateral.

Entre ambas existe una depresión denominada fosa pterigoidea.

 

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La lámina medial y la lateral presentan relaciones anatómicas diferentes.

La lámina medial participa en la delimitación de regiones próximas a la nasofaringe y termina inferiormente en una prolongación denominada hamulus pterigoideo.

La lámina lateral proporciona superficies de origen para músculos pterigoideos.

Los procesos pterigoideos forman parte de la arquitectura ósea profunda que encontramos detrás de la región maxilar posterior.

Una aclaración importante

No debemos imaginar que las láminas pterigoideas están inmediatamente adheridas a la cara distal del tercer molar.

Entre estas estructuras pueden existir hueso, tejidos blandos y espacios anatómicos.

Su relación tridimensional depende de la altura y del plano que estemos observando.

5. La región pterigomaxilar

El término pterigomaxilar describe la relación entre dos estructuras:

Pterigoides: perteneciente al esfenoides.

Maxilar: perteneciente al hueso maxilar.

Esta región es importante porque el maxilar posterior y los procesos pterigoideos se aproximan entre sí, pero no constituyen una sola masa ósea.

Entre ellos existe una abertura anatómica especialmente relevante.

Se denomina fisura pterigomaxilar.

6. La fisura pterigomaxilar

La fisura pterigomaxilar es una abertura vertical situada entre la superficie posterior del maxilar y el proceso pterigoideo del esfenoides.

Constituye la comunicación lateral de la fosa pterigopalatina con la fosa infratemporal.

 

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Para comprenderla, imaginemos dos estructuras óseas:

Anterior: superficie posterior del maxilar.

Posterior: proceso pterigoideo del esfenoides.

Entre ambas existe una abertura.

Esa abertura es la fisura pterigomaxilar.

No se trata de una fractura ni de una separación patológica.

Es una comunicación anatómica normal.

¿Por qué es importante?

Porque a través de esta región se relacionan dos espacios profundos:

La fosa infratemporal, situada principalmente hacia lateral.

La fosa pterigopalatina, situada más medial y profundamente.

La fisura pterigomaxilar permite el paso de estructuras vasculares, entre ellas la porción terminal de la arteria maxilar hacia la fosa pterigopalatina.

Debemos recordar que esta abertura se encuentra en un territorio profundo.

No representa un acceso habitual ni una trayectoria deseable durante la extracción de terceros molares superiores.

7. La fosa infratemporal

Ahora estudiaremos el primer gran espacio anatómico de esta región.

La fosa infratemporal es un espacio profundo situado inferior a la base del cráneo y medial a la rama mandibular.

Se encuentra posteriormente al maxilar.

 

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No debemos imaginarla como una cavidad cerrada, semejante al seno maxilar.

Es una región anatómica compleja, parcialmente delimitada por huesos y comunicada con otros espacios.

Entre sus relaciones principales encontramos:

Anterior: superficie posterior del maxilar.

Lateral: rama de la mandíbula.

Medial: región de la lámina pterigoidea lateral y estructuras relacionadas.

Superior: superficies de la base del cráneo, particularmente relacionadas con el ala mayor del esfenoides.

Inferior: continuidad con regiones profundas de tejidos blandos, sin un piso óseo completamente cerrado.

Contenido de la fosa infratemporal

Esta región contiene estructuras importantes, entre ellas:

  • Músculos pterigoideos medial y lateral.

  • Arteria maxilar y algunas de sus ramas.

  • Plexo venoso pterigoideo.

  • Nervio mandibular, V3, y sus ramas.

  • Ganglio ótico y estructuras nerviosas relacionadas.

No todas estas estructuras se encuentran en el mismo plano ni mantienen idéntica relación con el maxilar.

Sin embargo, su presencia demuestra que estamos estudiando una región mucho más compleja que el proceso alveolar.

8. ¿Puede desplazarse un tercer molar superior hacia la fosa infratemporal?

Sí.

El desplazamiento accidental de un tercer molar superior o de un fragmento radicular hacia la región infratemporal es una complicación poco frecuente, pero reconocida.

Puede ocurrir cuando un diente pierde su soporte alveolar y recibe una fuerza que favorece su desplazamiento posterior, superior o posterolateral.

El trayecto exacto depende de la anatomía y de la dirección de la fuerza.

En estos casos, el diente puede quedar alojado en tejidos blandos posteriores al maxilar, en relación con estructuras de la región infratemporal.

 

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¿Por qué representa una complicación importante?

Porque el diente deja de encontrarse en un espacio quirúrgico fácilmente accesible.

Además, su nueva localización puede relacionarse con músculos, vasos y nervios.

La recuperación puede requerir estudios tridimensionales, planificación especializada y un abordaje diferente al de la extracción original.

Por eso debemos comprender un principio:

Cuando un diente se desplaza fuera de su alveolo, no debemos perseguirlo a ciegas hacia un espacio anatómico profundo.

Una maniobra de recuperación sin localización adecuada puede desplazarlo todavía más o lesionar estructuras vecinas.

La conducta debe basarse en la localización del fragmento, los síntomas, el riesgo anatómico y la valoración quirúrgica correspondiente.

9. La fosa pterigopalatina

Ahora avancemos hacia una región todavía más profunda.

La fosa pterigopalatina es un pequeño espacio anatómico situado detrás del maxilar y medial a la fosa infratemporal.

Su configuración suele describirse como una pirámide invertida.

Aunque es relativamente pequeña, contiene estructuras neurovasculares importantes y constituye una zona de comunicación entre distintas regiones de la cabeza.

 

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Sus límites principales incluyen:

Anterior: superficie posterior del maxilar.

Posterior: proceso pterigoideo y regiones adyacentes del esfenoides.

Medial: lámina perpendicular del hueso palatino.

Lateral: fisura pterigomaxilar, que comunica con la fosa infratemporal.

Superior: región relacionada con el cuerpo del esfenoides y la fisura orbitaria inferior.

Inferior: transición hacia los conductos palatinos.

Esta descripción nos permite comprender por qué la fosa pterigopalatina se encuentra más medial que la fosa infratemporal.

Contenido principal

En su interior encontramos:

  • Nervio maxilar, V2, y sus ramas.

  • Ganglio pterigopalatino.

  • Porción terminal de la arteria maxilar y sus ramas.

  • Venas y tejido conectivo relacionados.

Es una región anatómica pequeña, pero con una concentración importante de estructuras.

10. Diferencia entre fosa infratemporal y fosa pterigopalatina

Es importante no confundirlas.

Característica

Fosa infratemporal

Fosa pterigopalatina

Posición

Posterior al maxilar, más lateral

Posterior al maxilar, más medial

Dimensión

Región relativamente amplia

Espacio pequeño y profundo

Relación con la mandíbula

Medial a la rama mandibular

No está delimitada directamente por la rama mandibular

Nervio destacado

Mandibular, V3

Maxilar, V2

Vasos importantes

Arteria maxilar y plexo venoso pterigoideo

Porción terminal y ramas de la arteria maxilar

Comunicación entre ambas

A través de la fisura pterigomaxilar

A través de la misma fisura

Esta comparación nos ayudará a interpretar imágenes anatómicas y comprender la localización de posibles desplazamientos.

11. El hueso palatino también participa en esta región

Aquí debemos recuperar otra estructura estudiada anteriormente.

El hueso palatino no solamente contribuye a formar la parte posterior del paladar duro.

También posee una lámina perpendicular, que asciende y participa en la arquitectura de la pared lateral de la cavidad nasal y en la delimitación medial de la fosa pterigopalatina.

Esto nos permite comprender que el hueso palatino tiene una anatomía tridimensional más extensa que su porción horizontal.

No debemos reducirlo a una pequeña lámina situada detrás del proceso palatino del maxilar.

En el territorio posterior, el hueso palatino participa en relaciones profundas con el maxilar y el esfenoides.

12. Los músculos pterigoideos

Los procesos pterigoideos están relacionados con dos músculos importantes de la masticación:

Músculo pterigoideo medial.

Músculo pterigoideo lateral.

Aunque comparten una denominación, presentan orientaciones, inserciones y funciones diferentes.

 

 

 

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Músculo pterigoideo medial

Se origina principalmente en estructuras de la región pterigoidea y áreas vecinas.

Desciende hacia la cara medial de la rama y del ángulo mandibular.

Participa en la elevación mandibular y en determinados movimientos de lateralidad y protrusión.

Músculo pterigoideo lateral

Posee dos cabezas descritas clásicamente.

Se relaciona con el ala mayor del esfenoides y la superficie lateral de la lámina pterigoidea lateral.

Sus fibras se dirigen hacia la región del cuello del cóndilo mandibular y estructuras de la articulación temporomandibular.

Participa en movimientos mandibulares, particularmente en la protrusión y en la dinámica condilar.

Importancia para el tercer molar superior

Estos músculos no forman parte del alveolo del tercer molar.

Pero ocupan regiones profundas posteriores y laterales relacionadas con el maxilar.

Su presencia es relevante para comprender la anatomía de los espacios hacia los cuales puede desplazarse accidentalmente un diente.

También nos recuerda que una complicación posterior puede involucrar tejidos musculares y no solamente hueso.

13. El plexo venoso pterigoideo

En la región infratemporal encontramos una red venosa denominada plexo venoso pterigoideo.

Está formada por numerosas venas interconectadas que participan en el drenaje de regiones profundas de la cara.

Se relaciona con los músculos pterigoideos y con ramas de la arteria maxilar.

Este plexo mantiene comunicaciones con otros sistemas venosos, incluidas conexiones con regiones orbitarias y, a través de venas emisarias, con el seno cavernoso.

Estas comunicaciones tienen importancia anatómica y clínica.

Sin embargo, no debemos interpretar que cualquier lesión o infección de la región posterior del maxilar se propagará necesariamente hacia el cráneo.

Lo importante es reconocer que existen vías de comunicación entre espacios profundos.

Importancia quirúrgica

Una maniobra instrumental no controlada hacia la región infratemporal puede producir lesión vascular y hemorragia.

Además, un desplazamiento accidental de un diente puede situarlo cerca de estructuras venosas que dificulten su recuperación.

Esto refuerza la necesidad de evitar exploraciones profundas sin visualización ni localización anatómica adecuada.

14. La arteria maxilar

La arteria maxilar es una de las ramas terminales de la arteria carótida externa.

Recorre la región infratemporal y posteriormente alcanza la fosa pterigopalatina.

En su trayecto origina numerosas ramas destinadas a estructuras profundas de la cara.

Entre ellas encontramos las arterias alveolares superiores posteriores, que participan en la irrigación de los molares superiores y tejidos relacionados.

 

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No necesitamos memorizar todavía todas sus ramas.

Eso corresponderá al estudio neurovascular específico.

Por ahora debemos comprender que detrás del maxilar existe una arteria de importancia considerable y que la región posterior no es un espacio vacío.

15. ¿Qué significa desplazar un diente hacia posterior?

Cuando hablamos de desplazamiento posterior durante una extracción de tercer molar superior, debemos precisar la dirección.

No todos los desplazamientos posteriores conducen al mismo espacio.

Un diente puede desplazarse:

Hacia posterior y lateral, aproximándose a tejidos de la región infratemporal.

Hacia posterior y superior, dependiendo de la configuración anatómica y del trayecto de menor resistencia.

Hacia superior, con posible relación con el seno maxilar si existe una vía de comunicación o una alteración de sus límites óseos.

Hacia medial, hacia tejidos y regiones anatómicas diferentes, cuya localización exacta debe determinarse mediante evaluación clínica e imagenológica.

No debemos afirmar que una fuerza posterior conduce automáticamente a la fosa pterigopalatina.

Esta fosa es más medial, pequeña y está parcialmente delimitada por estructuras óseas.

La región infratemporal constituye una localización más habitual en los desplazamientos posteriores extralveolares descritos para terceros molares superiores.

La dirección real del desplazamiento y la posición final del diente requieren confirmación.

16. El error de perseguir un diente desplazado

Imaginemos un escenario.

Estamos extrayendo un tercer molar superior.

Durante una maniobra, el diente se desplaza inesperadamente hacia posterior.

Deja de ser visible en el alveolo.

El operador intenta localizarlo introduciendo un instrumento profundamente detrás del maxilar.

Este comportamiento puede generar nuevos problemas.

El instrumento puede lesionar tejidos blandos, vasos o estructuras nerviosas.

También puede desplazar el diente hacia una localización todavía más profunda.

Por eso debemos establecer una regla de seguridad:

La pérdida de visualización de un diente desplazado no justifica la exploración ciega de los espacios anatómicos posteriores.

La conducta inicial consiste en detener las maniobras que puedan agravar el desplazamiento, evaluar al paciente y determinar la localización mediante estudios apropiados.

Cuando el diente se encuentra en una región profunda, la valoración por cirugía oral y maxilofacial es especialmente importante.

La necesidad y el momento de su recuperación dependen de la localización, los síntomas y los riesgos del caso.

17. Relación con la tuberosidad maxilar

Ahora podemos integrar el apartado anterior.

En el 1.7.5 estudiamos la tuberosidad alveolar y la tuberosidad maxilar.

Comprendimos que la región distal del proceso alveolar puede fracturarse durante una extracción.

Ahora entendemos que detrás de esa región existen espacios anatómicos profundos.

Por tanto, una complicación posterior puede presentarse de diferentes maneras.

Fractura alveolar localizada: lesión limitada al hueso que rodea o sostiene al diente.

Fractura tuberositaria extensa: lesión que compromete una porción mayor de la región posterior del maxilar.

Desplazamiento extralveolar: el diente o un fragmento abandona su alveolo y alcanza tejidos o espacios vecinos.

Estas complicaciones son diferentes, aunque pueden relacionarse entre sí.

Por ejemplo, una pérdida de soporte óseo posterior puede facilitar determinadas trayectorias de desplazamiento.

Sin embargo, no toda fractura tuberositaria produce un desplazamiento profundo.

Y no todo desplazamiento profundo requiere una fractura tuberositaria extensa.

18. ¿Cómo estudiar esta región en tres dimensiones?

Para comprender la anatomía posterior del maxilar necesitamos utilizar referencias espaciales.

Propongo imaginar tres planos.

Plano anterior-posterior

Desde el tercer molar avanzamos hacia posterior.

Encontramos la terminación alveolar, la superficie infratemporal del maxilar y, más atrás, estructuras relacionadas con el territorio infratemporal y los procesos pterigoideos.

Plano lateral-medial

Desde la rama mandibular y la región infratemporal avanzamos hacia medial.

Encontramos la región de la fisura pterigomaxilar y la fosa pterigopalatina.

Plano inferior-superior

Desde el proceso alveolar ascendemos hacia el cuerpo del maxilar, la región del seno maxilar y estructuras profundas próximas a la base del cráneo.

Estos planos son una herramienta conceptual.

No representan trayectorias quirúrgicas ni implican que todas las estructuras se encuentren alineadas.

Su función es ayudarnos a construir una imagen tridimensional.

19. Aplicación a la planificación quirúrgica

Antes de extraer un tercer molar superior debemos identificar la anatomía del diente y sus relaciones óseas.

Pero también conviene anticipar qué podría ocurrir si una maniobra no produce el movimiento esperado.

Preguntas importantes:

¿Qué cantidad de hueso existe distal al diente?

¿La posición del tercer molar favorece un desplazamiento posterior?

¿La morfología radicular puede generar retenciones?

¿La trayectoria de luxación mantiene al diente dentro de un campo controlable?

¿Qué estructuras podrían encontrarse detrás del maxilar si se pierde el control?

Estas preguntas no implican que debamos solicitar una CBCT en todos los casos.

La imagen tridimensional debe utilizarse cuando esté clínicamente justificada y pueda aportar información relevante para la conducta.

La finalidad es anticipar riesgos y seleccionar una estrategia proporcional a la dificultad del caso.

20. Mapa mental de la región posterior

Relaciones anatómicas simplificadas

Esquema exclusivamente conceptual en un plano anteroposterior. No representa las dimensiones reales, los límites exactos ni la posición medial de la fosa pterigopalatina.

Debemos conservar una idea central:

El tercer molar superior está situado en una región de transición entre el proceso alveolar y territorios anatómicos profundos.

La superficie posterior del maxilar representa una referencia importante.

Detrás de ella encontramos la región infratemporal.

Más medialmente se encuentra la fosa pterigopalatina, comunicada con la infratemporal mediante la fisura pterigomaxilar.

Los procesos pterigoideos pertenecen al esfenoides y participan en la arquitectura ósea de estos territorios.

Términos que debemos dominar

Superficie infratemporal del maxilar Superficie posterior del cuerpo maxilar, relacionada con la región infratemporal y la tuberosidad maxilar.

Esfenoides Hueso impar de la base del cráneo del que se originan los procesos pterigoideos.

Proceso pterigoideo Proyección inferior del esfenoides formada por láminas medial y lateral.

Fosa pterigoidea Depresión situada entre las láminas pterigoideas.

Fisura pterigomaxilar Abertura entre el maxilar posterior y el proceso pterigoideo que comunica las fosas infratemporal y pterigopalatina.

Fosa infratemporal Región anatómica profunda posterior al maxilar y medial a la rama mandibular, que contiene músculos, vasos y nervios importantes.

Fosa pterigopalatina Pequeño espacio profundo situado posterior al maxilar y medial a la fosa infratemporal, relacionado principalmente con el nervio maxilar y la porción terminal de la arteria maxilar.

Plexo venoso pterigoideo Red venosa de la región infratemporal que participa en el drenaje de estructuras profundas de la cara.

Desplazamiento extralveolar Salida accidental de un diente o fragmento desde su alveolo hacia tejidos o espacios anatómicos vecinos.

Reflexión

El estudio de la región posterior del maxilar modifica nuestra percepción de la cirugía de terceros molares superiores.

Cuando observamos un tercer molar, podemos concentrarnos exclusivamente en su corona, sus raíces y el hueso que lo rodea.

Pero detrás de ese territorio existen estructuras anatómicas que no vemos durante una extracción convencional.

La fosa infratemporal, la fisura pterigomaxilar, la fosa pterigopalatina y los procesos pterigoideos nos recuerdan que el maxilar posterior no es una región aislada.

Forma parte de una arquitectura tridimensional compleja.

Por eso una fuerza dirigida hacia posterior no debe interpretarse únicamente como una maniobra para movilizar un diente.

Debemos comprender qué podría ocurrir si esa fuerza supera los límites del alveolo.

La verdadera utilidad del conocimiento anatómico aparece cuando nos permite anticipar las consecuencias de nuestras decisiones.

Cierre

Antes de dirigir una fuerza hacia posterior, debemos comprender qué existe detrás del territorio que estamos operando.

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1.7.5 — Tuberosidad alveolar y tuberosidad maxilar

Hasta ahora hemos estudiado el proceso alveolar posterior y sus dos paredes principales: la cortical vestibular y la cortical palatina.

Ahora vamos a dirigir nuestra atención hacia una región especialmente importante en la cirugía de terceros molares superiores: el extremo posterior del maxilar.

Esta región merece un estudio cuidadoso porque durante la extracción de un tercer molar superior pueden presentarse complicaciones relacionadas con la fractura del hueso alveolar distal, la movilización de segmentos óseos y, en casos de mayor extensión, la fractura de la región tuberositaria.

Para comprender estas complicaciones primero necesitamos resolver una cuestión anatómica:

¿Estamos hablando de la tuberosidad maxilar o de la porción distal del proceso alveolar?

Aunque ambos conceptos están relacionados y sus denominaciones frecuentemente se superponen en la literatura odontológica, distinguirlos nos ayudará a describir con mayor precisión lo que ocurre durante una cirugía.

1. ¿Qué es una tuberosidad?

En anatomía, el término tuberosidad describe generalmente una prominencia o elevación ósea.

No identifica por sí mismo una estructura exclusiva del maxilar.

Existen tuberosidades en diferentes huesos del cuerpo humano.

En nuestro territorio quirúrgico, el término se utiliza para describir la región prominente situada en la parte posterior del maxilar, relacionada con el último molar superior.

Sin embargo, debemos distinguir entre la anatomía del cuerpo del maxilar y la arquitectura de su proceso alveolar.

2. Tuberosidad maxilar

La tuberosidad maxilar, en su descripción anatómica clásica, corresponde a una región redondeada y prominente de la superficie posterior o infratemporal del maxilar.

Se encuentra posteriormente a la región de los molares superiores.

Forma parte de la arquitectura posterior del cuerpo maxilar y se relaciona con estructuras profundas de la región infratemporal.

 

 

 

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En esta superficie posterior encontramos referencias anatómicas importantes, como los pequeños orificios por donde penetran vasos y nervios alveolares superiores posteriores.

Estos corresponden a los forámenes alveolares superiores posteriores.

Por ellos transcurren ramas neurovasculares destinadas a estructuras dentarias y periodontales del maxilar posterior.

Esta relación nos permite comprender que la región posterior del maxilar no está formada únicamente por hueso.

También constituye una vía de entrada para estructuras neurovasculares.

Relación con el seno maxilar

La superficie posterior del cuerpo del maxilar participa en la arquitectura que delimita posteriormente al seno maxilar.

Pero debemos evitar imaginar que toda la tuberosidad maxilar es simplemente la pared posterior del seno.

La relación es más compleja.

El seno ocupa una cavidad dentro del cuerpo maxilar, mientras que su superficie posterior se relaciona con la región infratemporal.

Por tanto, la tuberosidad y la pared posterior del seno están anatómicamente relacionadas, pero no deben utilizarse como términos equivalentes.

3. Tuberosidad alveolar

Ahora descendamos hacia el proceso alveolar.

El tercer molar superior ocupa una posición cercana a su extremo distal.

Detrás de su alveolo encontramos una porción de hueso que representa la terminación posterior de la arquitectura dentoalveolar.

Para distinguirla de la tuberosidad del cuerpo maxilar, se ha propuesto utilizar el término tuberosidad alveolar.

Este término permite referirnos específicamente a la región distal del proceso alveolar relacionada con el último molar.

Es importante aclarar que esta distinción terminológica no se aplica de manera uniforme en todos los textos anatómicos y quirúrgicos.

En odontología, el término tuberosidad maxilar sigue utilizándose ampliamente para describir la prominencia posterior al último molar, incluida su porción alveolar.

Por ello, cuando encontremos expresiones como fractura de tuberosidad maxilar, debemos interpretar qué extensión anatómica describe realmente el autor.

La terminología debe ayudarnos a identificar la estructura lesionada, no sustituir la descripción de la lesión.

4. ¿Dónde termina una y comienza la otra?

No debemos imaginar ambas regiones como dos huesos separados por una articulación o una línea anatómica perfectamente definida.

Pertenecen al mismo maxilar y existe continuidad ósea entre ellas.

La distinción responde principalmente a la región que estamos describiendo:

Tuberosidad alveolar: terminación distal del proceso alveolar, directamente relacionada con el alveolo del último molar.

Tuberosidad maxilar: prominencia de la superficie posterior del maxilar, relacionada con el cuerpo óseo y las estructuras infratemporales.

Podemos utilizar una imagen mental.

Imaginemos que observamos el maxilar desde lateral.

El tercer molar está contenido en el proceso alveolar.

Inmediatamente detrás encontramos la terminación alveolar distal.

Al continuar hacia posterior y superior nos relacionamos con la superficie posterior del cuerpo maxilar y su región tuberositaria.

Esta transición es continua, no una separación anatómica tajante.

5. ¿Por qué esta distinción importa en cirugía?

Porque no todas las fracturas posteriores durante la extracción de un molar superior tienen la misma extensión.

Podemos encontrar una lesión relativamente localizada que involucre una pared del alveolo o una porción del hueso distal.

También puede presentarse una fractura más extensa, que comprometa un segmento tuberositario considerable y tenga relación con el piso o la pared del seno maxilar.

Ambas situaciones pueden describirse informalmente como:

“Se fracturó la tuberosidad.”

Pero quirúrgicamente no son equivalentes.

La extensión de la fractura influye en la estabilidad ósea, la conservación de tejidos, el riesgo de comunicación oroantral y las decisiones de manejo.

Por eso necesitamos describir:

qué porción se movilizó, cuánto hueso comprende y qué estructuras permanecen relacionadas con el fragmento.

6. La arquitectura ósea distal al tercer molar

El tercer molar superior ocupa una posición particular.

Hacia mesial encontramos el segundo molar y el hueso interdental.

Hacia vestibular y palatino encontramos las paredes alveolares correspondientes.

Hacia apical podemos encontrar una relación variable con el seno maxilar.

Y hacia distal encontramos el extremo posterior del proceso alveolar.

Esta disposición significa que el tercer molar se encuentra próximo a una región terminal de la arcada.

El hueso distal puede presentar diferencias importantes de espesor, forma y soporte entre pacientes.

No debemos asumir que siempre existe una gran cantidad de hueso detrás del tercer molar.

Tampoco debemos asumir que toda prominencia distal es frágil.

Su comportamiento depende de la anatomía particular.

7. ¿Por qué puede fracturarse la región tuberositaria?

Durante una extracción, el diente y el hueso que lo rodea forman un sistema mecánico.

Cuando aplicamos fuerza mediante un elevador o fórceps, esa fuerza se transmite a través del diente y sus estructuras de soporte.

Normalmente buscamos producir una movilidad progresiva que permita liberar el diente.

Pero existen situaciones en las que el hueso puede comenzar a ceder antes de que el diente se libere.

Entre los factores que pueden contribuir se encuentran:

Anatomía radicular desfavorable. Raíces divergentes, curvas, bulbosas o con hipercementosis pueden dificultar la trayectoria de extracción.

Anquilosis dentoalveolar. La unión anormal entre raíz y hueso puede reducir o eliminar parte de la movilidad periodontal esperada.

Configuración del hueso posterior. Una región distal relativamente delgada o con soporte limitado puede presentar menor resistencia a determinadas cargas.

Relación con el seno maxilar. La neumatización y la configuración del seno pueden modificar el volumen y la distribución del hueso disponible.

Dirección y magnitud de la fuerza. Una fuerza excesiva o desfavorablemente orientada puede concentrar tensión en la región posterior.

Características individuales. Edad, remodelación ósea, enfermedades y otras condiciones pueden modificar el comportamiento de los tejidos.

Ninguno de estos factores, considerado aisladamente, permite predecir con certeza una fractura.

La complicación suele depender de la interacción entre varios elementos.

8. El problema de las raíces divergentes

Imaginemos un tercer molar superior cuyas raíces se separan ampliamente hacia apical.

Al intentar extraerlo íntegro, esas raíces deben recorrer una trayectoria compatible con su forma.

Si la trayectoria es desfavorable, pueden encontrar resistencia contra las paredes alveolares.

Supongamos que continuamos aplicando fuerza.

El diente no consigue liberarse.

Sin embargo, parte de esa fuerza se transmite al hueso distal.

En determinadas circunstancias, la región alveolar posterior puede comenzar a fracturarse o movilizarse.

Aquí aparece una idea fundamental:

El diente puede permanecer retenido mientras el hueso que lo sostiene comienza a perder estabilidad.

Esta posibilidad explica por qué la movilidad que percibimos durante una extracción debe interpretarse cuidadosamente.

9. ¿Se está moviendo el diente o el hueso?

Ésta será una de las preguntas más importantes de todo el apartado.

Imaginemos que colocamos un elevador.

Aplicamos una fuerza controlada.

Observamos movimiento.

Podemos encontrarnos ante dos situaciones.

Situación A — Luxación dental

El diente comienza a desplazarse respecto a su alveolo.

Su movilidad aumenta progresivamente.

El hueso circundante permanece clínicamente estable, aunque pueda experimentar pequeñas deformaciones fisiomecánicas.

Estamos obteniendo el movimiento que buscamos.

Situación B — Movilización dentoalveolar

El diente y una porción del hueso distal comienzan a desplazarse conjuntamente.

En lugar de observar movilidad independiente del diente, identificamos movimiento de un segmento óseo.

Esto puede indicar una fractura o una pérdida de continuidad estructural.

La respuesta adecuada no consiste en seguir aumentando la fuerza para completar rápidamente la extracción.

Debemos detener la maniobra, mejorar la visualización y evaluar la extensión y estabilidad del segmento.

10. ¿Qué puede indicarnos que existe una fractura?

Durante la extracción pueden aparecer diferentes signos de advertencia.

Entre ellos:

  • Movimiento de hueso junto con el diente.

  • Cambio repentino e inesperado de la resistencia.

  • Sonido o sensación de fractura.

  • Movilidad anormal de la región alveolar distal.

  • Desgarro o tensión anormal de los tejidos blandos.

  • Aparición de un fragmento óseo móvil.

Ningún signo aislado establece necesariamente el diagnóstico definitivo.

Por ejemplo, un sonido repentino también puede corresponder a la liberación de una estructura o a una fractura radicular.

Por eso debemos integrar observación, palpación cuidadosa, inspección e imagenología cuando esté indicada.

La sensación táctil nos alerta; la evaluación anatómica nos ayuda a comprender qué ocurrió.

11. ¿Qué hacer si sospechamos una fractura?

El primer principio es sencillo:

No continuar aplicando fuerza de manera automática.

Si sospechamos que un segmento óseo se está movilizando junto con el diente, debemos detener la maniobra y reevaluar.

Es necesario determinar, en la medida de lo posible, la extensión de la lesión, la movilidad del segmento, la integridad de los tejidos blandos y la posible relación con el seno maxilar.

La conducta dependerá del escenario.

Un pequeño fragmento alveolar no tiene necesariamente el mismo manejo que una fractura tuberositaria extensa.

Además, un segmento óseo que permanece unido al periostio y a tejidos blandos puede conservar parte de su irrigación.

Por eso no debemos asumir que todo fragmento móvil debe retirarse.

En fracturas extensas, especialmente cuando el segmento permanece unido al diente o existe sospecha de comunicación con el seno, puede ser necesario estabilizar, modificar o diferir el procedimiento y solicitar valoración por cirugía oral y maxilofacial.

La selección del tratamiento requiere juicio clínico y no debe resolverse mediante una regla universal.

12. ¿Puede fracturarse una porción alveolar sin provocar una complicación importante?

Sí.

Una fractura ósea localizada no necesariamente produce una complicación clínica grave.

El hueso alveolar puede sufrir pequeñas fracturas durante procedimientos de extracción y, dependiendo de su extensión y manejo, cicatrizar sin consecuencias significativas.

Sin embargo, debemos distinguir entre dos afirmaciones:

Una fractura localizada puede evolucionar favorablemente.

y

Una fractura localizada no importa.

La segunda afirmación sería incorrecta.

La presencia de una fractura obliga a evaluar su extensión, estabilidad, viabilidad tisular y relación con estructuras vecinas.

El hecho de que algunas fracturas cicatricen adecuadamente no significa que debamos considerarlas deseables o inevitables.

El objetivo continúa siendo preservar la mayor cantidad razonable de hueso sano.

13. La relación con el seno maxilar

La región tuberositaria posterior se encuentra anatómicamente relacionada con el seno maxilar.

La extensión del seno varía entre pacientes.

En algunos casos existe una separación ósea considerable entre el alveolo y la cavidad sinusal.

En otros, la proximidad puede ser mucho mayor.

Una fractura extensa de la región posterior puede comprometer estructuras relacionadas con el seno y producir una comunicación entre la cavidad oral y la cavidad sinusal.

Esta complicación se denomina comunicación oroantral.

No debemos confundirla con una fístula oroantral establecida, que implica una comunicación persistente y generalmente epitelizada.

Estudiaremos esta diferencia en profundidad durante el apartado 1.8.

Por ahora necesitamos comprender que una fractura tuberositaria extensa puede tener consecuencias diferentes a una pequeña fractura localizada de una pared alveolar.

14. La región posterior también contiene estructuras neurovasculares

La superficie posterior del maxilar presenta relaciones con los vasos y nervios alveolares superiores posteriores.

Estas estructuras penetran el maxilar a través de pequeños forámenes y participan en la irrigación e inervación de la región molar.

Además, posteriormente encontramos relaciones con la fosa infratemporal y estructuras profundas.

Esto significa que una maniobra que se extiende más allá del territorio alveolar puede involucrar estructuras que no vemos directamente desde el campo quirúrgico.

No todas las complicaciones posteriores consisten en una fractura ósea.

También pueden producirse hemorragias, lesiones de tejidos blandos o desplazamientos de dientes y fragmentos hacia espacios vecinos.

Desarrollaremos estas relaciones en el apartado 1.9.

15. El papel del elevador

Los elevadores permiten transmitir fuerzas mecánicas al diente.

Dependiendo de su diseño y utilización pueden actuar mediante principios de palanca, cuña o rueda-eje.

Sin embargo, esas fuerzas también pueden transmitirse a las estructuras que utilizamos como apoyo.

Por eso necesitamos identificar:

Punto de aplicación: dónde contacta el elevador con el diente.

Fulcro: punto alrededor del cual actúa la palanca.

Vector: dirección y sentido de la fuerza transmitida.

Estructura receptora: tejido que recibe la carga.

En la región tuberositaria, una fuerza mal dirigida puede generar tensión sobre el hueso distal.

El objetivo no consiste simplemente en introducir el elevador y producir movimiento.

Consiste en generar una fuerza que favorezca la luxación dental sin comprometer innecesariamente la arquitectura ósea.

16. ¿Por qué no debemos insistir cuando aumenta la resistencia?

Supongamos que un tercer molar superior no responde a la maniobra inicial.

Podemos pensar:

Necesito más fuerza.

Pero también podemos considerar:

La raíz tiene una curvatura.

Existe divergencia radicular.

La trayectoria es incorrecta.

El punto de apoyo no es favorable.

Existe una retención ósea que podría liberarse de otra manera.

La fuerza está movilizando el hueso en lugar del diente.

Cada una de estas posibilidades requiere una interpretación diferente.

Por eso recuperamos un principio que ya construimos durante el estudio mandibular:

Si la resistencia aumenta, cambia la estrategia antes de aumentar la fuerza.

Esto no significa cambiar instrumentos sin comprender el problema.

Significa detenerse a identificar por qué la maniobra no está produciendo el resultado esperado.

17. La importancia de la planificación radiográfica

Antes de extraer un tercer molar superior debemos evaluar, según la información disponible:

  • Posición e inclinación del diente.

  • Número y morfología de raíces.

  • Curvaturas o divergencias.

  • Relación con el segundo molar.

  • Configuración del hueso distal.

  • Relación aparente con el seno maxilar.

  • Signos de alteraciones óseas o dentarias.

La radiografía panorámica y las imágenes intraorales pueden proporcionar información valiosa.

Sin embargo, debemos recordar que representan estructuras tridimensionales en imágenes bidimensionales.

La tomografía de haz cónico, o CBCT, puede ser útil en casos seleccionados cuando la información tridimensional tenga posibilidades razonables de modificar la planificación o la conducta quirúrgica.

No constituye un estudio obligatorio para todos los terceros molares superiores.

La selección de imágenes debe responder a una pregunta clínica concreta.

18. Preservar hueso también forma parte de una buena extracción

El éxito de una cirugía no debe evaluarse únicamente por la extracción completa del diente.

También debemos considerar el estado de los tejidos que permanecen.

Una extracción puede terminar con el diente fuera de la boca y, sin embargo, haber producido una pérdida ósea innecesaria.

Por eso la preservación del proceso alveolar posterior constituye un objetivo importante.

Esto no significa evitar cualquier osteotomía.

En determinadas situaciones, retirar deliberadamente una cantidad limitada de hueso puede permitir una extracción más controlada que insistir con fuerzas elevadas.

La diferencia es que una osteotomía planificada busca modificar la resistencia de manera deliberada.

Una fractura accidental representa una pérdida de control sobre la respuesta estructural del hueso.

Retirar hueso de manera controlada no es lo mismo que fracturarlo accidentalmente mediante una fuerza mal dirigida.

19. Nuestro mapa mental de la región tuberositaria

Imaginemos un tercer molar superior visto desde lateral.

Hacia mesial encontramos el segundo molar.

Hacia distal, la terminación posterior del proceso alveolar.

Superiormente puede existir una relación con el seno maxilar.

Posteriormente y hacia superior encontramos la superficie posterior del cuerpo maxilar, relacionada con la región infratemporal.

Ahora imaginemos que aplicamos un elevador.

Antes de continuar debemos preguntarnos:

¿Qué está reteniendo al diente?

¿Qué estructura recibe la fuerza?

¿Estoy movilizando el diente o un segmento óseo?

¿Qué extensión tendría una posible fractura?

¿Qué relación existe con el seno?

¿Puedo conseguir una trayectoria más favorable sin aumentar la fuerza?

Estas preguntas transforman una extracción aparentemente sencilla en un procedimiento que estamos comprendiendo anatómica y biomecánicamente.

Términos que debemos dominar

Tuberosidad maxilar Prominencia anatómica de la región posterior o infratemporal del maxilar; en odontología el término también se emplea ampliamente para la prominencia alveolar posterior.

Tuberosidad alveolar Denominación propuesta para distinguir la terminación distal del proceso alveolar relacionada con el último molar.

Fractura alveolar Pérdida de continuidad de una porción del hueso que contiene o sostiene los dientes.

Fractura tuberositaria Fractura de la región posterior del maxilar, cuya extensión debe describirse específicamente.

Segmento dentoalveolar Conjunto formado por un diente y una porción de hueso alveolar que pueden movilizarse como una unidad.

Anquilosis dentoalveolar Unión directa anormal entre cemento o dentina radicular y hueso alveolar, con pérdida localizada o extensa del espacio periodontal.

Comunicación oroantral Comunicación anormal entre la cavidad oral y el seno maxilar.

Reflexión

La región tuberositaria nos enseña que durante una extracción no siempre cede primero la estructura que queremos movilizar.

Podemos aplicar una fuerza con la intención de luxar un diente y terminar movilizando el hueso que lo contiene.

Esto ocurre porque la respuesta mecánica depende de la anatomía completa del sistema, no solamente de nuestra intención.

Por eso necesitamos aprender a distinguir entre movilidad dental y movilidad ósea, entre una fractura alveolar localizada y una lesión tuberositaria extensa, y entre una maniobra que progresa favorablemente y otra que está comenzando a comprometer estructuras vecinas.

El objetivo no consiste en eliminar por completo la posibilidad de complicaciones, algo que ninguna técnica puede garantizar.

Consiste en desarrollar el conocimiento y el criterio necesarios para anticiparlas, reconocerlas tempranamente y responder adecuadamente.

Cierre

Durante una extracción de tercer molar superior, no basta con saber que algo comenzó a moverse. Debemos identificar qué estructura está cediendo y qué consecuencias puede tener continuar.

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Cortical palatina del maxilar posterior-1.7.4 https://eduardogmz.com/cortical-palatina-del-maxilar-posterior-1-7-4/ Thu, 08 Oct 2026 22:41:05 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2090

1.7.4 — Cortical palatina del maxilar posterior

Hasta ahora hemos estudiado la cortical vestibular del maxilar posterior, comprendiendo su arquitectura, sus propiedades mecánicas y su participación durante las maniobras de luxación.

Ahora vamos a observar el mismo territorio desde el lado opuesto.

La cortical palatina constituye la pared ósea del proceso alveolar orientada hacia el paladar.

Aunque forma parte del mismo sistema que la cortical vestibular, presenta relaciones anatómicas diferentes.

Esta diferencia es fundamental porque, durante una extracción, una fuerza dirigida hacia palatino puede involucrar estructuras que no están presentes del lado vestibular.

Por eso nuestro objetivo no será solamente identificar una pared ósea.

Será comprender qué existe detrás de ella, cómo se relaciona con las raíces y por qué debemos controlar las fuerzas que se dirigen hacia ese territorio.

1. ¿Qué es la cortical palatina?

La cortical palatina es la porción compacta del hueso alveolar situada hacia el lado palatino de los dientes superiores.

Forma parte de la arquitectura que contiene y sostiene sus raíces.

Para ubicarnos, imaginemos un corte transversal simplificado del proceso alveolar:

Esquema conceptual, no a escala, de las paredes vestibular y palatina que rodean un alveolo.

Entre ambas corticales encontramos hueso trabecular, las paredes alveolares y las raíces dentarias.

Debemos recordar que la cortical palatina no es una estructura independiente del resto del maxilar.

Forma parte de un sistema óseo continuo, cuya configuración cambia según la región y la anatomía individual.

2. Cortical palatina y proceso palatino: no son sinónimos

Aquí recuperaremos una distinción anatómica que ya estudiamos en el 1.7.1.

Cortical palatina: superficie compacta del proceso alveolar orientada hacia palatino.

Proceso palatino del maxilar: proyección ósea horizontal y medial del maxilar que forma aproximadamente los tres cuartos anteriores del paladar duro.

Ambas estructuras pertenecen al maxilar, pero no representan exactamente la misma región.

Además, recordemos que el cuarto posterior del paladar duro está formado por las láminas horizontales de los huesos palatinos.

En el territorio del tercer molar superior, la arquitectura alveolar palatina se continúa hacia estructuras palatinas posteriores.

Esto significa que no debemos imaginar una pared vertical aislada que termina abruptamente.

Existe una continuidad anatómica entre el proceso alveolar y el resto del maxilar.

3. La cortical palatina y las raíces del tercer molar

Los terceros molares superiores presentan una anatomía radicular muy variable.

Pueden tener raíces fusionadas, divergentes, curvas o configuraciones irregulares.

En un molar superior con tres raíces diferenciadas, generalmente encontramos:

  • Una raíz mesiovestibular.

  • Una raíz distovestibular.

  • Una raíz palatina.

Sin embargo, en los terceros molares esta distribución clásica puede modificarse considerablemente.

La raíz palatina puede ser voluminosa y presentar una orientación diferente a las vestibulares.

¿Por qué nos interesa?

Porque la anatomía de las raíces determina parcialmente las trayectorias de salida del diente.

Imaginemos un tercer molar con una raíz palatina divergente.

Si intentamos movilizarlo hacia vestibular sin considerar esa divergencia, la raíz puede actuar como una retención mecánica.

No significa que todo movimiento vestibular esté contraindicado.

Significa que debemos conocer la configuración radicular antes de decidir cómo movilizar el diente.

La dirección que parece más accesible para nuestro instrumento no necesariamente es la trayectoria que permite la anatomía radicular.

4. ¿La cortical palatina es más gruesa que la vestibular?

En diversas regiones dentoalveolares superiores, la pared palatina puede presentar mayor espesor que la vestibular.

Sin embargo, esto no constituye una regla universal para todos los terceros molares.

El grosor depende de factores como la ubicación del diente, la morfología radicular, la anatomía individual y la región específica que estamos midiendo.

Por eso debemos distinguir tres características:

Grosor: cuánto mide la pared ósea.

Densidad: qué tan compacta es su estructura.

Resistencia mecánica: cómo responde a una carga determinada, dependiendo de su geometría, composición y dirección de la fuerza.

Una cortical relativamente gruesa no es necesariamente invulnerable.

Y una cortical delgada no necesariamente se fracturará durante una maniobra controlada.

Lo importante es comprender que cada pared tiene una capacidad limitada de deformación y resistencia.

5. ¿Qué encontramos del otro lado de la cortical palatina?

Esta pregunta representa el centro anatómico del apartado.

Cuando atravesamos conceptualmente la cortical palatina hacia medial, encontramos tejidos blandos palatinos.

En esa región existen mucosa, tejido conectivo, periostio y estructuras neurovasculares.

Entre las estructuras relevantes del paladar posterior se encuentran:

Nervio palatino mayor

Rama sensitiva procedente del sistema del nervio maxilar, V2, a través del ganglio pterigopalatino.

Sale por el foramen palatino mayor y se dirige principalmente hacia anterior, proporcionando sensibilidad a una parte importante de la mucosa y encía del paladar duro posterior.

Arteria palatina mayor

Rama terminal de la arteria palatina descendente, habitualmente originada de la arteria maxilar.

Acompaña al nervio palatino mayor y participa en la irrigación del paladar duro.

 

 

 

6

Estas estructuras no se encuentran simplemente adheridas a toda la superficie de la cortical alveolar del tercer molar.

Poseen trayectos anatómicos específicos dentro de los tejidos palatinos.

Pero su existencia nos recuerda algo importante:

Una maniobra que se extiende innecesariamente hacia palatino puede comprometer estructuras que no vemos directamente en el campo quirúrgico.

Estudiaremos su origen, recorrido y distribución con mayor profundidad en el apartado 1.9.

6. La cortical palatina como límite quirúrgico

Durante una extracción podemos encontrar resistencia relacionada con la arquitectura palatina.

Sin embargo, no debemos interpretar que esa pared necesariamente debe fracturarse o expandirse para permitir la salida del diente.

En muchos casos, la trayectoria de luxación puede diseñarse para reducir las cargas sobre esa región.

En otros, la anatomía puede requerir modificar el acceso o liberar retenciones de manera controlada.

La decisión depende del caso.

Lo importante es que la cortical palatina constituye un límite anatómico que debemos reconocer y proteger.

No es simplemente la pared opuesta a aquella donde colocamos el elevador.

7. ¿Qué ocurre cuando dirigimos una fuerza hacia palatino?

Imaginemos que estamos utilizando un elevador sobre un tercer molar superior.

Aplicamos una fuerza que produce un componente de movimiento hacia palatino.

Esa fuerza puede transmitirse a diferentes estructuras:

Diente → ligamento periodontal → pared alveolar palatina → tejidos vecinos.

Si el movimiento es controlado y compatible con la anatomía, puede formar parte de una luxación adecuada.

Pero si la fuerza es excesiva o su dirección es desfavorable, pueden ocurrir complicaciones.

Entre ellas:

  • Fractura de la pared alveolar palatina.

  • Lesión de tejidos blandos palatinos.

  • Desplazamiento no controlado de un fragmento.

  • Lesión vascular si la maniobra alcanza estructuras neurovasculares.

Debemos evitar una conclusión demasiado simple:

Toda fuerza palatina es peligrosa.

Eso sería incorrecto.

El problema no es exclusivamente la dirección.

Es la combinación de magnitud, dirección, punto de aplicación, anatomía y control.

8. ¿Por qué solemos trabajar principalmente desde vestibular?

En numerosas extracciones quirúrgicas de terceros molares superiores, el acceso se realiza principalmente desde vestibular.

Esto permite visualizar y trabajar sobre una región accesible, utilizando un abordaje diseñado para el diente y su posición.

Además, evita realizar disecciones palatinas extensas cuando no están indicadas.

Pero es importante no convertir esta observación en una regla absoluta.

Existen situaciones en las que el acceso, la posición dentaria o una complicación requieren otras estrategias.

El principio es:

Elegimos el abordaje que proporciona acceso y control adecuados con el menor daño razonable a los tejidos.

No elegimos vestibular simplemente porque palatino esté prohibido.

9. El peligro de utilizar una fuerza sin conocer su dirección

Regresemos al elevador.

Cuando utilizamos una palanca tenemos:

Fuerza aplicada: la que generamos con la mano.

Fulcro: punto alrededor del cual actúa la palanca.

Brazo de palanca: distancia entre el fulcro y los puntos donde se aplica o transmite la fuerza.

Vector: dirección y sentido de la fuerza.

La fuerza aplicada sobre el instrumento no necesariamente se transmite al diente en la misma dirección en la que movemos la mano.

La geometría del elevador y su punto de apoyo pueden modificar la dirección y magnitud de la carga transmitida.

Por eso es importante identificar qué movimiento estamos produciendo realmente.

Un elevador colocado desde vestibular también puede generar componentes de fuerza hacia palatino, apical o posterior.

La posición de nuestra mano no determina por sí sola la dirección en la que se moverá el diente.

Este concepto será fundamental cuando estudiemos instrumentación y biomecánica.

10. Cortical palatina y seno maxilar

Ahora agreguemos otra relación tridimensional.

El seno maxilar se encuentra principalmente dentro del cuerpo del maxilar y puede extenderse hacia el proceso alveolar.

Su piso puede situarse cerca de los ápices de los molares superiores.

La cortical palatina, por otro lado, constituye una pared orientada hacia medial.

Por tanto, debemos distinguir dos direcciones:

Superior: hacia el piso del seno maxilar.

Palatina: hacia el lado medial del proceso alveolar y los tejidos del paladar.

Estas direcciones no son equivalentes.

Un fragmento desplazado hacia palatino no necesariamente ingresa al seno.

Y un fragmento desplazado hacia superior no necesariamente atraviesa la cortical palatina.

La anatomía tridimensional nos obliga a identificar la trayectoria real y las estructuras interpuestas.

11. ¿Qué ocurre si se fractura la cortical palatina?

No todas las fracturas alveolares tienen la misma extensión ni las mismas consecuencias.

Una pequeña fractura localizada de una pared alveolar no equivale necesariamente a una fractura amplia de la región posterior del maxilar.

La importancia clínica dependerá de factores como:

  • Extensión del fragmento.

  • Movilidad y continuidad ósea.

  • Integridad de los tejidos blandos y del periostio.

  • Irrigación del segmento.

  • Relación con estructuras vecinas.

  • Posibilidad de conservar el soporte óseo.

Cuando sospechamos una fractura, debemos evitar continuar aplicando fuerza sin comprender lo que está ocurriendo.

La conducta dependerá de la evaluación clínica y, cuando corresponda, de estudios de imagen o valoración especializada.

Un fragmento óseo adherido a tejidos blandos puede conservar irrigación; por eso no debemos asumir que todo fragmento móvil debe retirarse.

12. Diferencias entre la cortical vestibular y la palatina

Característica

Vestibular

Palatina

Orientación

Hacia la mejilla

Hacia el paladar

Acceso quirúrgico

Frecuentemente principal

Habitualmente más limitado

Grosor

A menudo relativamente delgada

Puede ser mayor, según la región

Tejidos vecinos

Mucosa y tejidos vestibulares

Mucoperiostio y tejidos palatinos

Estructuras de interés

Arquitectura vestibular y tejidos blandos

Paquete neurovascular palatino, según trayecto

Riesgos de fuerza excesiva

Fractura, pérdida ósea, lesión de tejidos

Fractura, lesión de tejidos y estructuras palatinas

Esta tabla representa tendencias anatómicas y consideraciones generales, no reglas universales para cada paciente.

13. Una forma diferente de interpretar la resistencia

Supongamos que tenemos un tercer molar superior con raíces divergentes.

Intentamos luxarlo.

El diente no se mueve como esperábamos.

La tentación puede ser aumentar la fuerza.

Pero ahora conocemos varias posibilidades:

Quizá una raíz está retenida por hueso interradicular.

Quizá existe una curvatura que impide la trayectoria.

Quizá la cortical palatina está recibiendo una carga que no estamos interpretando.

Quizá nuestro punto de apoyo es desfavorable.

La pregunta correcta deja de ser:

¿Cuánto más fuerte tengo que empujar?

Y comienza a ser:

¿Qué estructura está impidiendo el movimiento y cuál es la manera más segura de modificar esa resistencia?

Esta manera de pensar nos acompañará durante todo el curso.

14. Nuestro mapa mental de la cortical palatina

Imaginemos nuevamente un tercer molar superior.

Hacia vestibular encontramos la cortical vestibular y los tejidos de la mejilla.

Hacia palatino encontramos la cortical palatina y los tejidos palatinos.

Superiormente puede encontrarse el seno maxilar, dependiendo de su extensión y de la relación con las raíces.

Posteriormente encontramos la región alveolar distal y, más allá, otros territorios anatómicos.

Ahora coloquemos mentalmente un elevador.

Antes de aplicar fuerza debemos preguntarnos:

¿Qué pared está recibiendo la carga?

¿Hacia dónde puede desplazarse el diente?

¿Existe una raíz que impida esa trayectoria?

¿Qué estructura podría dañarse si pierdo el control?

No necesitamos responder estas preguntas únicamente mediante la sensación táctil.

Debemos integrar anatomía, exploración, imagenología y planificación.

Términos que debemos dominar

Cortical palatina Pared ósea compacta del proceso alveolar orientada hacia el paladar.

Proceso palatino del maxilar Proyección medial del maxilar que forma gran parte del paladar duro anterior.

Hueso palatino Hueso independiente cuya lámina horizontal forma principalmente la porción posterior del paladar duro.

Nervio palatino mayor Nervio sensitivo relacionado con la inervación del paladar duro posterior.

Arteria palatina mayor Vaso arterial que participa en la irrigación del paladar duro.

Retención radicular Condición anatómica o mecánica que dificulta la trayectoria de salida de una raíz o del diente.

Vector de fuerza Magnitud, dirección y sentido de una fuerza aplicada.

Reflexión

La cortical palatina nos enseña que dos paredes pertenecientes al mismo alveolo pueden tener relaciones anatómicas y consecuencias quirúrgicas diferentes.

La cortical vestibular puede representar una vía de acceso y una estructura cuya resistencia necesitamos interpretar.

La cortical palatina representa otra parte del sistema de soporte, pero también nos recuerda que hacia medial existen tejidos y estructuras neurovasculares que debemos respetar.

Por eso conocer la anatomía no significa solamente memorizar dónde se encuentra cada estructura.

Significa comprender cómo cambia el riesgo cuando cambia la dirección de nuestras maniobras.

Cierre

Una fuerza quirúrgica no debe evaluarse únicamente por su intensidad, sino también por su dirección y por las estructuras que encontrará en su trayectoria.

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1.7.3 — Cortical vestibular del maxilar posterior

Para comprender la cortical vestibular debemos empezar aclarando qué significa realmente cortical.

El hueso no presenta la misma arquitectura en todo su espesor.

De manera simplificada podemos distinguir:

hueso cortical
→ capa externa más compacta y resistente.

hueso trabecular o esponjoso
→ estructura interna formada por trabéculas y espacios medulares.

En el proceso alveolar podemos imaginar:

VESTIBULAR                         PALATINO

    ↓                                  ↓

CORTICAL                         CORTICAL

    │                                │

    │    HUESO TRABECULAR            │

    │       + ALVEOLO                │

    │      ┌─────────┐               │

    └──────│ RAÍCES  │───────────────┘

           └─────────┘

La cortical vestibular es, por tanto, la pared ósea compacta externa del proceso alveolar orientada hacia la mejilla.

Y para cirugía de terceros molares superiores tiene una importancia biomecánica enorme.

1. La cortical vestibular no es simplemente “el hueso de afuera”

Cuando observamos clínicamente el maxilar posterior, la cortical vestibular representa una de las paredes que contienen al diente dentro del proceso alveolar.

Para que un tercer molar se desplace hacia vestibular, esa pared debe permitir de alguna manera el movimiento.

Dependiendo de la situación puede ocurrir cierta:

deformación elástica,
expansión alveolar,
remodelación microscópica durante las maniobras repetidas,
o, si superamos su resistencia,

fractura.

Esto introduce una idea importante:

Durante la luxación no solamente estamos venciendo al diente; estamos interactuando mecánicamente con las paredes de su alveolo.

2. Cortical no significa simplemente “hueso duro”

En lenguaje cotidiano podríamos decir:

“La cortical es el hueso duro.”

Sirve como primera aproximación, pero anatómicamente podemos ser más precisos.

El hueso cortical posee una estructura más compacta y menor porosidad que el hueso trabecular.

Eso le proporciona propiedades mecánicas diferentes.

Sin embargo:

una cortical puede ser compacta y al mismo tiempo ser delgada.

Esto es fundamental.

Densidad y grosor no son lo mismo.

Una pared puede estar formada por hueso cortical relativamente compacto, pero tener poco espesor.

Por eso no debemos pensar:

cortical = gruesa = imposible de deformar.

3. La cortical vestibular superior y la mandibular no se comportan igual

Aquí podemos utilizar lo aprendido en la mandíbula.

En la región posterior mandibular solemos encontrar una arquitectura cortical considerablemente robusta, especialmente en determinadas zonas.

En el maxilar posterior, la cortical vestibular suele ser relativamente más delgada.

No significa que sea idéntica en todos los pacientes ni en todos los sitios.

Existe variabilidad.

Pero como principio anatómico general, el maxilar posterior presenta una arquitectura que suele ofrecer menos resistencia a la expansión que la mandíbula posterior.

Esto ayuda a explicar por qué muchos molares superiores pueden luxarse con fuerzas relativamente menores.

Pero aparece una paradoja:

Una estructura que ofrece menos resistencia también puede dañarse con menos carga.

4. Expansión alveolar

Éste es un concepto importante.

Durante una extracción, las paredes alveolares pueden experimentar cierta deformación.

Cuando aplicamos una fuerza progresiva y controlada al diente, parte del movimiento puede acompañarse de una pequeña expansión del alveolo.

No estamos viendo necesariamente una gran deformación macroscópica.

Estamos hablando del comportamiento mecánico del hueso bajo carga.

Podemos imaginar:

ANTES

   │   DIENTE   │

   │    ███     │

   │    ███     │

FUERZA CONTROLADA →

   │     DIENTE → │

   │       ███    │

   │       ███    │

             →

      pared vestibular

La idea no es que la cortical se convierta en una lámina de goma.

La idea es comprender que:

el hueso posee cierta capacidad de deformación antes de alcanzar su límite de falla.

5. Elasticidad no significa flexibilidad ilimitada

Aquí conviene distinguir dos conceptos.

Una estructura puede deformarse bajo una carga y después recuperar en cierta medida su forma.

Eso corresponde a su comportamiento elástico.

Pero si la carga supera determinados límites, el tejido puede sufrir daño estructural y finalmente:

fracturarse.

Podemos imaginar una progresión conceptual:

carga

↓

deformación

↓

límite de tolerancia

↓

daño / fractura

No necesitamos entrar todavía en ingeniería de materiales.

Lo importante quirúrgicamente es comprender:

Todo hueso tiene un límite.

6. ¿Por qué nos interesa especialmente la cortical vestibular?

Porque muchas maniobras quirúrgicas sobre molares superiores se realizan desde el acceso vestibular.

Desde allí podemos:

  • visualizar;
  • elevar tejidos;
  • colocar instrumentos;
  • realizar osteotomía cuando está indicada;
  • controlar determinadas trayectorias de luxación.

Además, desde una perspectiva de seguridad, generalmente tenemos mayor capacidad de visualización y control por vestibular que si intentáramos trabajar profundamente por palatino.

Esto adquirirá todavía más sentido cuando estudiemos la cortical palatina y las estructuras neurovasculares relacionadas con el paladar.

7. Una pared delgada puede ser una ventaja y un riesgo

Aquí aparece una idea quirúrgica interesante.

Si la cortical vestibular es relativamente delgada, puede ofrecer:

Ventaja

Menor resistencia a determinados movimientos controlados del diente.

Pero también:

Riesgo

Mayor posibilidad de:

  • fractura cortical;
  • desprendimiento de un fragmento;
  • pérdida innecesaria de hueso;
  • extensión de una fractura hacia regiones vecinas.

Por eso:

La facilidad con la que una estructura cede no significa que podamos dejar de respetarla.

8. ¿Qué pasa si el diente no se mueve?

Supongamos que tenemos un tercer molar superior.

Colocamos el elevador.

Aplicamos una fuerza controlada.

El diente no presenta el movimiento esperado.

Tenemos dos posibilidades de pensamiento.

Pensamiento simple

“Está duro. Necesito más fuerza.”

Pensamiento quirúrgico

“¿Qué está impidiendo el movimiento?”

Podría tratarse de:

  • anatomía radicular;
  • raíces divergentes;
  • curvaturas;
  • cantidad de hueso;
  • orientación del diente;
  • punto de apoyo;
  • dirección de nuestra fuerza;
  • una retención que todavía no hemos eliminado.

Esta segunda forma de pensar cambia nuestra conducta.

9. La cortical no siempre debe ser vencida por fuerza

Si identificamos que el hueso está impidiendo una trayectoria segura, existe otra posibilidad:

modificar deliberadamente la arquitectura ósea.

Eso es parte del fundamento de la osteotomía.

En lugar de aumentar indefinidamente la fuerza sobre el diente:

eliminamos estratégicamente una cantidad determinada de hueso para reducir la resistencia.

No profundizaremos todavía en técnica.

Pero quiero que desde ahora entiendas conceptualmente la osteotomía como:

una modificación controlada de la arquitectura para crear una trayectoria más favorable.

No simplemente como:

“quitar hueso alrededor de la muela.”

10. El hueso que quitamos tiene un costo

Aquí aparece otra idea importante.

Si podemos extraer un diente retirando 2 mm de hueso, no existe una razón automática para retirar 6 mm.

Cada milímetro de hueso eliminado representa tejido que el organismo tendrá que reparar y una modificación de la anatomía original.

Por eso la osteotomía ideal busca un equilibrio:

suficiente para permitir una extracción controlada

pero

tan conservadora como razonablemente sea posible.

La meta no es conservar absolutamente todo el hueso a cualquier costo.

La meta tampoco es eliminar hueso indiscriminadamente.

La meta es:

crear el espacio necesario con el menor costo biológico razonable.

11. La cortical vestibular también nos proporciona información táctil

Cuando trabajamos con un elevador o una fresa, el hueso transmite información.

Podemos percibir diferencias en:

  • resistencia;
  • dureza;
  • penetración;
  • vibración;
  • respuesta a la carga.

Con experiencia, esas sensaciones pueden ayudarnos a interpretar el territorio.

Pero hay que tener cuidado con una conclusión:

la sensación táctil no sustituye al diagnóstico.

No podemos determinar con precisión toda la anatomía simplemente porque “sentimos el hueso”.

La información táctil debe integrarse con:

exploración + visualización + imagen + anatomía + experiencia.

12. Grosor, densidad y calidad ósea no son sinónimos

Quiero dejar esto muy claro porque nos servirá durante todo el curso.

Grosor

¿Cuántos milímetros mide una estructura?

Densidad

¿Qué tan compacta o porosa es su arquitectura?

Calidad ósea

Concepto más amplio que integra distintas características estructurales y biológicas del hueso.

Por tanto, podemos tener:

una cortical delgada pero compacta

o

una región relativamente gruesa con abundante componente trabecular.

No debemos usar estas palabras como si significaran exactamente lo mismo.

13. El pilar cigomaticomaxilar

Ahora conectemos esto con el 1.7.1.

La resistencia del maxilar no es uniforme.

En la región donde el maxilar se relaciona con el hueso cigomático encontramos una arquitectura estructuralmente más robusta conocida dentro del sistema de pilares del macizo facial, particularmente el pilar cigomaticomaxilar.

No necesitamos estudiarlo todavía como tema independiente.

Solamente quiero introducir una idea:

La cortical vestibular posterior no tiene exactamente el mismo espesor ni el mismo comportamiento en toda su extensión.

Conforme cambiamos de región, cambia también la arquitectura que transmite las cargas.

Esto será importante cuando dejemos de pensar en “el maxilar” como una sola masa de hueso con propiedades uniformes.

14. ¿Qué estamos protegiendo?

Cuando trabajamos sobre la cortical vestibular no estamos protegiendo solamente esa pared.

También estamos intentando preservar:

el proceso alveolar,
el segundo molar,
la región alveolar posterior,
los tejidos blandos,
y la arquitectura necesaria para una cicatrización favorable.

Por eso una extracción técnicamente exitosa no debería evaluarse únicamente por:

“el diente salió completo.”

También debemos preguntarnos:

¿Qué ocurrió con los tejidos que dejamos atrás?

15. Un concepto que irá creciendo: cirugía por sustracción

Existe una diferencia enorme entre:

aumentar fuerza

y

reducir resistencia.

Supongamos:

DIENTE

██████

│    │

│    │ ← HUESO QUE RETIENE

│    │

Podemos intentar:

más fuerza → más fuerza → más fuerza

o podemos preguntarnos:

¿Qué estructura específica está impidiendo la trayectoria?

Y entonces modificarla de forma controlada.

Ésta será una de las bases de nuestra biomecánica:

Cuando sea apropiado, reducir resistencia puede ser más controlable que aumentar fuerza.

La indicación concreta dependerá del caso; no significa que todo diente resistente necesite osteotomía.

16. Relacionándolo con tu principio quirúrgico

Ya habíamos construido una regla:

Si la resistencia aumenta, cambia la estrategia antes de aumentar la fuerza.

Ahora podemos entender mejor por qué.

Porque si aumentamos fuerza sin comprender la resistencia, no sabemos cuál estructura llegará primero a su límite:

el ligamento periodontal,

la raíz,

la cortical vestibular,

el hueso distal

o incluso otra estructura que no pretendíamos cargar.

La fuerza por sí misma no decide qué debe ceder.

La arquitectura sí.

17. Mapa mental de la cortical vestibular

Quiero que al terminar este apartado puedas imaginar:

                    SENO MAXILAR

                         ↑

                 HUESO TRABECULAR

                         │

MEJILLA   →   │ CORTICAL │

               │VESTIBULAR│  [ ALVEOLO ]

               │          │  [ RAÍCES  ]

               │          │

                    ↑

             CAMPO QUIRÚRGICO

Y que cuando coloques un instrumento puedas preguntarte:

¿Estoy utilizando esta pared para facilitar una luxación controlada o estoy acercándola a su punto de fractura?

No siempre podremos conocer la respuesta perfectamente.

Pero empezar a hacer la pregunta cambia nuestra manera de operar.

Términos que debemos dominar

Hueso cortical
Componente óseo relativamente compacto que forma las paredes externas de numerosas regiones del hueso.

Hueso trabecular
Arquitectura interna formada por una red de trabéculas y espacios medulares.

Cortical vestibular
Pared cortical del proceso alveolar orientada hacia la mejilla.

Deformación elástica
Cambio de forma producido por una carga dentro de límites que no implican necesariamente una falla estructural permanente.

Fractura
Pérdida de continuidad estructural del hueso cuando las cargas superan su capacidad de resistencia.

Osteotomía
Corte o remoción controlada de hueso realizada con un objetivo quirúrgico.

Pilar cigomaticomaxilar
Región estructural del macizo facial que participa en la transmisión de cargas entre el maxilar y el complejo cigomático.

Reflexión

La cortical vestibular nos empieza a enseñar algo fundamental sobre cirugía.

El hueso no es simplemente un obstáculo.

Es una estructura biológica con determinadas propiedades mecánicas.

Puede resistir.

Puede deformarse.

Puede permitir movimiento.

Y también puede fracturarse.

Por eso el objetivo no consiste en descubrir cuánta fuerza somos capaces de producir con un elevador.

Consiste en aprender a reconocer cuánta resistencia necesitamos realmente vencer y cuál es la manera más controlada de hacerlo.

Cierre

El buen uso de la fuerza no consiste en aumentarla hasta que algo ceda; consiste en comprender qué debe ceder y qué debemos conservar.

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1.7.2 — Proceso alveolar posterior

En el apartado anterior ubicamos el tercer molar superior dentro del maxilar.

Ahora vamos a acercarnos.

El objetivo ya no es saber dónde está el maxilar en el cráneo, sino comprender qué hueso rodea directamente al tercer molar superior y cómo está organizado.

Esto será fundamental porque durante una extracción nuestras fuerzas no actúan únicamente sobre el diente.

Actúan sobre un sistema:

diente → ligamento periodontal → alveolo → hueso alveolar → resto del maxilar.

Comprender ese sistema nos ayudará posteriormente a interpretar qué ocurre cuando luxamos un tercer molar.

1. ¿Qué es el proceso alveolar?

El proceso alveolar del maxilar es la porción ósea que contiene y sostiene los dientes superiores.

Se desarrolla asociado a la dentición y contiene las cavidades donde se alojan las raíces:

los alveolos dentarios.

Por eso debemos diferenciar:

cuerpo del maxilar
→ porción central del hueso; contiene gran parte del seno maxilar.

proceso alveolar
→ porción inferior del maxilar especializada en contener los dientes.

En términos sencillos:

El cuerpo pertenece a la arquitectura general del maxilar; el proceso alveolar es la arquitectura ósea inmediata de nuestros dientes.

Para cirugía de terceros molares superiores, esta diferencia importa muchísimo.

2. El alveolo no es simplemente un agujero

Cuando extraemos un diente y observamos el espacio que queda, podemos imaginar el alveolo como una cavidad.

Pero anatómicamente es una estructura más compleja.

El alveolo está formado por paredes óseas que rodean las raíces y se relacionan con el ligamento periodontal.

En un molar multirradicular también encontramos hueso entre sus raíces.

Podemos construir esta imagen:

             CORONA

               │

          ┌────┴────┐

          │         │

        raíz       raíz

          │         │

          │ HUESO   │

          │ ENTRE   │

          │ RAÍCES  │

          │         │

          └─────────┘

             ALVEOLO

Ese hueso situado entre las raíces se denomina:

hueso interradicular o septo interradicular.

Y será biomecánicamente importante porque las raíces no siempre se comportan como una única estructura cilíndrica.

3. Hueso interradicular

En dientes multirradiculares existe hueso entre las raíces.

A esta región la llamamos hueso o septo interradicular.

Imaginemos dos situaciones extremas.

Raíces fusionadas

       \   /

        \ /

        ││

        ││

El conjunto radicular puede comportarse más parecido a una unidad.

Raíces divergentes

        \     /

         \   /

          \ /

Ahora existe hueso atrapado entre las raíces.

Para que el diente salga íntegro, esa anatomía tiene que permitir una trayectoria compatible con la salida.

Esto nos ayuda a comprender por qué:

la forma de las raíces modifica la biomecánica de la extracción.

Un diente no sale simplemente porque rompamos el ligamento periodontal.

También tiene que existir una trayectoria física por la cual su anatomía radicular pueda abandonar el alveolo.

4. Hueso interdental

Ahora distingamos otro término.

Interradicular significa:

entre las raíces del mismo diente.

Interdental significa:

entre dos dientes diferentes.

Por ejemplo, entre el segundo y el tercer molar superior existe hueso interdental.

Podemos representarlo así:

      2.º MOLAR          3.er MOLAR

          │                  │

        raíces             raíces

          │                  │

          │← HUESO →         │

          │ INTERDENTAL      │

Esta distinción parece pequeña, pero quiero que nuestro vocabulario quirúrgico sea preciso.

Interradicular = dentro del sistema radicular de un mismo diente.

Interdental = entre dientes vecinos.

5. Las paredes externas del proceso alveolar

El proceso alveolar también posee paredes externas.

En nuestro territorio posterior nos interesan especialmente:

cortical vestibular

y

cortical palatina.

Entre ellas encontramos hueso trabecular y las estructuras alveolares que contienen las raíces.

Simplificándolo muchísimo:

VESTIBULAR                           PALATINO

    │                                    │

    ▼                                    ▼

cortical       hueso/alveolo        cortical

    │           ┌─────────┐             │

    │           │ RAÍCES  │             │

    │           │         │             │

    └───────────┴─────────┴─────────────┘

En los siguientes apartados estudiaremos cada cortical por separado.

Por ahora solamente necesitamos entender que:

el diente está contenido entre paredes óseas con características diferentes.

6. El proceso alveolar no tiene un grosor uniforme

Aquí empezamos a entrar en pensamiento quirúrgico.

El hueso alrededor de un molar superior no presenta exactamente el mismo grosor en todas las direcciones.

Puede existir diferente cantidad de hueso:

  • vestibular;
  • palatino;
  • entre raíces;
  • entre dientes;
  • apicalmente;
  • distalmente.

Además, existe variación considerable entre pacientes.

Por eso una radiografía aparentemente sencilla no significa necesariamente que la arquitectura ósea sea sencilla.

Tenemos que empezar a pensar en volúmenes, no solamente en líneas radiográficas.

7. ¿Qué ocurre hacia distal del tercer molar?

Aquí llegamos a una zona especialmente importante.

El tercer molar es el último diente de la arcada.

Por lo tanto, mientras que hacia mesial tiene:

segundo molar + hueso interdental,

hacia distal ya no existe otro diente.

Encontramos la terminación posterior del proceso alveolar.

Esta región distal es precisamente la que posteriormente estudiaremos con mucho más detalle al hablar de:

tuberosidad alveolar.

Por ahora quiero que visualices una diferencia fundamental:

ANTERIOR                                      POSTERIOR

2.º MOLAR   hueso interdental   3.er MOLAR   hueso alveolar distal

   │               │                │                │

   ▼               ▼                ▼                ▼

[███]────────────[███]─────────────────────────────╯

Después del tercer molar, el proceso alveolar termina.

Eso tiene consecuencias biomecánicas.

8. El tercer molar está cerca del extremo de la estructura

Comparemos mentalmente un primer molar con un tercer molar.

Un primer molar se encuentra rodeado por una continuidad alveolar:

diente anterior — primer molar — diente posterior.

El tercer molar se encuentra en el extremo:

segundo molar — tercer molar — final del proceso alveolar.

Esto significa que su entorno posterior no posee exactamente la misma arquitectura que la de un diente situado en medio de la arcada.

Y aquí comienza a tener sentido por qué la región posterior puede comportarse de manera diferente cuando aplicamos fuerzas.

9. Cuando usamos un elevador, ¿qué estamos deformando?

Ésta es probablemente la pregunta más importante del apartado.

Durante una luxación dental solemos decir:

“Estoy moviendo el diente.”

Pero mecánicamente está ocurriendo más.

Cuando aplicamos una fuerza controlada, pueden producirse pequeñas deformaciones del hueso alveolar y cambios dentro del espacio periodontal que permiten aumentar progresivamente la movilidad.

El alveolo no es una estructura absolutamente rígida.

El hueso posee cierta elasticidad y capacidad de deformación.

La luxación controlada aprovecha parcialmente ese comportamiento.

Pero existe un límite.

Si la carga supera la capacidad de deformación de una estructura:

puede producirse una fractura.

Aquí aparece una diferencia crucial:

deformación controlada del alveolo
≠
fractura de un segmento alveolar.

10. El hueso puede convertirse en la estructura que cede

Supongamos que tenemos un tercer molar con raíces muy divergentes.

Intentamos luxarlo.

Pero la anatomía radicular dificulta su trayectoria de salida.

Continuamos aumentando la fuerza.

La energía tiene que transmitirse hacia algún lugar.

Podría ocurrir:

movimiento del diente

o

deformación alveolar

o

fractura radicular

o

fractura ósea.

Esto nos lleva a una idea central:

En una extracción no necesariamente cede primero la estructura que nosotros queremos que ceda.

Nuestro objetivo es conseguir movilidad dental controlada.

Pero si el hueso ofrece menos resistencia que el complejo radicular, puede comenzar a fallar el hueso antes que liberarse el diente.

11. Una observación clínica que cambia de significado

Ahora podemos reinterpretar una situación que ya has experimentado.

Colocas el elevador.

Aplicas fuerza.

El tercer molar comienza a moverse.

Pero observas que el hueso distal también se mueve.

Antes podríamos describirlo simplemente como:

“Se está quebrando la tuberosidad.”

Ahora podemos ser más precisos.

Primero debemos preguntarnos:

¿Qué porción anatómica se está movilizando?

Puede tratarse de una porción del proceso alveolar posterior, particularmente de su región distal.

Y todavía no significa necesariamente que toda la tuberosidad maxilar anatómica esté fracturándose.

Esta diferencia la desarrollaremos específicamente en 1.7.5.

12. Movimiento del diente vs. movimiento del complejo dentoalveolar

Ésta es una distinción que quiero que se convierta en parte de tu observación quirúrgica.

Situación A

El elevador produce movimiento.

El diente se desplaza progresivamente dentro del alveolo.

El hueso permanece estable.

Estamos aumentando la movilidad dental.

Situación B

El elevador produce movimiento.

Pero diente y una porción del hueso se desplazan juntos.

Ahora posiblemente estamos movilizando un:

segmento dentoalveolar.

Eso debe cambiar nuestra conducta.

No significa automáticamente que debamos abandonar la extracción.

Significa que debemos:

detenernos → visualizar → identificar → reevaluar.

Y sólo después decidir cómo continuar.

13. La importancia del punto de apoyo

El elevador no genera fuerza en el vacío.

Necesita interactuar con estructuras.

Por eso debemos saber:

dónde está apoyado,

sobre qué estructura transmite fuerza,

y

hacia dónde está dirigiendo el diente.

Una mala elección del punto de apoyo puede transmitir cargas innecesarias a:

  • hueso alveolar;
  • segundo molar;
  • corticales;
  • región alveolar posterior.

Especialmente importante:

El diente vecino no debe convertirse inadvertidamente en nuestro fulcro.

Más adelante, cuando estudiemos elevadores, entraremos profundamente en palancas, cuñas, rueda-eje, puntos de apoyo y vectores.

Aquí solamente estamos preparando la anatomía necesaria para entenderlo.

14. El proceso alveolar y el seno maxilar

Ahora agreguemos nuevamente la estructura superior.

Las raíces se encuentran dentro del proceso alveolar.

Por encima puede encontrarse el piso del seno maxilar.

Por tanto:

              SENO MAXILAR

                   │

             piso del seno

                   │

              hueso alveolar

             ┌─────┴─────┐

             │   raíces  │

             │    │ │    │

             │    │ │    │

             └───────────┘

                 ALVEOLO

La cantidad de hueso existente entre los ápices y el seno varía entre pacientes y entre dientes.

Esto significa que el proceso alveolar posterior tampoco posee siempre la misma dimensión vertical disponible.

Más adelante entenderemos cómo la neumatización del seno puede modificar esa relación.

15. El proceso alveolar es una estructura dinámica

Hay otra idea anatómica importante.

El proceso alveolar está íntimamente relacionado con la presencia de los dientes.

Después de perderlos, el proceso alveolar puede sufrir remodelación y reabsorción progresiva.

Esto nos recuerda que no estamos estudiando una arquitectura completamente fija.

Edad, dentición, pérdida dentaria, remodelación, anatomía individual y otras condiciones pueden modificar el territorio que encontramos.

Por eso:

la anatomía promedio sirve para orientarnos; la anatomía del paciente es la que operamos.

16. Nuestro nuevo mapa mental

Ahora quiero que cuando observes un tercer molar superior ya no veas solamente:

muela + hueso.

Quiero que empieces a separar mentalmente:

                 SENO

                  ↑

             hueso apical

                  │

VESTIBULAR → [ ALVEOLO ] ← PALATINO

                  │

          ┌───────┴───────┐

          │               │

      raíz            raíz

          \               /

           HUESO INTERRADICULAR

MESIAL

   ↓

2.º MOLAR

   ↕

HUESO INTERDENTAL

   ↕

3.er MOLAR

   ↓

HUESO ALVEOLAR DISTAL

   ↓

POSTERIOR

No pretende ser un dibujo anatómico exacto.

Es un mapa conceptual.

17. Preguntas quirúrgicas que empiezan a aparecer

Ahora, antes de luxar un tercer molar superior, podemos empezar a pensar:

¿Cómo son sus raíces?

¿Existe hueso entre ellas?

¿Cuánto hueso existe distalmente?

¿Qué pared alveolar probablemente permitirá movimiento?

¿Dónde estoy colocando mi elevador?

¿Qué estructura estoy utilizando como apoyo?

¿El diente está moviéndose independientemente?

¿O estoy comenzando a movilizar hueso junto con él?

Todavía no necesitamos responder todas estas preguntas perfectamente.

Lo importante es que empiecen a existir en nuestra cabeza.

Términos que debemos dominar

Proceso alveolar
Porción del maxilar que contiene y sostiene los alveolos dentarios.

Alveolo dental
Cavidad ósea donde se aloja la raíz del diente.

Hueso interradicular
Hueso situado entre las raíces de un mismo diente multirradicular.

Hueso interdental
Hueso situado entre dos dientes vecinos.

Cortical vestibular
Pared ósea externa orientada hacia la mejilla.

Cortical palatina
Pared ósea orientada hacia el paladar.

Segmento dentoalveolar
Conjunto formado por un diente y una porción de su hueso alveolar cuando se comportan o movilizan conjuntamente.

Reflexión

Cuando aplicamos un elevador no estamos actuando solamente sobre una muela.

Estamos introduciendo energía mecánica dentro de una arquitectura biológica.

Parte de esa energía puede producir el movimiento que buscamos.

Pero también puede transmitirse al hueso, al diente vecino, a una raíz o a otra estructura.

Por eso el aprendizaje quirúrgico no consiste únicamente en descubrir:

“cuánta fuerza necesito.”

Consiste en comprender:

“qué estructura está recibiendo esa fuerza y cómo está respondiendo.”

Cierre

El objetivo de la luxación no es hacer que algo se mueva. Es conseguir que se mueva la estructura que queremos mover, en la dirección que queremos moverla.

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Orientación tridimensional del maxilar-1.7.1 https://eduardogmz.com/orientacion-tridimensional-del-maxilar-1-7-1/ Mon, 05 Oct 2026 17:19:03 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2056

1.7.1 — Orientación tridimensional del maxilar

Antes de estudiar corticales, tuberosidades, seno maxilar o espacios profundos, necesitamos ser capaces de orientarnos dentro del maxilar.

En una radiografía panorámica observamos una representación bidimensional.

Durante una cirugía, sin embargo, trabajamos dentro de una estructura tridimensional.

El tercer molar superior no solamente tiene algo:

arriba, abajo, adelante y atrás.

También tiene estructuras:

hacia vestibular y hacia palatino.

Por eso, antes de preguntarnos cómo extraerlo, necesitamos construir mentalmente el hueso que lo contiene.

La primera meta será sencilla:

Saber en qué parte del maxilar estamos trabajando y qué existe alrededor de nosotros.

1. El maxilar no es solamente el hueso que sostiene los dientes

El maxilar es un hueso complejo que participa en la formación de diferentes regiones de la cara.

Contribuye, entre otras estructuras, a:

  • el piso de la órbita;
  • las paredes de la cavidad nasal;
  • el paladar duro;
  • el proceso alveolar que contiene los dientes;
  • y las paredes del seno maxilar.

Para comprender su arquitectura podemos imaginar un cuerpo central del cual parten diferentes procesos.

Para nosotros serán especialmente importantes:

cuerpo del maxilar
proceso alveolar
proceso palatino
proceso cigomático

y, posteriormente, la relación con estructuras vecinas.

2. Cuerpo del maxilar

El cuerpo del maxilar constituye la porción central del hueso.

Y aquí aparece algo fundamental:

Dentro del cuerpo del maxilar se encuentra el seno maxilar.

Esto cambia inmediatamente nuestra imagen mental.

El maxilar posterior no es simplemente una masa sólida de hueso situada sobre los molares.

Gran parte de esa región contiene una cavidad neumática.

Podemos imaginarlo de manera muy simplificada:

          ÓRBITA

            ↑

     ┌───────────────┐

     │               │

     │  SENO MAXILAR │

     │               │

     └───────────────┘

             ↓

       PROCESO ALVEOLAR

             ↓

          MOLARES

Esto explica por qué las raíces de los molares superiores pueden encontrarse relativamente próximas al piso del seno.

Pero todavía no estudiaremos esa relación en detalle.

Eso corresponde al 1.8 — Seno maxilar.

Por ahora necesitamos recordar:

Los molares están en el proceso alveolar; el seno está principalmente dentro del cuerpo del maxilar.

3. Proceso alveolar

El proceso alveolar es la porción inferior del maxilar que contiene los alveolos dentarios.

Aquí se encuentran nuestros molares.

Dentro de él encontramos:

alveolos
hueso interdental
hueso interradicular
cortical vestibular
cortical palatina

y finalmente, hacia posterior, la región alveolar distal relacionada con el tercer molar.

Esto nos permite hacer una distinción importante:

El diente no está alojado directamente en “el cuerpo del maxilar”; está contenido dentro del proceso alveolar.

Esta precisión será importante cuando posteriormente estudiemos fracturas de la región alveolar posterior.

4. ¿Dónde estamos realmente cuando extraemos un tercer molar superior?

Ahora coloquemos nuestro diente.

Tenemos:

                  SUPERIOR

                     ↑

              SENO MAXILAR

                     │

              piso del seno

                     │

             proceso alveolar

                     │

  ANTERIOR ←  2.º MOLAR — 3.er MOLAR  → POSTERIOR

                     │

                  cavidad oral

                     ↓

                  INFERIOR

Pero este dibujo todavía tiene solamente dos dimensiones.

Necesitamos agregar una tercera:

             PALATINO / MEDIAL

                    ↑

             [ TERCER MOLAR ]

                    ↓

           VESTIBULAR / LATERAL

                 MEJILLA

Ahora sí tenemos los tres ejes.

Superior ↔ inferior

Anterior ↔ posterior

Vestibular ↔ palatino

Esta orientación debe convertirse poco a poco en automática.

5. Proceso palatino

Desde el maxilar se proyecta medialmente el proceso palatino.

Los procesos palatinos derecho e izquierdo forman una gran parte del paladar duro anterior.

Esto significa que cuando hablamos de la cara palatina de un molar superior no estamos simplemente diciendo “el otro lado del diente”.

Estamos orientándonos hacia una arquitectura ósea que participa en la separación entre:

cavidad oral

y

cavidad nasal.

Para terceros molares, el proceso palatino no será normalmente nuestro principal campo de osteotomía, pero necesitamos saber dónde estamos espacialmente.

Además, posteriormente estudiaremos estructuras neurovasculares palatinas importantes.

6. Proceso cigomático

El maxilar también presenta un proceso cigomático, que se articula con el hueso cigomático.

Esta región contribuye al soporte lateral del tercio medio facial.

¿Por qué debería importarnos si estamos estudiando terceros molares?

Porque necesitamos dejar de imaginar el maxilar posterior como una lámina aislada.

Lateral y superiormente existe una arquitectura ósea más robusta relacionada con el pilar cigomaticomaxilar.

Esto ayuda a entender que el grosor y resistencia del hueso no son uniformes en todo el maxilar.

Hay regiones relativamente delgadas y otras estructuralmente más resistentes.

Más adelante esta diferencia tendrá importancia biomecánica.

7. La región posterior del maxilar

Ahora vayamos hacia donde realmente nos interesa.

Detrás del tercer molar superior llegamos al extremo posterior del proceso alveolar y posteriormente a la superficie posterior del maxilar.

Aquí debemos abandonar una imagen demasiado sencilla:

molar → hueso → fin

No.

La anatomía continúa.

Posteriormente encontramos relaciones con la fosa infratemporal y, más profundamente, con la región pterigomaxilar y los procesos pterigoideos.

Todavía no necesitamos aprender todo su contenido.

Por ahora solamente quiero que quede instalada esta idea:

Posterior al tercer molar superior existe una transición hacia territorios anatómicos profundos.

Esto será fundamental cuando posteriormente estudiemos el desplazamiento accidental de un tercer molar superior.

8. El tercer molar se encuentra cerca de una frontera anatómica

Ahora podemos apreciar algo interesante.

El tercer molar superior se encuentra prácticamente en el extremo posterior de la arcada dental.

Eso significa que alrededor de él tenemos territorios muy diferentes:

Hacia anterior

Segundo molar y resto del proceso alveolar.

Hacia superior

Proceso alveolar, piso del seno y seno maxilar, dependiendo de la anatomía individual.

Hacia vestibular

Cortical vestibular y tejidos blandos de la mejilla.

Hacia palatino

Cortical y tejidos palatinos.

Hacia posterior

Región posterior del maxilar y posteriormente territorios profundos como la fosa infratemporal.

Hacia inferior

Cavidad oral y nuestro acceso quirúrgico.

Por eso podemos pensar en el tercer molar superior como un diente situado cerca de una:

frontera anatómica tridimensional.

9. ¿Por qué importa esto cuando utilizamos un elevador?

Porque una fuerza siempre tiene dirección.

Si colocamos un elevador y producimos una fuerza:

hacia vestibular, estamos cargando determinadas estructuras.

Si dirigimos la fuerza:

hacia posterior, estamos orientando el diente hacia otro territorio.

Si la dirigimos:

hacia superior, debemos recordar que puede existir una relación próxima con el seno.

Y si utilizamos un punto de apoyo incorrecto, podemos transmitir fuerza hacia hueso o incluso hacia el segundo molar.

Esto no significa que cada movimiento produzca una complicación.

Significa que:

para comprender una maniobra necesitamos conocer tanto el punto de origen como la dirección de la fuerza.

10. Relación con el hueso cigomático

Ahora agreguemos otra referencia espacial.

El hueso cigomático se encuentra hacia:

lateral y superior respecto a gran parte de nuestro campo posterior.

Su unión con el maxilar forma parte de una región estructuralmente importante del tercio medio facial.

No necesitamos estudiar todavía todas las suturas.

Lo que quiero que empieces a visualizar es que, conforme nos desplazamos:

superior + lateralmente, nos acercamos al complejo cigomaticomaxilar.

Mientras que:

posteriormente, nos dirigimos hacia territorios infratemporales.

Y:

medialmente, nos orientamos hacia estructuras palatinas y nasales.

El maxilar tiene direcciones anatómicas con consecuencias diferentes.

11. Una diferencia importante con la mandíbula

En la mandíbula inferior podíamos imaginar una estructura ósea relativamente continua y robusta que contiene:

diente + conducto mandibular + corticales.

El maxilar posterior tiene otra configuración.

Tenemos:

hueso alveolar relativamente trabecular

debajo de una gran:

cavidad neumática — seno maxilar

y próximo a una:

región posterior abierta hacia territorios profundos.

Por eso la anatomía tridimensional adquiere una importancia especial.

Una raíz desplazada:

hacia superior

y una raíz desplazada:

hacia posterior

pueden terminar en territorios completamente diferentes.

La dirección importa.

12. Nuestro primer mapa tridimensional

Quiero que puedas reconstruir mentalmente esto sin necesidad de memorizar un dibujo.

Imagina un tercer molar superior.

Arriba: seno maxilar.

Abajo: cavidad oral.

Adelante: segundo molar.

Atrás: región posterior del maxilar y territorios profundos.

Hacia afuera: vestibular/mejilla.

Hacia adentro: palatino.

Ahora coloca el diente dentro del:

proceso alveolar.

Y coloca ese proceso unido al:

cuerpo del maxilar.

Eso ya constituye una representación tridimensional bastante útil.

13. Ejercicio mental

Antes de una cirugía de tercer molar superior, observa la radiografía e intenta hacer seis preguntas:

¿Qué tengo arriba?

¿Qué tengo abajo?

¿Qué tengo anterior?

¿Qué tengo posterior?

¿Qué tengo vestibular?

¿Qué tengo palatino?

No necesariamente podrás responderlas todas con una panorámica.

Y eso también es aprendizaje.

Una imagen bidimensional puede proporcionarnos mucha información, pero no convierte automáticamente nuestra anatomía en tridimensional.

Más adelante veremos cuándo necesitamos información adicional.

Términos que debemos dominar

Cuerpo del maxilar
Porción central del maxilar que contiene, entre otras estructuras, el seno maxilar.

Proceso alveolar
Porción del maxilar que contiene los alveolos dentarios.

Proceso palatino
Proyección medial del maxilar que forma gran parte del paladar duro.

Proceso cigomático
Proyección del maxilar que se articula con el hueso cigomático.

Vestibular
Dirección hacia la mejilla en nuestro campo posterior.

Palatino
Dirección hacia el paladar.

Anterior
Hacia el segundo molar y la región anterior de la arcada.

Posterior
Hacia el extremo posterior del maxilar y territorios profundos.

Reflexión

Una radiografía puede mostrarnos un tercer molar superior como una figura relativamente sencilla.

Pero el cirujano necesita transformar esa imagen en un territorio.

No basta con preguntar:

¿Dónde está el diente?

Tenemos que empezar a preguntarnos:

¿Dónde está el diente respecto a todo lo que lo rodea?

Porque cuando aplicamos una fuerza, perforamos hueso o desplazamos una estructura, no estamos trabajando sobre una imagen plana.

Estamos trabajando dentro de un espacio tridimensional.

Cierre

Antes de decidir cómo mover un tercer molar superior, debemos ser capaces de imaginar hacia dónde podría moverse.

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Arquitectura quirúrgica del maxilar posterior-1.7 https://eduardogmz.com/arquitectura-quirurgica-del-maxilar-posterior-1-7/ Thu, 27 Aug 2026 20:34:32 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2044

1.7 — Arquitectura quirúrgica del maxilar posterior

 

Hasta ahora hemos estudiado principalmente la mandíbula y las estructuras que rodean al tercer molar inferior.

Al pasar al tercer molar superior, debemos cambiar nuestra forma de pensar.

Aunque muchos terceros molares superiores pueden parecer técnicamente más sencillos de extraer, el maxilar posterior presenta una arquitectura completamente diferente a la mandíbula.

Aquí encontramos generalmente un hueso menos denso, corticales más delgadas, proximidad con el seno maxilar, una región alveolar posterior susceptible de fractura y, hacia posterior, territorios anatómicos profundos hacia los cuales un diente o una raíz podrían desplazarse.

Por eso, un tercer molar superior no debe entenderse simplemente como:

“un tercer molar inferior colocado arriba”.

Es otro territorio quirúrgico.

Un hueso con un comportamiento diferente

La mandíbula posterior suele presentar una estructura cortical considerablemente resistente.

En el maxilar posterior, por el contrario, encontramos generalmente hueso más trabecular y corticales relativamente delgadas.

Esta diferencia puede hacer que muchos dientes superiores respondan con mayor facilidad a las maniobras de luxación.

Pero menor resistencia no significa menor riesgo.

Una estructura ósea que ofrece menos resistencia también puede:

  • expandirse;
  • deformarse;
  • fracturarse;
  • desprenderse junto con el diente.

Por eso debemos abandonar una idea peligrosa:

Si el diente no sale, simplemente necesito aplicar más fuerza.

La fuerza solamente tiene sentido cuando comprendemos qué estructura la está recibiendo y qué movimiento estamos intentando producir.

El tercer molar forma parte de un sistema

Cuando colocamos un elevador sobre un tercer molar superior, nuestra fuerza no actúa únicamente sobre el diente.

Estamos actuando sobre un sistema formado por:

instrumento
↓
diente
↓
ligamento periodontal
↓
alveolo
↓
proceso alveolar
↓
estructuras anatómicas vecinas

Esto significa que cuando aplicamos fuerza pueden ocurrir diferentes cosas.

Puede comenzar a luxarse el diente.

Puede expandirse ligeramente el alveolo.

Puede fracturarse una raíz.

Puede comenzar a fracturarse una porción del proceso alveolar.

O el diente puede desplazarse en una dirección que no pretendíamos.

Por eso, durante una extracción, sentir movimiento no es suficiente.

Debemos intentar comprender:

¿Qué estructura se está moviendo?

La región alveolar posterior

El tercer molar superior se encuentra en el extremo posterior del proceso alveolar del maxilar.

Esta región merece especial atención.

En odontología tradicionalmente se ha utilizado ampliamente el término tuberosidad maxilar para describir la región ósea situada distal al último molar.

Sin embargo, anatómicamente conviene distinguir entre la tuberosidad maxilar propiamente dicha y la porción distal del proceso alveolar, para la cual se ha propuesto el término tuberosidad alveolar.

Esta distinción será importante para nosotros porque durante la extracción de un tercer molar puede movilizarse o fracturarse precisamente una porción de ese hueso alveolar posterior.

No necesariamente estamos fracturando toda la tuberosidad maxilar.

Podemos estar produciendo una fractura localizada de la región alveolar distal.

Una señal quirúrgica importante

Durante una luxación podemos sentir que algo comienza a ceder.

Nuestra primera interpretación puede ser:

“El diente ya está aflojando.”

Pero existe otra posibilidad:

el diente y el hueso que lo rodea están comenzando a moverse como una sola unidad.

Esa diferencia es fundamental.

Si el diente se moviliza independientemente del hueso, estamos consiguiendo la luxación que buscamos.

Si observamos que una porción importante del hueso alveolar comienza a acompañar al diente, debemos detenernos, visualizar y reevaluar la maniobra antes de continuar aumentando la fuerza.

La ausencia del movimiento que buscamos también es información.

La dirección de la fuerza importa

Todo elevador produce una fuerza con una determinada dirección.

Podemos llamarla vector de fuerza.

Antes de aplicar una fuerza importante debemos acostumbrarnos a preguntarnos:

¿Hacia dónde estoy intentando mover este diente y qué existe detrás de esa dirección?

Esta pregunta es especialmente importante en el maxilar posterior.

Porque alrededor del tercer molar encontramos diferentes territorios:

hacia vestibular: cortical y tejidos de la mejilla.

hacia palatino: cortical palatina y tejidos palatinos.

hacia superior: región relacionada con el seno maxilar.

hacia posterior: región posterior del maxilar y territorios anatómicos profundos.

Por eso una fuerza descontrolada no necesariamente termina solamente en una fractura.

También puede producir el desplazamiento accidental de una raíz o incluso de un tercer molar completo hacia un territorio vecino.

La anatomía radicular también determina la salida

No todos los terceros molares superiores pueden abandonar su alveolo siguiendo exactamente la misma trayectoria.

Podemos encontrar:

raíces fusionadas,

raíces divergentes,

raíces curvas,

raíces bulbosas,

raíces incompletamente desarrolladas

o relaciones muy próximas con estructuras vecinas.

Por eso, cuando un diente ofrece resistencia, debemos evitar interpretar automáticamente:

“Necesita más fuerza.”

Puede significar:

“La trayectoria que estoy intentando imponerle no corresponde con su anatomía.”

En ese momento puede ser más seguro cambiar la maniobra, mejorar la exposición, crear espacio o modificar nuestra estrategia.

Este principio será recurrente durante toda la formación:

Si una maniobra no está produciendo rápidamente el movimiento esperado, debemos preguntarnos por qué antes de simplemente aumentar la fuerza.

El seno maxilar

Por encima de nuestro territorio quirúrgico encontramos una de las estructuras más importantes de la cirugía posterior superior:

el seno maxilar.

Su tamaño, neumatización y relación con las raíces presentan una gran variabilidad entre pacientes.

En algunos casos existe una cantidad considerable de hueso entre las raíces y el piso del seno.

En otros, la separación puede ser mínima.

Por ahora solamente necesitamos incorporarlo a nuestro mapa mental.

Más adelante estudiaremos específicamente:

  • el piso del seno;
  • la membrana de Schneider;
  • la neumatización;
  • la relación raíz-seno;
  • las comunicaciones oroantrales;
  • y el desplazamiento de raíces hacia el seno.

¿Qué existe detrás del tercer molar?

Hacia posterior tampoco existe simplemente “más hueso”.

La región posterior del maxilar se relaciona con territorios anatómicos profundos que contienen músculos, vasos, nervios y espacios importantes.

Entre ellos encontraremos posteriormente la fosa infratemporal.

Por ahora no necesitamos dominarla.

Lo importante es empezar a construir una idea:

El tercer molar superior está situado cerca del límite entre la cavidad oral y territorios anatómicos profundos.

Por eso perder el control de la dirección de una fuerza puede significar perder también el control sobre hacia dónde se desplaza el diente.

La arquitectura antes que la técnica

Todavía no estamos aprendiendo cómo extraer un tercer molar superior.

Estamos haciendo algo previo.

Queremos conocer el recipiente anatómico que contiene al diente.

 

 

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Anatomía y diagnóstico quirúrgico-parte 2 https://eduardogmz.com/anatomia-y-diagnostico-quirurgico-parte-2/ Thu, 30 Jul 2026 03:39:40 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2024

PARTE II — MAXILAR

MÓDULO 1 — Anatomía y diagnóstico quirúrgico

PARTE II — MAXILAR

Objetivo de la Parte II

Al terminar esta parte deberíamos ser capaces de observar un tercer molar superior y construir mentalmente algo parecido a lo que ya conseguimos con el inferior:

diente → raíces → hueso → corticales → segundo molar → tuberosidad → seno maxilar → tejidos vestibulares/palatinos → estructuras neurovasculares → espacios profundos → posibles trayectorias de salida o desplazamiento.

Y entender una diferencia fundamental:

La mandíbula nos enseñó mucho sobre resistencia. El maxilar nos va a enseñar mucho sobre fragilidad, proximidad y control de la dirección.

1.7 — Arquitectura quirúrgica del maxilar posterior

Primero necesitamos conocer el recipiente óseo que contiene al tercer molar.

1.7.1 — Orientación tridimensional del maxilar

  • Cuerpo del maxilar.
  • Proceso alveolar.
  • Proceso palatino.
  • Relación con hueso cigomático.
  • Región posterior del maxilar.
  • Relación espacial con estructuras vecinas.

La meta será poder tomar mentalmente un maxilar y saber dónde estamos operando.

1.7.2 — Proceso alveolar posterior

  • Alveolos de molares.
  • Hueso interradicular.
  • Hueso interdental.
  • Cortical vestibular.
  • Cortical palatina.
  • Relación entre raíces y paredes óseas.

Aquí empieza nuestra pregunta habitual:

¿Qué hueso contiene al tercer molar y qué hueso puede estar reteniéndolo?

1.7.3 — Cortical vestibular

Estudiaremos:

  • espesor;
  • comportamiento;
  • diferencias respecto a mandíbula;
  • acceso quirúrgico vestibular;
  • respuesta a elevadores y osteotomía.

Quiero conectar esto directamente con el 1.3:

el mismo instrumento no necesariamente se comporta igual en hueso maxilar que mandibular.

1.7.4 — Cortical palatina

  • Arquitectura.
  • Espesor.
  • Relación con raíces palatinas.
  • Tejidos palatinos.
  • Estructuras neurovasculares próximas.
  • Riesgos de dirigir fuerzas hacia palatino.

Otra vez:

¿Qué existe detrás de la dirección hacia la que estoy empujando?

1.7.5 — Tuberosidad maxilar

Este será uno de los grandes temas del 1.7.

  • Qué es.
  • Dónde comienza y termina.
  • Relación con segundo y tercer molar.
  • Cantidad de hueso distal.
  • Variaciones anatómicas.
  • Fragilidad.
  • Fractura de tuberosidad.
  • Factores que pueden predisponerla.
  • Por qué una fuerza aparentemente útil puede movilizar hueso junto con el diente.

Aquí quiero que aparezca una idea:

No todo movimiento durante una extracción significa que el diente se está luxando. Debemos saber qué estructura se está moviendo.

1.7.6 — Región posterior y pterigoides

Empezaremos a orientarnos respecto a:

  • proceso pterigoideo;
  • láminas pterigoideas;
  • región pterigomaxilar;
  • estructuras profundas posteriores.

No necesitamos convertirnos en anatomistas de base de cráneo, pero sí entender qué existe detrás de la tuberosidad.

1.7.7 — Arquitectura y biomecánica

Integraremos:

hueso menos corticalizado + tuberosidad + seno + raíces + dirección de fuerza.

Preguntas:

¿Por qué algunos superiores parecen “ceder” fácilmente?

¿Por qué otros fracturan raíces?

¿Por qué puede fracturarse la tuberosidad?

¿Por qué un tercer molar puede desplazarse hacia un espacio profundo?

Y especialmente:

¿cuándo debemos dejar de aumentar fuerza y cambiar nuestra estrategia?

1.8 — Seno maxilar

Este capítulo merece ser prácticamente un pequeño módulo dentro del módulo.

Porque el seno no es solamente “ese espacio negro arriba de los molares”.

1.8.1 — Qué es el seno maxilar

  • Cavidad neumática.
  • Localización.
  • Paredes.
  • Piso.
  • Relación con cavidad nasal.
  • Desarrollo y cambios con la edad.

1.8.2 — Membrana de Schneider

  • Qué es.
  • Revestimiento del seno.
  • Características básicas.
  • Por qué importa quirúrgicamente.
  • Qué ocurre cuando se perfora.

Quiero que podamos diferenciar mentalmente:

hueso del piso sinusal ≠ membrana sinusal.

1.8.3 — Piso del seno maxilar

  • Forma.
  • Variabilidad.
  • Descenso entre raíces.
  • Septos.
  • Neumatización.
  • Relación con molares posteriores.

1.8.4 — Neumatización

Este concepto quiero que quede dominado.

  • Qué significa.
  • Cómo cambia el seno después del desarrollo y pérdida dentaria.
  • Por qué algunos pacientes presentan muchísimo seno alrededor de raíces posteriores.
  • Implicaciones quirúrgicas.

1.8.5 — Relación raíz-seno

Aquí estudiamos:

  • raíces aparentemente dentro del seno;
  • raíces realmente separadas por hueso;
  • superposición radiográfica;
  • proximidad real;
  • protrusión hacia el seno;
  • diferencias entre panorámica y CBCT.

Pregunta:

¿La raíz realmente está dentro del seno o solamente parece estarlo en una imagen 2D?

1.8.6 — Comunicación oroantral

Todavía no aprenderemos toda la reparación, porque eso corresponde también a complicaciones.

Aquí comprenderemos:

  • qué es;
  • cómo puede producirse;
  • diferencia entre comunicación y fístula oroantral;
  • factores anatómicos;
  • por qué el tamaño y el estado del seno importan.

1.8.7 — Desplazamiento de raíces hacia el seno

  • Cómo puede ocurrir.
  • Qué anatomía lo permite.
  • Por qué perseguir una raíz puede empeorar la situación.
  • Importancia de detenerse y reevaluar.

Esto conecta directamente con nuestro principio del Módulo 0:

Una complicación crea un nuevo problema y, por tanto, requiere un nuevo diagnóstico.

1.8.8 — Lectura radiográfica del seno

Sin adelantarnos completamente al 1.12/1.13:

  • continuidad del piso;
  • relación aparente con raíces;
  • neumatización;
  • alteraciones que deben llamar la atención;
  • cuándo la imagen 2D deja preguntas importantes.

1.9 — Nervios, vasos y espacios anatómicos del maxilar posterior

Aquí completamos el territorio.

Así como en mandíbula terminamos entendiendo qué existía fuera del hueso, haremos lo mismo arriba.

1.9.1 — Nervios alveolares superiores

Introduciremos el sistema:

  • posterior superior;
  • medio, cuando existe;
  • anterior superior.

Para terceros molares nos interesa especialmente el:

nervio alveolar superior posterior.

Queremos saber:

de dónde viene → por dónde pasa → qué inerva → por qué importa.

1.9.2 — Nervio palatino mayor

  • Origen.
  • Trayecto.
  • Foramen palatino mayor.
  • Territorio sensitivo.
  • Relación con tejidos palatinos posteriores.
  • Relevancia anestésica y quirúrgica.

Otra vez empezaremos a conectar anatomía con anestesia sin enseñar todavía la técnica.

1.9.3 — Vasculatura posterior

Aquí sí quiero que entendamos por qué puede aparecer un sangrado importante.

  • arteria maxilar;
  • ramas alveolares posteriores superiores;
  • arteria palatina mayor;
  • vasos relacionados con la región posterior;
  • anatomía vascular relevante para incisiones y cirugía.

No necesitamos memorizar un árbol arterial gigantesco.

Necesitamos saber:

¿Qué vaso importante podría encontrar aquí y de dónde podría venir un sangrado inesperado?

1.9.4 — Plexo venoso pterigoideo

Este probablemente será uno de esos conceptos que muchos dentistas recuerdan vagamente de la universidad.

Lo reconstruiremos:

  • qué es;
  • dónde está;
  • con qué se comunica;
  • por qué importa;
  • relación con región posterior maxilar.

1.9.5 — Fosa infratemporal

Tema importantísimo.

  • ubicación tridimensional;
  • límites básicos;
  • contenido relevante;
  • relación con tuberosidad y tercer molar superior.

No quiero memorizar paredes por examen.

Quiero que cuando alguien diga:

“El tercer molar se desplazó hacia la fosa infratemporal”

sepamos exactamente hacia dónde desapareció.

1.9.6 — Fosa pterigopalatina

La estudiaremos al nivel necesario para cirugía oral:

  • dónde está;
  • conexiones;
  • estructuras neurovasculares;
  • por qué anatómicamente importa.

Sin profundizar innecesariamente en neuroanatomía que no cambie nuestra cirugía.

1.9.7 — Espacios fasciales relacionados

  • bucal;
  • infratemporal;
  • temporal;
  • otros espacios relevantes de propagación.

Y volveremos a nuestra idea:

los espacios no son cavidades vacías; son territorios potenciales por donde pueden propagarse infección, sangre o cuerpos extraños.

1.9.8 — Desplazamiento del tercer molar superior

Aquí juntaremos todo.

Un diente o fragmento puede desplazarse:

hacia seno maxilar

o

hacia regiones posteriores/profundas, dependiendo de anatomía y dirección de fuerzas.

Estudiaremos qué anatomía hace posible cada escenario.

No todavía cómo recuperarlo.

Primero:

¿Dónde puede ir y por qué?

1.9.9 — Integración neurovascular

Al final deberíamos poder mirar el maxilar posterior y visualizar:

vestibular → tejidos blandos → cortical → molar/raíces → seno

palatino → mucosa → paquete palatino → cortical palatina

posterior → tuberosidad → región pterigomaxilar → fosa infratemporal → estructuras neurovasculares

Ahí el maxilar dejará de ser simplemente “el hueso de arriba”.

Entonces la Parte II completa queda así

PARTE II — MAXILAR

1.7 — Arquitectura quirúrgica del maxilar posterior
Orientación → proceso alveolar → cortical vestibular → cortical palatina → tuberosidad → pterigoides → biomecánica.

1.8 — Seno maxilar
Anatomía → Schneider → piso → neumatización → relación raíz-seno → comunicación oroantral → desplazamiento de raíces → imagen.

1.9 — Nervios, vasos y espacios anatómicos
Alveolar superior posterior → palatino mayor → vasos → plexo pterigoideo → fosa infratemporal → pterigopalatina → espacios → desplazamientos.

Y hay una diferencia pedagógica que me gustaría conservar entre ambas partes:

Parte I — Mandíbula: entender principalmente resistencia, conducto, nervios y espacios.
Parte II — Maxilar: entender principalmente fragilidad, seno, vascularización y espacios profundos.

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MÚSCULOS, NERVIO BUCAL Y ESPACIOS ANATÓMICOS MANDIBULARES-1.6 https://eduardogmz.com/musculos-nervio-bucal-y-espacios-anatomicos-mandibulares-1-6/ Mon, 27 Jul 2026 04:05:05 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2011

1.6 — Músculos, nervios y espacios anatómicos mandibulares

Hasta este momento hemos estudiado principalmente la arquitectura ósea de la mandíbula y dos estructuras neurológicas de especial importancia: el nervio alveolar inferior y el nervio lingual.

Sin embargo, la cirugía de un tercer molar inferior no ocurre únicamente dentro del hueso.

Alrededor de la mandíbula existen músculos, fascias, tejidos fibrosos, nervios, vasos y espacios anatómicos que participan en el acceso quirúrgico y ayudan a explicar fenómenos clínicos como el dolor, el trismus, la propagación de infecciones, el sangrado y el desplazamiento accidental de fragmentos.

Nuestro objetivo no será memorizar todas estas estructuras de manera aislada.

Queremos comprender:

qué existe alrededor de la mandíbula y por qué puede importar durante una cirugía de tercer molar.

La región retromolar

Inmediatamente posterior al último molar encontramos la región retromolar.

Clínicamente podemos observar la almohadilla retromolar; por debajo y alrededor de ella existe una organización anatómica más compleja que incluye mucosa, tejido conectivo, periostio, componentes glandulares, inserciones musculares y tendinosas y estructuras neurovasculares.

En esta región se relacionan, entre otras estructuras:

  • el trígono retromolar;
  • la cresta temporal;
  • fibras relacionadas con el tendón del músculo temporal;
  • el buccinador;
  • el rafe pterigomandibular;
  • el nervio bucal;
  • y, hacia medial, estructuras linguales que debemos proteger.

Esto explica por qué durante una incisión y elevación retromolar podemos encontrar tejidos con características diferentes.

Algunos son fácilmente separables del hueso.

Otros pueden sentirse más gruesos, firmes o fibrosos.

No todo aquello que encontramos detrás del último molar es simplemente “encía”.

Anatomía profunda vs. realidad quirúrgica

Conocer esta anatomía no significa que durante cada cirugía debamos detenernos a identificar el origen exacto de cada fibra.

Una cirugía convencional requiere crear un acceso adecuado, elevar los tejidos necesarios, obtener visibilidad y posteriormente reposicionarlos.

Durante este proceso necesariamente se interrumpen pequeños vasos, terminaciones nerviosas, tejido conectivo y, dependiendo del diseño y extensión del acceso, algunas fibras musculares, tendinosas o aponeuróticas.

Los tejidos posteriormente atraviesan un proceso normal de:

inflamación → reparación → formación de tejido conectivo → remodelación.

La cicatrización no necesariamente reconstruye cada fibra exactamente en su configuración anatómica original, pero permite recuperar continuidad y función del tejido.

El propósito de estudiar profundamente la anatomía no es convertir cada cirugía en una disección anatómica.

Es comprender suficientemente el territorio para saber:

dónde podemos trabajar, cuánto necesitamos exponer y hacia dónde no debemos avanzar innecesariamente.

El músculo temporal y su extensión hacia la región retromolar

El músculo temporal se origina ampliamente en la fosa temporal y converge hacia un tendón que se inserta principalmente alrededor de la apófisis coronoides.

Sin embargo, su inserción no debe imaginarse simplemente como un pequeño tendón terminado en la punta de la coronoides.

Existen extensiones tendinosas que descienden por la cresta temporal y borde anterior de la rama mandibular hacia la región retromolar.

Esto ayuda a explicar la presencia de tejido firme y fibroso en esta región.

Desde una perspectiva quirúrgica, lo importante no es necesariamente identificar cada una de estas fibras durante la elevación.

Lo importante es reconocer que la región retromolar contiene inserciones fibrosas y musculotendinosas normales.

El rafe pterigomandibular

El rafe pterigomandibular es una estructura fibrosa/aponeurótica que sirve como zona de unión entre dos músculos:

buccinador anteriormente

y

constrictor superior de la faringe posteriormente.

Superiormente se relaciona con el hamulus pterigoideo y hacia inferior alcanza la región posterior mandibular relacionada con el trígono retromolar y la línea milohioidea.

Clínicamente debemos diferenciar dos conceptos:

rafe pterigomandibular: estructura fibrosa profunda.

pliegue pterigomandibular: relieve mucoso que podemos observar intraoralmente.

La anatomía de esta región presenta variaciones y puede existir continuidad entre diferentes componentes fibrosos y tendinosos.

Por ello, durante una cirugía no siempre será posible —ni necesario— determinar visualmente si una banda fibrosa determinada corresponde exactamente al rafe, al tendón temporal o a otro componente del tejido retromolar.

La importancia de conocerlos está en comprender el territorio en el que estamos trabajando.

El buccinador

El músculo buccinador forma gran parte de la pared muscular de la mejilla.

Posteriormente se relaciona con el rafe pterigomandibular y se inserta también en regiones alveolares del maxilar y la mandíbula.

Aunque frecuentemente pensamos en él simplemente como “el músculo del cachete”, tiene relevancia quirúrgica porque forma parte de los tejidos vestibulares que rodean nuestro acceso posterior.

También nos ayuda a comprender otra estructura importante:

el nervio bucal largo.

Nervio bucal largo

El nervio bucal, frecuentemente llamado nervio bucal largo, es una rama sensitiva de la división mandibular del trigémino:

Trigémino (V)
↓
Mandibular (V3)
↓
Nervio bucal largo

Debemos evitar confundirlo con las ramas bucales del nervio facial (VII).

Son estructuras diferentes.

El nervio bucal largo proporciona sensibilidad a tejidos de la región vestibular posterior mandibular, incluyendo mucosa y encía relacionadas con los molares.

Esto explica una situación clínica frecuente.

Podemos haber bloqueado correctamente el nervio alveolar inferior (NAI) y tener los dientes anestesiados.

Podemos haber anestesiado también el nervio lingual y tener parte de la lengua dormida.

Pero el paciente todavía puede percibir dolor durante una incisión o manipulación vestibular posterior.

¿Por qué?

Porque ese territorio puede depender del:

nervio bucal largo.

Por eso este nervio suele requerir anestesia complementaria durante cirugía de terceros molares inferiores.

La técnica exacta la estudiaremos posteriormente en el módulo de anestesia.

Tres nervios, tres territorios

Llegados a este punto debemos empezar a distinguir automáticamente tres estructuras:

Nervio alveolar inferior — NAI

Dentro de la mandíbula.

Pensamiento rápido:

dientes inferiores → conducto mandibular → labio inferior y mentón mediante sus ramas terminales.

Nervio lingual

Medial a la mandíbula, en tejidos blandos.

Pensamiento rápido:

lengua → encía lingual → piso de boca → posible alteración sensitiva/gustativa si se lesiona.

Nervio bucal largo

Territorio vestibular posterior.

Pensamiento rápido:

mucosa y encía vestibular de molares inferiores.

Esta diferenciación será fundamental cuando posteriormente estudiemos anestesia.

La línea milohioidea ahora adquiere función

Anteriormente identificamos la línea milohioidea en la superficie medial de la mandíbula.

Ahora podemos comprender por qué importa.

En ella se origina el:

músculo milohioideo.

Los músculos milohioideos derecho e izquierdo forman gran parte del piso muscular de la boca.

Podemos imaginarlo como una especie de hamaca muscular debajo de la lengua.

Esta estructura nos ayudará a comprender dos espacios anatómicos importantes.

Espacio sublingual

Se encuentra principalmente por encima del músculo milohioideo.

Está relacionado con estructuras del piso de boca.

Desde nuestro punto de vista quirúrgico adquiere importancia porque infecciones o fragmentos desplazados hacia lingual pueden alcanzar esta región.

Espacio submandibular

Se encuentra principalmente por debajo del milohioideo, relacionado con la superficie medial del cuerpo mandibular.

La relación entre las raíces dentarias posteriores, la cortical lingual y la inserción del milohioideo ayuda a determinar si una infección que perfora la cortical lingual puede extenderse predominantemente hacia el espacio:

sublingual

o

submandibular.

Ahora podemos entender por qué la línea milohioidea no es simplemente un accidente anatómico que debemos memorizar.

Es una referencia que ayuda a comprender la geografía de las infecciones odontogénicas.

Masetero y pterigoideo medial

La rama y el ángulo mandibular se encuentran relacionados lateralmente con el:

músculo masetero

y medialmente con el:

músculo pterigoideo medial.

Podemos imaginarlos como una especie de cabestrillo muscular alrededor de la mandíbula:

MASETERO

↓

RAMA Y ÁNGULO MANDIBULAR

↑

PTERIGOIDEO MEDIAL

Ambos forman parte del aparato masticatorio y de la anatomía relacionada con espacios profundos de la región mandibular.

Su inflamación, irritación o participación en procesos infecciosos puede contribuir a:

dolor, limitación de apertura y trismus.

Los espacios anatómicos no son cavidades vacías

Cuando hablamos de espacio sublingual, submandibular, bucal o masticador, la palabra “espacio” puede generar una imagen incorrecta.

No se trata normalmente de grandes cavidades vacías.

Son espacios fasciales potenciales que contienen tejido y estructuras anatómicas.

Adquieren importancia clínica cuando:

edema, sangre, pus, aire o algún cuerpo extraño

se introduce o se propaga a través de ellos.

Esto explica por qué una infección odontogénica puede abandonar la región inmediata del diente y manifestarse en zonas aparentemente alejadas.

El espacio masticador

Los músculos de la masticación y sus fascias delimitan un territorio profundo denominado espacio masticador.

Dentro de este complejo anatómico se encuentran estructuras relacionadas con:

  • masetero;
  • pterigoideos;
  • temporal;
  • rama mandibular.

Una infección que alcanza estos territorios puede producir dolor profundo y trismus importante.

Más adelante estudiaremos las infecciones odontogénicas y sus rutas de propagación con mucho mayor detalle.

Por ahora queremos comprender por qué esas rutas existen.

Desplazamiento accidental de dientes y raíces

Los espacios anatómicos también importan por otra razón.

Durante la extracción de un tercer molar, una raíz, un fragmento o incluso un diente completo puede desplazarse fuera de su posición original.

El destino dependerá de:

  • la anatomía;
  • integridad de las corticales;
  • posición del diente;
  • dirección de la fuerza;
  • y estructuras vecinas.

Por eso debemos incorporar una pregunta antes de aplicar una fuerza importante:

¿Qué existe detrás de la estructura hacia la que estoy empujando?

Una fuerza controlada en una dirección incorrecta continúa siendo una fuerza peligrosa.

Foramen y canal retromolar

Finalmente debemos recordar una variante anatómica que ya introdujimos.

En algunos pacientes puede existir un:

foramen retromolar

conectado con un:

canal retromolar.

Puede contener elementos neurovasculares accesorios y presentar conexiones con el sistema del conducto mandibular.

No necesitamos buscar obsesivamente esta variante en cada cirugía.

Pero conocer su existencia nos recuerda un principio fundamental:

La anatomía real del paciente puede contener estructuras que no aparecen en nuestro esquema anatómico ideal.

Puede tener relevancia en determinados casos de sangrado, anestesia incompleta o alteraciones sensitivas.

Anatomía aplicada al levantamiento del colgajo

Ahora podemos regresar a una situación cotidiana.

Durante una cirugía de tercer molar inferior realizamos una incisión y elevamos un colgajo para obtener acceso.

En la práctica, el objetivo no es identificar individualmente cada fibra muscular, tendinosa o aponeurótica que encontramos.

El objetivo es crear un acceso suficiente y controlado.

En términos generales buscamos:

incidir → identificar un plano adecuado → elevar lo necesario → obtener visibilidad → proteger estructuras importantes → realizar la cirugía → reposicionar los tejidos → permitir cicatrización.

Podemos encontrar fibras resistentes durante este proceso.

El conocimiento anatómico nos permite entender por qué existen.

Pero no debemos convertir una cirugía en una disección innecesaria para identificarlas.

Al mismo tiempo, conocer profundamente el territorio nos ayuda a reconocer cuándo estamos abandonando el plano que necesitamos o avanzando hacia una región que no necesitamos intervenir.

Especialmente hacia lingual, donde sabemos que puede encontrarse el nervio lingual.

La meta puede resumirse así:

Conocer mucho más de lo que necesitamos exponer.

El mapa anatómico que debemos llevar en la cabeza

Después de terminar la Parte I podemos comenzar a visualizar el tercer molar inferior dentro de un territorio tridimensional:

VESTIBULAR

mejilla
↓
buccinador
↓
nervio bucal largo
↓
periostio
↓
cortical vestibular
↓
hueso trabecular
↓
TERCER MOLAR
↓
relación con conducto mandibular
↓
NAI

y hacia medial:

cortical lingual
↓
tejidos linguales
↓
nervio lingual
↓
piso de boca
↓
milohioideo
↓
espacios sublingual/submandibular

Mientras que hacia distal encontramos:

región retromolar → inserciones fibrosas y tendinosas → cresta temporal → rafe/pliegue pterigomandibular → variantes neurovasculares retromolares.

Ahora sí estamos empezando a visualizar una cirugía en tres dimensiones.

Términos que debemos dominar

NAI: nervio alveolar inferior.

Nervio lingual: rama sensitiva de V3 relacionada principalmente con sensibilidad general de los dos tercios anteriores de la lengua y tejidos linguales.

Nervio bucal largo: rama sensitiva de V3 relacionada con tejidos vestibulares posteriores mandibulares.

Rafe pterigomandibular: estructura fibrosa relacionada con buccinador y constrictor superior de la faringe.

Milohioideo: músculo fundamental del piso de boca.

Espacios fasciales: territorios anatómicos potenciales por los que pueden propagarse procesos infecciosos, líquidos o cuerpos extraños.

Foramen/canal retromolar: variante anatómica neurovascular de la región retromolar.

Reflexión

No necesitamos pensar conscientemente en cada una de estas estructuras durante cada segundo de una cirugía.

Ese no es el propósito de estudiar anatomía profundamente.

Queremos estudiarla hasta que parte de este conocimiento termine incorporándose a nuestra manera natural de operar.

Cuando levantamos un colgajo no necesitamos nombrar cada fibra.

Pero debemos saber qué territorio estamos abriendo.

Cuando colocamos un elevador no necesitamos recitar la anatomía.

Pero debemos saber qué existe detrás de la dirección en la que aplicamos fuerza.

Cuando encontramos resistencia no necesitamos detenernos a dar una clase.

Pero debemos tener suficiente conocimiento para preguntarnos qué puede estar produciéndola.

La anatomía bien aprendida eventualmente deja de sentirse como información que debemos recordar.

Se convierte en criterio quirúrgico.

Cierre de la Parte I — Mandíbula

No estudiamos anatomía para nombrar cada estructura mientras operamos. La estudiamos para que nuestras manos sepan hasta dónde pueden avanzar incluso cuando nuestros ojos no pueden ver todo lo que existe alrededor.

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NERVIO LINGUAL Y ANATOMÍA LINGUAL-1.5 https://eduardogmz.com/nervio-lingual-y-anatomia-lingual-1-5/ Mon, 27 Jul 2026 03:11:47 +0000 https://eduardogmz.com/?p=2003

1.5 — Nervio lingual y anatomía lingual

En el apartado anterior estudiamos el nervio alveolar inferior (NAI).

Aprendimos que entra a la mandíbula por el foramen mandibular y posteriormente viaja protegido dentro del conducto mandibular.

Ahora vamos a estudiar otro nervio que nace también de V3, pero cuyo comportamiento anatómico es completamente diferente:

el nervio lingual.

Y existe una diferencia que quiero instalar desde el principio:

NAI → entra al hueso.
Nervio lingual → permanece principalmente en tejidos blandos.

Eso hace que los riesgos quirúrgicos sean diferentes.


1. Empecemos nuevamente desde V3

Recordemos nuestra ruta:

Nervio trigémino (V)
↓
División mandibular (V3)
↓
y entre sus ramas encontramos:

nervio alveolar inferior

y

nervio lingual

Ambos se originan de la división mandibular del trigémino, pero posteriormente toman caminos diferentes.

Esto ya nos permite construir nuestro primer mapa:

V3

↙︎ NAI → hueso/conducto mandibular

↘︎ LINGUAL → tejidos blandos mediales → lengua


2. ¿Por dónde viaja el nervio lingual?

Después de originarse de V3 en la fosa infratemporal, el nervio lingual desciende relacionado con los músculos pterigoideos y pasa entre la cara medial de la rama mandibular y el músculo pterigoideo medial.

Posteriormente llega a una región que nos interesa muchísimo:

la región del tercer molar inferior.

Ahí pasa próximo a la superficie lingual de la mandíbula antes de continuar hacia el piso de boca y la lengua.

Quiero que lo visualices:

TERCER MOLAR

cortical lingual

tejidos blandos linguales

nervio lingual

Es decir:

del otro lado de nuestra cortical lingual existe un nervio importante que puede encontrarse sorprendentemente cerca del campo quirúrgico.


3. ¿Qué tan cerca puede estar?

Aquí aparece una de las razones por las que este nervio merece tanto respeto.

Su posición varía considerablemente entre personas.

En un estudio anatómico clásico de 669 nervios, aproximadamente 22% estaban directamente en contacto con la cortical lingual, y alrededor del 14% se encontraron por encima de la cresta lingual en la región del tercer molar.

No quiero que memorices esos porcentajes.

Quiero que recuerdes el concepto:

No debemos asumir que la cortical lingual siempre nos proporciona un gran margen de seguridad respecto al nervio lingual.

En algunos pacientes puede encontrarse muy próximo.

Y nosotros no podemos verlo directamente en una panorámica convencional.


4. ¿Qué sensibilidad transporta?

Aquí quiero hacer una distinción muy importante.

El nervio lingual proporciona sensibilidad general principalmente a:

  • los dos tercios anteriores de la lengua;
  • la encía lingual mandibular;
  • mucosa del piso de boca.

¿Qué significa sensibilidad general?

Cosas como:

tacto, presión, temperatura y dolor.

Entonces:

Nervio lingual = gran parte de la sensibilidad general de los 2/3 anteriores de la lengua.

Pero ahora viene algo interesante.


5. ¿Y el sabor?

Aquí tenemos que introducir otro nervio.

El nervio lingual por sí mismo no origina las fibras del gusto.

Existe una rama del nervio facial (VII par craneal) llamada:

cuerda del tímpano (chorda tympani)

que se une al nervio lingual.

Las fibras gustativas provenientes de los dos tercios anteriores de la lengua viajan acompañando al nervio lingual después de esa unión.

Por eso podemos hacer una simplificación mental muy útil:

LINGUAL
→ sensibilidad general de la lengua

CUERDA DEL TÍMPANO
→ gusto

pero durante parte del recorrido:

viajan juntas.

Y la cuerda del tímpano además transporta fibras parasimpáticas relacionadas con las glándulas submandibular y sublingual.

Esto explica por qué una lesión importante del nervio lingual puede afectar no solamente la sensibilidad, sino también el gusto.


6. Entonces, ¿qué sentiría el paciente si lesionamos el nervio lingual?

Ahora la anatomía empieza a convertirse en clínica.

Dependiendo del tipo y gravedad de la lesión, el paciente podría reportar:

“Tengo dormido este lado de la lengua.”

“Siento hormigueo.”

“Me arde.”

“La comida me sabe diferente.”

Puede haber hipoestesia, parestesia, anestesia o disestesia del territorio afectado y, debido a las fibras de la cuerda del tímpano que acompañan al nervio, también alteraciones gustativas.

Esto nos da una diferencia clínica muy útil:

Lesión NAI
→ piensa principalmente labio inferior + mentón.

Lesión lingual
→ piensa principalmente lengua + encía lingual + posible alteración del gusto.

Ya empezamos a separar mentalmente los dos nervios.


7. ¿Por qué podemos lesionarlo durante un tercer molar?

Porque estamos trabajando exactamente en su vecindario.

Durante una cirugía inferior pueden existir situaciones potencialmente peligrosas:

una incisión demasiado lingual,

elevación o manipulación traumática de tejidos linguales,

perforación de la cortical lingual,

instrumentos que se desplazan hacia lingual,

odontosección o fresado mal controlados,

fragmentos óseos,

o maniobras realizadas sin conocer qué existe detrás de esa cortical.

La cirugía del tercer molar mandibular es una causa reconocida de lesión del nervio lingual.

Esto conecta directamente con algo que tú ya haces:

proteger la trayectoria potencial de un instrumento.

Más adelante estudiaremos específicamente qué protección es apropiada para cada maniobra.


8. La cortical lingual ahora adquiere otro significado

En 1.2 dijimos:

Vestibular puede representar resistencia; lingual puede representar vulnerabilidad.

Ahora ya entendemos mejor por qué.

Cuando retiramos hueso vestibular estamos modificando principalmente una barrera mecánica.

Cuando nos aproximamos innecesariamente hacia lingual, podemos acercarnos a:

cortical lingual → periostio/tejidos blandos → nervio lingual.

Por eso la dirección de una fresa, elevador o fragmento importa.

No basta con controlar cuánta fuerza utilizamos.

Debemos controlar:

hacia dónde estamos enviando esa fuerza.


9. ¿Debemos levantar y proteger el nervio lingual?

Aquí quiero evitar enseñarte una regla simplista.

Históricamente existen técnicas que elevan un colgajo lingual y utilizan un retractor para proteger esa región, mientras que otros abordajes buscan evitar manipular el lado lingual.

La evidencia no permite reducir esto simplemente a:

“siempre retraer”

o

“nunca retraer”.

Revisiones han encontrado diferencias según la técnica y el tipo de retractor utilizado, y la manipulación lingual también puede introducir riesgo.

Así que no resolveremos la técnica aquí.

Cuando lleguemos a colgajos y protección quirúrgica estudiaremos:

qué abordajes existen,

qué evidencia tienen,

cuándo se utilizan,

qué instrumento se utiliza

y cuáles son sus riesgos.

Por ahora basta comprender qué estamos intentando proteger.


10. El nervio lingual no lo vemos en la panorámica

Esto lo diferencia bastante del NAI.

Con el nervio alveolar inferior tenemos una referencia ósea:

el conducto mandibular.

Podemos observarlo radiográficamente y estudiar su relación con las raíces.

Con el nervio lingual no tenemos una línea radiográfica equivalente que nos diga:

“el nervio está exactamente aquí.”

Su trayecto por tejidos blandos y su variabilidad hacen que tengamos que trabajar utilizando conocimiento anatómico y principios de protección.

Esto me parece un concepto quirúrgico enorme:

No todo aquello que debemos proteger puede verse en nuestra radiografía.


11. La lengua no es solamente el nervio lingual

Aquí también quiero prevenir otra confusión.

El nervio lingual no mueve la lengua.

La movilidad de la mayoría de los músculos de la lengua depende principalmente del:

nervio hipogloso — XII par craneal.

El lingual es fundamentalmente sensitivo en este contexto.

Entonces:

Lingual → sentir.

Hipogloso → mover.

Cuerda del tímpano → gusto, viajando durante parte de su trayecto con el lingual.

Esa pequeña separación mental nos va a ahorrar confusiones futuras.


12. Ahora conectémoslo con anestesia

Esto te va a gustar porque empieza a ordenar aquello que me preguntaste anteriormente.

Cuando realizamos un bloqueo convencional del nervio alveolar inferior, al retirar parcialmente la aguja puede depositarse anestésico para bloquear también el nervio lingual.

Por eso después de una anestesia mandibular el paciente puede decir:

“También tengo dormida media lengua.”

Eso tiene una explicación anatómica.

El nervio lingual pasa relativamente próximo al NAI en esa región antes de continuar hacia la lengua.

Cuando lleguemos al módulo de anestesia lo reconstruiremos milímetro por milímetro.

Por ahora solamente quiero que pienses:

si se duerme media lengua, ahora sé qué nervio estoy observando clínicamente.


13. Las cinco preguntas quirúrgicas

¿Dónde está?

En tejidos blandos mediales a la mandíbula, pasando muy próximo a la región lingual del tercer molar antes de dirigirse hacia piso de boca y lengua.

¿Qué relación tiene con mi cirugía?

Puede encontrarse muy próximo a la cortical lingual y al campo quirúrgico del tercer molar inferior.

¿Cómo modifica mi técnica?

Nos obliga a respetar el territorio lingual y controlar cuidadosamente instrumentos, incisiones, fresado y vectores de fuerza.

¿Cómo puedo lesionarlo?

Mediante trauma directo o indirecto durante incisión, elevación, retracción, fresado, perforación lingual o desplazamiento de instrumentos/fragmentos.

¿Qué ocurre si lo lesiono?

Pueden aparecer alteraciones sensitivas de la lengua y encía lingual y, debido a las fibras de la cuerda del tímpano que lo acompañan, alteraciones del gusto.


Términos que debemos dominar

V3
División mandibular del nervio trigémino.

Nervio lingual
Rama de V3 que proporciona sensibilidad general a los dos tercios anteriores de la lengua, encía lingual y regiones del piso de boca.

Cuerda del tímpano
Rama del nervio facial (VII) cuyas fibras se unen al nervio lingual y transportan, entre otras, información gustativa de los dos tercios anteriores de la lengua.

Hipogloso (XII)
Principal nervio motor de la lengua.

Y mantengamos fresco el anterior:

NAI = nervio alveolar inferior.


La imagen mental que quiero que te quede

Si solamente recordaras una imagen de este 1.5, quiero que sea esta:

V3
↓
NERVIO LINGUAL
↓
pasa por MEDIAL DE LA MANDÍBULA
↓
se acerca mucho a la REGIÓN DEL TERCER MOLAR
↓
continúa al PISO DE BOCA
↓
llega a los 2/3 ANTERIORES DE LA LENGUA

Y si lesionamos:

NAI → labio/mentón

LINGUAL → lengua

Esa distinción quiero que termine siendo automática.

Reflexión

El nervio lingual nos enseña algo importante sobre anatomía quirúrgica:

podemos encontrarnos muy cerca de una estructura importante sin poder verla.

Por eso conocer anatomía no consiste solamente en reconocer aquello que aparece en una radiografía.

También significa saber qué puede existir detrás de nuestros tejidos y nuestros instrumentos.

Cierre

La ausencia de una estructura en la radiografía no significa ausencia de riesgo. El cirujano también debe aprender a proteger aquello que sabe que existe aunque no pueda verlo.

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