0.10 — El propósito de esta formación
Llegados a este punto, es importante detenernos y recordar por qué estamos haciendo todo esto.
El propósito de esta formación no es únicamente aprender a extraer terceros molares.
Tampoco consiste en acumular técnicas, memorizar clasificaciones o aprender una serie de movimientos que después podamos repetir de manera automática.
Todo eso será necesario.
Estudiaremos anatomía, diagnóstico, imagenología, anestesia, instrumental, tejidos, colgajos, osteotomía, odontosección, biomecánica, farmacología, complicaciones y cuidados postoperatorios.
Pero todo ese conocimiento tendrá un propósito mayor:
aprender a comprender profundamente aquello que hacemos.
Encontrar algo que merezca nuestra dedicación
Dentro de una profesión tan amplia como la odontología existen muchos caminos posibles.
En algún momento podemos encontrar uno que despierta una curiosidad diferente.
Algo que disfrutamos hacer.
Algo que queremos seguir estudiando incluso después de haber aprendido a realizarlo.
Para mí, los terceros molares comenzaron a ocupar ese lugar.
La extracción de terceros molares es un procedimiento que muchos profesionales pueden realizar.
Precisamente por eso surge una pregunta interesante:
¿Qué ocurre cuando alguien decide no conformarse únicamente con saber hacerlo?
¿Qué ocurre si decide estudiar cada detalle?
Comprender profundamente la anatomía.
Perfeccionar su técnica.
Analizar sus errores.
Documentar sus casos.
Entender sus complicaciones.
Revisar constantemente la evidencia.
Mejorar la experiencia del paciente.
Y repetir ese proceso durante años.
El objetivo no es demostrar que otros no pueden hacerlo.
Tampoco proclamarnos mejores que los demás.
El objetivo es descubrir hasta dónde podemos llevar una disciplina cuando decidimos tratarla con verdadera dedicación.
Hacer algo que muchos pueden hacer, pero intentar hacerlo de una manera excepcionalmente cuidadosa, profesional y bien comprendida.
Primero comprender
A lo largo de esta formación habrá una pregunta que aparecerá constantemente:
¿Por qué?
¿Por qué este tercer molar necesita extraerse?
¿Por qué este caso será más difícil?
¿Por qué realizar este colgajo?
¿Por qué retirar hueso aquí y no allá?
¿Por qué utilizar este instrumento?
¿Por qué elegir este punto de apoyo?
¿Por qué el diente está ofreciendo resistencia?
¿Por qué seccionar?
¿Por qué continuar?
¿Por qué detenernos?
¿Por qué medicar?
¿Por qué no medicar?
¿Por qué referir?
No queremos aprender únicamente respuestas.
Queremos comprender las razones que existen detrás de ellas.
Porque cuando comprendemos el principio, dejamos de depender exclusivamente de una receta y comenzamos a desarrollar criterio.
De la teoría a las manos
El conocimiento por sí solo tampoco forma a un cirujano.
Llegará un momento en que aquello que estudiamos tendrá que encontrarse con la realidad clínica.
Una radiografía se convertirá en un paciente.
Una clasificación se convertirá en una posición real.
Un esquema anatómico se convertirá en tejidos que debemos proteger.
Una raíz dibujada en un libro se convertirá en resistencia transmitida a nuestras manos.
Y alguna complicación que estudiamos tranquilamente en una página puede convertirse algún día en una decisión que tendremos que tomar bajo presión.
Por ello, esta formación buscará conectar constantemente:
teoría → planificación → ejecución → observación → reflexión.
La teoría prepara la práctica.
La práctica pone a prueba nuestra comprensión.
La reflexión permite aprender de ambas.
No acumular cirugías: acumular experiencia comprendida
Realizar cien cirugías no necesariamente significa haber aprendido cien lecciones.
La experiencia adquiere verdadero valor cuando prestamos atención a lo ocurrido.
Después de cada procedimiento podemos preguntarnos:
¿Qué había planeado?
¿Qué ocurrió realmente?
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
¿Qué no había comprendido?
¿Dónde encontré resistencia?
¿En qué momento tuve que cambiar?
¿Utilicé más fuerza de la necesaria?
¿Qué haría diferente si mañana tuviera exactamente el mismo caso?
Incluso una cirugía aparentemente sencilla puede enseñarnos algo.
El objetivo no será simplemente acumular extracciones.
Será acumular experiencia comprendida.
Construir criterio propio
Estudiaremos libros.
Revisaremos literatura científica.
Aprenderemos de cirujanos con mayor experiencia.
Compararemos técnicas.
Analizaremos nuestros casos.
Y también cuestionaremos nuestras propias ideas.
El objetivo será integrar progresivamente todo ese conocimiento hasta desarrollar un criterio clínico propio, fundamentado y dispuesto a cambiar cuando aparezca una mejor explicación o nueva evidencia.
Tener criterio propio no significa hacer las cosas simplemente “a nuestra manera”.
Significa poder responder una pregunta fundamental:
¿Por qué estoy tomando esta decisión?
Cirujano, maestro y ser humano
Esta formación pretende desarrollar simultáneamente tres dimensiones.
El cirujano, capaz de diagnosticar, planificar y ejecutar procedimientos con conocimiento, técnica y seguridad.
El maestro, capaz de comprender suficientemente aquello que hace como para explicarlo de manera sencilla y fundamentada a otra persona.
Y el ser humano, consciente de que detrás de cada radiografía existe una persona que está depositando su confianza en nuestras decisiones.
Ninguna de estas dimensiones debería crecer a costa de las demás.
La habilidad sin criterio puede ser peligrosa.
El conocimiento sin práctica es insuficiente.
Y la capacidad técnica sin humanidad puede hacernos olvidar para quién estamos trabajando.
La excelencia como dirección
Probablemente nunca exista un momento en nuestra formación en el que podamos decir:
“Ya no tengo nada que mejorar.”
Y quizá sea mejor así.
La excelencia no necesita entenderse como un lugar al que finalmente llegamos.
Puede entenderse como una dirección.
Intentar comprender un poco más.
Planificar un poco mejor.
Utilizar menos fuerza.
Proteger mejor los tejidos.
Comunicarnos mejor con el paciente.
Reconocer antes una dificultad.
Tomar mejores decisiones.
Y después volver a hacerlo.
No necesitamos proclamarnos excelentes.
Nuestro trabajo deberá hablar por nosotros.
Prepararnos para enseñar
Existe finalmente una intención especial detrás de este recorrido.
Primero estamos construyendo esta formación para nosotros mismos.
Queremos estudiar profundamente, ordenar el conocimiento, llevarlo a la práctica, documentar casos, reconocer errores, cuestionar nuestras ideas y contrastarlas con la evidencia.
No tenemos prisa por enseñar algo que todavía estamos aprendiendo a comprender.
Primero queremos merecer la responsabilidad de enseñarlo.
Con el tiempo, aquello que haya sido estudiado, practicado, cuestionado y comprendido podrá transformarse en enseñanza para otros.
Y quizá algún día este trabajo permita que otro dentista comprenda en menos tiempo algo que a nosotros nos tomó años descubrir.
Ahí esta formación habrá dejado de pertenecernos completamente.
Habremos dejado una semilla.
Reflexión
El objetivo de este recorrido no será llegar al punto en que podamos decir:
“Sé sacar terceros molares.”
Queremos poder decir algo mucho más profundo:
“Comprendo lo que estoy haciendo. Puedo explicar por qué lo hago. Reconozco aquello que todavía no sé y tengo la disciplina para seguir aprendiendo.”
Encontramos algo que nos gusta hacer.
Ahora tenemos la oportunidad de descubrir hasta dónde podemos llevarlo si decidimos dedicarle estudio, práctica, paciencia y respeto.
No necesitamos hacerlo mejor que alguien más.
Necesitamos descubrir qué tan bien somos capaces de hacerlo nosotros.
Muchos pueden hacerlo. Mi responsabilidad es descubrir hasta dónde puedo llegar si decido hacerlo impecablemente bien.
Y quizá esa sea la mejor manera de comenzar este camino:
primero formaremos la mente que tomará las decisiones; después, las manos capaces de ejecutarlas.
