CONTROL EMOCIONAL DURANTE LA CIRUGía-0.7

0.7 — Control emocional durante la cirugía

La cirugía no pone a prueba únicamente los conocimientos y las habilidades manuales del cirujano. También pone a prueba su capacidad para mantenerse estable cuando las circunstancias cambian.

Mientras todo ocurre conforme al plan, pensar con claridad suele resultar sencillo.

El verdadero reto aparece cuando algo deja de suceder como esperábamos.

Un procedimiento comienza a prolongarse.

El diente no se moviliza.

Una raíz se fractura.

Aparece un sangrado inesperado.

La anestesia comienza a perder efectividad.

El paciente se muestra cansado, inquieto o asustado.

El acceso resulta más difícil de lo previsto.

En esos momentos pueden aparecer frustración, preocupación, presión o prisa.

Estas respuestas son humanas. El problema comienza cuando empiezan a dirigir nuestras decisiones.

Mantener la capacidad de pensar

El control emocional no significa no sentir tensión.

Significa conservar la capacidad de observar, interpretar y decidir a pesar de ella.

Cuando aumenta la presión, existe el riesgo de acelerar movimientos, aumentar innecesariamente la fuerza, insistir en una maniobra o tomar decisiones con menor análisis.

Precisamente cuando una cirugía se vuelve más difícil es cuando más necesitamos conservar nuestra capacidad de pensar.

Por eso, ante una dificultad, el primer objetivo no siempre debe ser resolverla inmediatamente.

Primero debemos comprender qué está ocurriendo.

¿Qué cambió?

¿Qué estoy observando?

¿Qué riesgo existe si continúo?

¿Qué alternativas tengo?

¿Necesito mejorar la anestesia, el acceso o la visibilidad?

¿Debo cambiar de instrumento o de maniobra?

¿Es seguro continuar?

Recuperar estas preguntas ayuda a recuperar el control de la situación.

El paciente también forma parte del escenario emocional

El cirujano no trabaja solo con anatomía.

Trabaja con una persona consciente de lo que está ocurriendo.

El paciente puede sentir miedo, cansancio, incomodidad o preocupación al percibir que el procedimiento está tomando más tiempo de lo esperado.

También observa nuestras expresiones, escucha nuestras palabras y percibe cambios en nuestra conducta.

Por ello, mantener una comunicación tranquila forma parte del manejo quirúrgico.

No significa ocultar lo que ocurre ni ofrecer falsas garantías.

Significa comunicar con claridad, seguridad y serenidad.

Una explicación sencilla puede disminuir considerablemente la ansiedad:

“Todo está bien. Esta parte está ofreciendo un poco más de resistencia de lo esperado, así que voy a cambiar la forma de trabajar para hacerlo con seguridad.”

La manera en que nos comunicamos puede modificar la cooperación del paciente y, por lo tanto, también las condiciones en las que estamos operando.

La prisa modifica las decisiones

Durante una cirugía pueden existir presiones externas.

Otros pacientes esperando.

El cansancio.

Una agenda retrasada.

El deseo de terminar.

La percepción de que el procedimiento “ya debería haber terminado”.

Pero la anatomía no conoce nuestra agenda.

Un procedimiento debe recibir el tiempo que necesita para realizarse con seguridad.

Cuando aparece la prisa, es importante reconocerla porque puede favorecer decisiones que normalmente no tomaríamos.

Aumentar la fuerza para intentar terminar antes.

Reducir la observación.

Insistir demasiado.

Omitir una comprobación.

La velocidad puede llegar con la experiencia.

La prisa no debería formar parte de la técnica.

Frustración y fuerza

Existe una relación que merece especial atención.

Cuando una maniobra no funciona repetidamente, puede aparecer frustración.

Y cuando aparece frustración, puede surgir la tendencia a aumentar la fuerza.

Ese momento es especialmente peligroso.

La fuerza debe responder a una decisión biomecánica, no a una reacción emocional.

Si comenzamos a ejercer más presión simplemente porque queremos que el diente finalmente se mueva, hemos dejado de utilizar la fuerza como instrumento y comenzamos a utilizarla como respuesta a nuestra frustración.

Reconocer ese momento permite detener la escalada.

Observar nuevamente.

Cambiar de posición.

Cambiar de instrumento.

Modificar el acceso.

Realizar más osteotomía o sección cuando esté indicada.

O simplemente detenernos unos segundos para volver a analizar el caso.

Una complicación no debe provocar otra

Cuando ocurre una complicación, aparece un nuevo escenario.

Una raíz fracturada, por ejemplo, puede generar inmediatamente el impulso de recuperarla.

Pero la existencia de una complicación no significa que debamos resolverla a cualquier costo.

Ahora debemos realizar nuevamente el proceso de juicio:

¿Cuál es el riesgo de dejarla?

¿Cuál es el riesgo de intentar retirarla?

¿Dónde se encuentra?

¿Qué estructuras existen alrededor?

¿Tengo acceso suficiente?

¿Tengo el instrumental y la experiencia necesarios?

¿Necesito información adicional?

El objetivo deja de ser cumplir exactamente el plan original.

El objetivo vuelve a ser proteger al paciente.

Una complicación ya ocurrida no debe empujarnos emocionalmente a provocar una segunda complicación intentando corregir la primera.

Controlar el ambiente

El dominio propio también se refleja en la manera en que el cirujano dirige el entorno.

Las instrucciones al asistente deben mantenerse claras.

Los movimientos deben continuar siendo deliberados.

La comunicación debe evitar transmitir alarma innecesaria.

El instrumental debe mantenerse organizado.

Y si es necesario detenerse brevemente para recuperar visibilidad, irrigar, aspirar, cambiar de instrumento o simplemente reconsiderar el procedimiento, debe hacerse.

Detener el movimiento durante unos momentos no significa perder el control.

A veces es precisamente la manera de recuperarlo.

La serenidad también se entrena

El control emocional no aparece automáticamente con los años.

Puede desarrollarse mediante experiencia consciente.

Después de una cirugía difícil conviene preguntarse:

¿En qué momento sentí presión?

¿Cómo reaccioné?

¿Cambió mi manera de utilizar los instrumentos?

¿Comencé a apresurarme?

¿Transmití mi tensión al paciente o al equipo?

¿Hubo un momento en el que debí detenerme antes?

Así como analizamos nuestras decisiones técnicas, también podemos analizar nuestra conducta bajo presión.

Con el tiempo, reconocer nuestras propias respuestas permite intervenir sobre ellas antes de que afecten el procedimiento.

Reflexión

El cirujano no puede controlar completamente la anatomía, las dificultades inesperadas ni la respuesta del paciente.

Pero sí puede trabajar en controlar su propia respuesta frente a ellas.

Cuando la cirugía se complica, la serenidad deja de ser simplemente una cualidad personal y se convierte en una herramienta de seguridad.

El conocimiento permite reconocer el problema.

La técnica proporciona alternativas.

El dominio propio permite utilizarlas con claridad.


Cuando aumenta la dificultad, no debe aumentar la prisa.
Debe aumentar la atención.

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