SENSIBILIDAD Y LECTURA QUIRÚRGICA-0.6

0.6 — Sensibilidad y lectura quirúrgica

Aquí entraríamos en algo que ya has empezado a notar clínicamente: el cirujano no solamente ve lo que está ocurriendo; también aprende a sentirlo e interpretarlo a través de sus instrumentos.


0.6 — Sensibilidad y lectura quirúrgica

Una parte importante de la cirugía puede aprenderse mediante libros, imágenes, clases y estudios anatómicos.

Sin embargo, existe otra parte del conocimiento quirúrgico que comienza a desarrollarse cuando las manos entran en contacto con los tejidos.

Con la experiencia, el cirujano empieza a reconocer diferencias que pueden resultar difíciles de describir inicialmente:

la resistencia del hueso,

la movilidad de un diente,

la expansión del alveolo,

la sensación de una raíz que todavía permanece retenida,

la diferencia entre ejercer una fuerza útil y una fuerza que comienza a ser peligrosa.

Esta información llega al cirujano principalmente a través del tacto y de los instrumentos.

Desarrollar la capacidad para reconocerla forma parte del aprendizaje quirúrgico.

El instrumento también transmite información

Un elevador no solamente sirve para producir movimiento.

También permite sentir resistencia.

Una fresa no solamente elimina hueso.

La manera en que corta proporciona información sobre la densidad y el comportamiento del tejido.

Un fórceps no solamente sujeta un diente.

Permite percibir su movilidad, su respuesta a diferentes movimientos y, en determinadas situaciones, la existencia de alguna resistencia radicular.

Por ello, el instrumental puede entenderse como una extensión de las manos del cirujano.

A través de él no solamente ejercemos fuerzas.

También recibimos información.

Aprender a distinguir las resistencias

No toda resistencia significa lo mismo.

Un diente puede no movilizarse debido a:

  • hueso que todavía lo retiene;
  • una raíz curva o divergente;
  • una odontosección incompleta;
  • una trayectoria de salida incorrecta;
  • falta de espacio;
  • un punto de apoyo inadecuado;
  • anatomía radicular compleja;
  • o condiciones como anquilosis o hipercementosis.

Al inicio de la formación, muchas de estas situaciones pueden sentirse simplemente como:

“El diente no sale.”

Con mayor experiencia, el objetivo será comenzar a distinguir:

“El diente no sale, y necesito comprender qué está produciendo esa resistencia.”

Ese cambio es importante.

La sensación comienza a transformarse en información.

Ver, sentir e interpretar

La radiografía proporciona información que nuestras manos no pueden obtener.

Nuestras manos, a su vez, pueden revelar información que una imagen bidimensional no siempre muestra completamente.

Una curvatura radicular en sentido vestibular o lingual, por ejemplo, puede resultar difícil de apreciar en determinadas proyecciones.

Durante la luxación, el comportamiento del diente puede aportar nuevas pistas sobre esa anatomía.

Por ello, el razonamiento quirúrgico debe integrar continuamente tres procesos:

ver, sentir e interpretar.

La imagen orienta.

El tacto informa.

El conocimiento permite interpretar ambos.

La sensibilidad no significa operar “por sensación”

Es importante establecer una diferencia.

Desarrollar sensibilidad quirúrgica no significa sustituir el conocimiento por intuición.

La sensación sin conocimiento puede conducir a interpretaciones equivocadas.

La verdadera lectura táctil aparece cuando aquello que sentimos puede relacionarse con anatomía, biomecánica y experiencia.

Por eso esta capacidad no puede enseñarse únicamente mediante palabras.

Debe desarrollarse progresivamente mediante práctica consciente.

Fuerza controlada

La cirugía requiere fuerza.

El objetivo no es eliminarla, sino utilizar la cantidad y dirección necesarias para producir un efecto controlado.

El cirujano debe aprender progresivamente a reconocer cuándo la fuerza está generando movimiento útil y cuándo simplemente está acumulando tensión sobre una estructura.

Esa diferencia puede ser pequeña.

Pero puede separar una luxación controlada de una fractura inesperada.

Por ello, desarrollar sensibilidad también significa aprender a reconocer cuándo disminuir la fuerza, cambiar su dirección o abandonar una maniobra.

La experiencia consciente

Realizar muchas cirugías no garantiza por sí solo desarrollar sensibilidad quirúrgica.

Es necesario prestar atención a lo que ocurre durante ellas.

¿Qué sentí justo antes de que el diente comenzara a movilizarse?

¿Cómo respondió el hueso?

¿Qué movimiento permitió finalmente la salida?

¿Qué sensación apareció antes de una fractura radicular?

¿Qué habría podido interpretar antes?

Estas preguntas convierten la experiencia en aprendizaje.

Con el tiempo, pequeñas sensaciones que inicialmente parecían irrelevantes comienzan a adquirir significado.

Y esa información pasa a formar parte del criterio del cirujano.

Reflexión

El cirujano aprende anatomía con los ojos, pero durante la cirugía también comienza a conocerla con las manos.

La sensibilidad quirúrgica se desarrolla cuando dejamos de utilizar los instrumentos únicamente para actuar y comenzamos también a utilizarlos para escuchar lo que los tejidos nos están comunicando.

No sustituye al conocimiento.

Lo complementa.


Las manos del cirujano no solamente ejecutan una técnica.
También deben aprender a sentir, reconocer e interpretar.

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