del operador tÉcnico al cirujano que piensa-0.8

0.8 — Del operador técnico al cirujano que piensa

Al comenzar a realizar cirugía, es natural concentrarse principalmente en la técnica.

¿Cómo hago la incisión?

¿Dónde coloco el elevador?

¿Qué fórceps utilizo?

¿Cuánto hueso retiro?

¿En qué dirección debo luxar?

Estas preguntas son necesarias. El cirujano necesita aprender procedimientos, instrumentos y movimientos antes de poder ejecutarlos correctamente.

Sin embargo, con el tiempo debe ocurrir una transformación.

El objetivo deja de ser únicamente aprender qué hacer y comienza a ser comprender por qué hacerlo.

Ahí comienza la transición del operador técnico al cirujano que piensa.

Aprender una técnica no es lo mismo que comprenderla

Una técnica puede memorizarse.

Podemos aprender que determinado colgajo se realiza de cierta manera, que una fresa se utiliza para determinada osteotomía o que un elevador debe colocarse en una posición específica.

Pero memorizar una secuencia tiene una limitación:

funciona mientras el caso se comporte como el caso que aprendimos.

La cirugía real presenta variaciones.

La posición del diente cambia.

Las raíces cambian.

El hueso cambia.

El acceso cambia.

El paciente cambia.

Por eso, aprender únicamente una secuencia de movimientos puede dejarnos sin respuesta cuando aparece una situación diferente.

Comprender los principios que existen detrás de la técnica permite adaptarla.

De “¿qué hago?” a “¿qué necesito conseguir?”

Existe una diferencia importante entre estas dos preguntas.

El operador puede pensar:

“¿Qué maniobra hago ahora?”

El cirujano debe aprender a preguntarse:

“¿Qué necesito conseguir ahora?”

Quizá necesita crear acceso.

Quizá necesita eliminar una retención ósea.

Quizá necesita separar dos raíces con trayectorias diferentes.

Quizá necesita mejorar la visibilidad.

Quizá necesita obtener movilidad.

Cuando comprendemos el objetivo, podemos elegir entre diferentes maneras de conseguirlo.

La técnica deja de ser una receta y se convierte en una herramienta.

Pensar en principios

A medida que avance esta formación estudiaremos numerosos procedimientos, instrumentos y técnicas.

Pero detrás de ellos aparecerán principios que se repetirán constantemente:

acceso,

visibilidad,

protección de tejidos,

control de la fuerza,

puntos de apoyo,

trayectorias de salida,

conservación ósea,

irrigación,

hemostasia,

y respeto por las estructuras anatómicas.

Las técnicas pueden cambiar con los años.

Los instrumentos pueden evolucionar.

Los principios suelen permanecer.

Por ello, uno de los objetivos de esta formación será aprender las técnicas sin convertirnos en dependientes de ellas.

El instrumento no toma la decisión

Un elevador puede generar una gran cantidad de fuerza.

Una fresa puede eliminar hueso rápidamente.

Un fórceps puede transmitir movimientos importantes al diente.

Pero ninguno de esos instrumentos sabe cuándo debe utilizarse.

El instrumento amplifica la decisión del cirujano.

Una buena decisión puede convertirse en una maniobra precisa.

Una mala decisión también puede amplificarse y convertirse en una complicación.

Por ello, dominar un instrumento no significa únicamente aprender a utilizarlo.

También significa aprender cuándo utilizarlo, para qué utilizarlo y cuándo dejar de utilizarlo.

La experiencia necesita reflexión

Realizar muchas cirugías puede mejorar la habilidad manual, pero la repetición por sí sola no garantiza un mejor criterio.

Podemos repetir durante años una misma maniobra incorrecta y volvernos muy hábiles realizándola.

Para que la experiencia produzca crecimiento debe existir reflexión.

Después de cada caso podemos preguntarnos:

¿Qué había planeado?

¿Qué ocurrió realmente?

¿Qué funcionó?

¿Qué no funcionó?

¿Qué información no interpreté correctamente?

¿En qué momento tuve que cambiar de estrategia?

¿Utilicé más fuerza de la necesaria?

¿Qué haría diferente si mañana tuviera exactamente el mismo caso?

Estas preguntas transforman una cirugía terminada en una oportunidad de aprendizaje.

Construir una biblioteca mental

Con el tiempo, cada cirugía comienza a dejar algo.

Una raíz curva.

Un hueso particularmente denso.

Un paciente con acceso limitado.

Una fractura inesperada.

Una maniobra que funcionó mejor de lo previsto.

Un caso en el que fue correcto detenerse.

Estas experiencias comienzan a formar una biblioteca mental.

Cuando aparece un nuevo caso, el cirujano ya no parte únicamente de lo que aprendió en un libro. Puede comparar la situación actual con experiencias anteriores, reconocer patrones y anticipar posibilidades.

Pero esa biblioteca solo adquiere verdadero valor cuando las experiencias fueron observadas y analizadas conscientemente.

El conocimiento permite explicar nuestras decisiones

Existe una prueba sencilla para saber cuánto comprendemos una técnica:

intentar explicar por qué la estamos realizando.

¿Por qué este colgajo?

¿Por qué retiro hueso aquí y no allá?

¿Por qué elegí este punto de apoyo?

¿Por qué estoy luxando hacia esta dirección?

¿Por qué decidí seccionar?

¿Por qué decidí detenerme?

Si podemos explicar nuestras decisiones utilizando anatomía, biomecánica y principios biológicos, probablemente estamos comenzando a comprender lo que hacemos.

Y esto será especialmente importante para quien algún día quiera enseñar.

Antes de enseñar una técnica, debemos ser capaces de explicar la razón que existe detrás de ella.

De cirujano a maestro

Este último punto tiene un significado especial dentro de esta formación.

Nuestro objetivo no es únicamente adquirir suficiente habilidad para resolver terceros molares.

Queremos alcanzar un nivel de comprensión que permita eventualmente explicar la cirugía de manera sencilla, ordenada y fundamentada a otra persona.

Enseñar obliga a comprender.

Porque cuando un alumno pregunta:

“¿Por qué?”

no basta responder:

“Porque así lo hago yo.”

Debemos poder regresar a la anatomía, la biología, la biomecánica o la evidencia y encontrar una respuesta.

Ese será uno de los niveles más altos de esta formación: no solamente poder ejecutar una decisión, sino poder comprenderla, justificarla y enseñarla.

Reflexión

Al principio de nuestra formación necesitamos técnicas que nos indiquen qué hacer.

Con la experiencia, debemos comenzar a comprender los principios que explican por qué funcionan.

Finalmente, esos principios nos permiten enfrentarnos a situaciones que nunca habíamos visto.

Ese es el momento en que dejamos de depender exclusivamente de lo aprendido y comenzamos verdaderamente a razonar cirugía.

La técnica enseña qué hacer.
La comprensión permite saber por qué hacerlo.
El criterio permite decidir cuándo hacerlo.

Shopping Cart